18 Mayo 2007 Seguir en 
"La idea es que no sean las efemérides las que determinen de qué hablar", dijo Ignacio Copani, al explicar el título de su nuevo disco, "Hoy no es 2 de abril", que presentará esta noche y mañana en la librería El Griego.
Después de darle muchas vueltas al asunto, y de mencionar en varias de sus canciones lo sucedido en la Guerra de Malvinas, ahora se animó a dedicarles una canción a "los chicos viejos", como él llama a los ex combatientes. "En Argentina hay dos clases de dolor, el de primera y el de segunda, el de las provincias y el porteño; y el de Malvinas es de segunda. Sólo recordamos a esa gente el 2 de abril", explicó, al tiempo que recordó que ya hay más ex soldados muertos por suicidio que los que cayeron en la guerra.
En la misma línea de análisis está el otro caballito de batalla de este disco: "María Eva", un tema dedicado a Evita, que es político pero no partidario, según dijo, y que tiene un video que los canales de televisión no quieren pasar.
"Es un desagravio a Evita, porque en la película de Madonna se trata al pueblo argentino como domesticado, que hace lo que le dicen sin preguntar, y no es así. Hay rebeldía, próceres con ideas avanzadas, y reacciones permanentes contra la injusticia", afirmó Copani.
Al hablar de Evita, Copani se emociona y mira hacia adentro. "Es parte de mi identidad... mi vieja fue muy pobre, su padre era un inmigrante picapedrero, y su madre limpiaba casas. Pero ella tuvo su bicicleta, su dignidad, porque también hubo leyes y pudo estudiar, y también sus hijos", explicó.
"¿Quién más me puede odiar? Ya me metí con los milicos, los corruptos, ahora con los jueces...", responde cuando LA GACETA le pregunta si no teme que hablar de Evita le reduzca el espectro de público o le cierre puertas.
Copani tiene un humor muy particular, ácido y certero, y de eso también hay bastante en su nuevo disco. Es un humor vinculado siempre a la crítica, al análisis y a la exposición de los problemas cotidianos. Así, y en su rol de músico independiente, sostiene que hay una peligrosa monopolización de la cultura en Argentina, y lo explica con una metáfora muy clara: "cuando saco un disco, es como tirar una botella al mar, un mensaje, y espero que la gente vaya a la orilla y se moje los pies para agarrarla; pero de repente aparece un trasatlántico como Shakira, y todos lo esperan sentados en la playa...".
"Soy un artista a domicilio, porque no hay soportes de difusión, y es lo que le pasa a la mayoría de los artistas, sobre todo en Buenos Aires; me parece que en el interior no tanto, porque todavía está más humanizado", dijo.
Copani, calificado desde siempre de un cantautor de protesta, tampoco teme quedarse sin temas de los que hablar por apoyar al Gobierno de Néstor Kirchner, porque considera que conflictos habrá siempre, y es eso lo que le da letra. Su apoyo, sin embargo, es crítico, porque hay aspectos de la economía, especialmente, que no lo convencen. "Esta es la mejor propuesta que tenemos, y si se cae, me imagino hacia dónde va a ser, y no quiero encontrar exiliados en Suecia otra vez", dijo.
Después de darle muchas vueltas al asunto, y de mencionar en varias de sus canciones lo sucedido en la Guerra de Malvinas, ahora se animó a dedicarles una canción a "los chicos viejos", como él llama a los ex combatientes. "En Argentina hay dos clases de dolor, el de primera y el de segunda, el de las provincias y el porteño; y el de Malvinas es de segunda. Sólo recordamos a esa gente el 2 de abril", explicó, al tiempo que recordó que ya hay más ex soldados muertos por suicidio que los que cayeron en la guerra.
En la misma línea de análisis está el otro caballito de batalla de este disco: "María Eva", un tema dedicado a Evita, que es político pero no partidario, según dijo, y que tiene un video que los canales de televisión no quieren pasar.
"Es un desagravio a Evita, porque en la película de Madonna se trata al pueblo argentino como domesticado, que hace lo que le dicen sin preguntar, y no es así. Hay rebeldía, próceres con ideas avanzadas, y reacciones permanentes contra la injusticia", afirmó Copani.
Al hablar de Evita, Copani se emociona y mira hacia adentro. "Es parte de mi identidad... mi vieja fue muy pobre, su padre era un inmigrante picapedrero, y su madre limpiaba casas. Pero ella tuvo su bicicleta, su dignidad, porque también hubo leyes y pudo estudiar, y también sus hijos", explicó.
"¿Quién más me puede odiar? Ya me metí con los milicos, los corruptos, ahora con los jueces...", responde cuando LA GACETA le pregunta si no teme que hablar de Evita le reduzca el espectro de público o le cierre puertas.
Copani tiene un humor muy particular, ácido y certero, y de eso también hay bastante en su nuevo disco. Es un humor vinculado siempre a la crítica, al análisis y a la exposición de los problemas cotidianos. Así, y en su rol de músico independiente, sostiene que hay una peligrosa monopolización de la cultura en Argentina, y lo explica con una metáfora muy clara: "cuando saco un disco, es como tirar una botella al mar, un mensaje, y espero que la gente vaya a la orilla y se moje los pies para agarrarla; pero de repente aparece un trasatlántico como Shakira, y todos lo esperan sentados en la playa...".
"Soy un artista a domicilio, porque no hay soportes de difusión, y es lo que le pasa a la mayoría de los artistas, sobre todo en Buenos Aires; me parece que en el interior no tanto, porque todavía está más humanizado", dijo.
Copani, calificado desde siempre de un cantautor de protesta, tampoco teme quedarse sin temas de los que hablar por apoyar al Gobierno de Néstor Kirchner, porque considera que conflictos habrá siempre, y es eso lo que le da letra. Su apoyo, sin embargo, es crítico, porque hay aspectos de la economía, especialmente, que no lo convencen. "Esta es la mejor propuesta que tenemos, y si se cae, me imagino hacia dónde va a ser, y no quiero encontrar exiliados en Suecia otra vez", dijo.







