El síndrome "Miguelito" y la realidad del "pero no"

Por Alvaro José Aurane - Redacción LA GACETA.

17 Mayo 2007
El gobernador demoniza la prensa independiente cuando éesta refleja una realidad que contradice la que él anuncia. Casi como si se tratara de una tira de Quino.

En esa envidiable historieta que es Mafalda, Quino dedicó muchas tiras a los amigos de la niña de tinta. Una de ellas muestra a Miguelito reclinado en un árbol mirando la calle. “A que el próximo auto que pasa es azul”, desafía. Y pasa, evidentemente, un vehículo de otro color; y él, enseguida, lanza un interrogante arrollador. “¿Cómo puede un auto equivocarse tanto?”.
La realidad existe más allá del deseo. Y Miguelito conjuró su frustración transfiriendo su error a un rodado. En el Tucumán de hoy, esa conducta es un síndrome padecido por quienes ejercen el poder. Con nulos efectos humorísticos y severos peligros para la institucionalidad. El Gobierno demoniza la prensa independiente cada vez que ella muestra una realidad distinta de la que él anunció que iba a transitar.
Por ejemplo, al gobernador que repite a diario que esta gestión no roba, le hubiera gustado que no exista la deuda de $ 53 millones que en el Sepapys dejaron prescribir. Pero no. Justo en la semana en que los sanitaristas celebraron su día, LA GACETA reveló que las cuentas de la ex Dipos no están, precisamente, saneadas. Para tratar de refutar esa información, perfectamente documentada, se confundió (por así decirlo) y mezcló la deuda prescripta por inacción estatal con la que fue condonada por ley. Pero no. Son cosas distintas. Frente a ello, la lectura oficial es despotricar contra este medio.
Ya había hecho lo mismo a principios de mes, cuando objetó la cobertura informativa que se dio al inexplicable archivo de la causa contra el secretario coordinador de Municipios y Comunas, Sergio Mansilla, por presunto incumplimiento de sus deberes, dispuesto por el fiscal Guillermo Herrera. Al jefe del Ejecutivo le hubiera gustado que la realidad consistiera en que el funcionario judicial estaba en lo cierto y en que la información hubiera sido maliciosa. Pero no. El ministro fiscal Luis de Mitri reabrió la investigación, apartó de ella a Herrera y se la encargó a otro instructor. Frente a eso, la lectura oficial es que la prensa independiente quiere manipular las sentencias.
Sucede que el Gobierno, en realidad, apuesta a que la gestión que va a pasar por frente de los tucumanos es un ejemplo a emular. Pero no. Pasa Tucumán. Este. No otro. En el Palacio Gubernamental quieren presentarse como los defensores del Poder Judicial. Pero no. Pasa la enmienda de la Constitución, plagada de institutos concebidos para debilitar a la Justicia. Frente a eso, la lectura oficial es que la prensa independiente quiere que se judicialice la reforma.
Al poder político le gustaría presentar la nueva Carta Magna como un aporte a la calidad institucional. Pero no. Pasa la república desequilibrada. A cambio de la cual, hubo que pagar, inexplicablemente, $ 2 millones. Frente a eso, la lectura oficial es que la prensa independiente pone palos en la rueda.
Al Ejecutivo le gustaría que se dijera que se respeta plenamente la división de poderes. Pero no. En 25 de Mayo y San Martín pegan un grito, y en la Comisión de Juicio Político una mayoría automática acata sumisamente, agachando la cabeza y levantando la mano, y frena un planteo contra un fiscal que Alperovich dijo que protege. Frente a eso, la lectura oficial es que la prensa independiente no quiere que les vaya bien a los tucumanos.
“A que esta administración es la más transparente de todas”, proponen en el palacio gubernamental. Pero no. El Tribunal de Cuentas hizo 140 objeciones a la Cuenta de Inversión 2005. No hubo forma contable de hacer cuadrar los números del gasto público del año de los últimos comicios de diputados, previo a la elección de constituyentes de febrero de 2006. Pasa que a los administradores del Estado les gustaría que no fuera tan trágicamente lógico que si el poder central no puede cerrar las cuentas, menos aún pueden hacerlo los gobiernos locales. Pero no. Hay 30 comunas que aún no presentaron (porque no saben cómo “dibujar”) todos los balances de 2006. Al oficialismo le gustaría que no fuera tan inevitable sospechar que a través de las administraciones del interior se desvían dineros públicos para el financiamiento espurio de las campañas. Pero no. LA GACETA reveló la remisión de fondos millonarios a Famaillá, que coincidieron con las internas del PJ de este año, y con la convención reformadora (y deformadora) de 2006. Frente a esto, la lectura oficial es que la prensa independiente inventa cosas.
“A que en 90 días me hacen muchas denuncias”, lanza el gobernador. Pero no. Ya tiene, además de las ya mencionadas, muchas denuncias desde mucho antes. La polenta para los pobres servida como manjar de cerdos. El presunto negociado de Lomas de Tafí, consagrado ya como el Yaciretá tucumano. El empleo casi privado que se da a un jet ejecutivo comprado en calidad de avión sanitario. La instalación de tragamonedas a cambio de un centro de convenciones ficticio. Frente a esto, la lectura oficial es que la prensa independiente sólo refleja lo negativo.
Pero no. Sí se reconocen los avances notorios de esta gestión en materia de salud, educación y obras públicas. En todo caso, lo que no logra responder el oficialismo es por qué el precio de los logros estatales tiene que ser el sacrificio de las instituciones que controlan al Gobierno. La realidad no se reduce a los autos y a sus colores.
A la democracia pavimentadora le encantaría que se aceptara su oneroso trueque. Ese que propone cambiar cordón cuneta por instituciones. Pero no.

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