Control de alcoholemia a los conductores

13 Mayo 2007
Se sabe desde hace mucho tiempo que la mezcla de alcohol con la velocidad puede ser mortal. El consumo de bebidas alcohólicas provoca la disminución del campo visual; perturba el sentido del equilibrio; los movimientos se hacen menos precisos; disminuye la resistencia física; aumenta la fatiga; se dificulta la acomodación de la vista a los cambios de luz; se calcula mal la distancia; disminuyen los reflejos y aumenta el tiempo de reacción. El alcohol produce también efectos psicológicos que hacen que, cuando se conduce, no sólo no se sea consciente de la disminución de las facultades sino que se sienta todo lo contrario. Hay sentimiento de invulnerabilidad; se subestima el riesgo; se tienen sentimientos de impaciencia y agresividad y disminuye la capacidad de atención.
Según los especialistas, los jóvenes consumen bebidas alcohólicas por varios motivos, entre ellos: para sentirse bien y divertirse; para descansar y eliminar el estrés; para escapar de sus problemas; porque les agrada el sabor de las bebidas; para estar más a gusto en reuniones; para desinhibirse; para ser aceptados por el grupo y para emborracharse. Por motivos parecidos también beben los adultos, con la diferencia de que a ellos les cabe aún mayor responsabilidad. De acuerdo con el director provincial de Emergencias del Siprosa, el 70 % de los accidentes de tránsito que provocaron víctimas mortales son producidos por conductores alcoholizados, tomando como base los informes que produce ese organismo. El funcionario dijo que de las 319 salidas de emergencia que abarcan destinos como la capital y el conurbano, y de las 315 asistencias que realiza la base emergentológica ubicada en Concepción, el 70 % corresponde a accidentes de auto en los cuales estuvo involucrado un conductor ebrio. Desde que comenzó 2007, varios accidentes automovilísticos han sido protagonizados por menores. Por otro lado, señaló que Tucumán encabeza la lista de provincias con más muertes por accidentes urbanos. Conforme con las últimas mediciones que realizó la Dirección de Educación Vial de la Municipalidad capitalina, durante el primer trimestre del año pasado, de las 2.000 colisiones registradas con víctimas, el 27 % ocurrió en esquinas semaforizadas.
Por estas razones, es positivo que la Provincia haya decidido poner en marcha un operativo de control de alcoholemia que anticipa penalidades económicas que van desde los $ 600 a los $ 1.200, así como el secuestro del vehículo y la retención del carné de manejo. De acuerdo con lo establecido en la Ley Nacional de Tránsito -a la cual está adherido Tucumán-, los conductores de vehículos particulares pueden tener hasta 0,5 g por litro de sangre; quienes que manejan motos, hasta 0,2 g por litro de sangre, en tanto los choferes de ómnibus, de taxis y de cualquier otro medio de transporte público de pasajeros, así como quienes manejan camiones no pueden tener ni una gota de alcohol en su organismo.
Este control sólo tendrá éxito si se realiza en forma diaria durante un tiempo prolongado, si las sanciones se cumplen rigurosamente y si la sociedad colabora. Un psicoanalista tucumano señaló recientemente que “nuestra sociedad parece preferir la culpa a la responsabilidad. Los así llamados accidentes, que por su condición de previsibles no debieran tener ese nombre, muestran mayor preocupación por la tragedia del resultado que por la contemplación de las causas”. La única manera de revertir este desapego por la vida al cual parecemos ser afectos los tucumanos es asumiendo la responsabilidad ciudadana que nos cabe, tanto desde la comunidad como de los organismos de control gubernamental.

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