13 Mayo 2007 Seguir en 
Los obispos argentinos que se encontrarán con con el papa Benedicto XVI en Brasil llevarán a cuestas la crisis institucional en Santa Cruz y el clima de tensión por la falta de diálogo entre el presidente Néstor Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio, que es visto en la Casa Rosada como líder moral de la oposición. La delegación argentina prevé contrastar esas preocupaciones -y también el ensanchamiento de la brecha social- con sus pares de Latinoamérica, donde los roces entre Iglesia y Gobierno también son moneda corriente. Los choques son, en la mayoría de los casos, por cuestiones bioéticas como la despenalización del aborto, la distribución gratuita de la píldora del día después o el uso del preservativo en campañas para prevenir el sida.
Tampoco faltan las controversias por concepciones ideológicas y hasta políticas, sobre todo por la inclinación a la izquierda o a un “neosocialismo con raíces ateas y marxistas” que la Iglesia dice percibir en la región.
De antemano, los episcopados coinciden en atribuirles atisbos totalitarios a ciertos presidentes y cuestionan las acciones gubernamentales que avasallan la división de poderes, esencia de la democracia. Los obispos argentinos se pronunciaron en este sentido al término de una reciente asamblea plenaria, en la que reclamaron una autonomía “real y auténtica” de los poderes del Estado y exigieron un “verdadero” federalismo. Declaración sobre las elecciones que no mereció ningún comentario por parte del Gobierno.
La tensión se repite en otros países. En México corrieron amenazas de excomunión para quienes legalizaron el aborto. En Bolivia, la Iglesia chocó con Evo Morales por la educación religiosa en las escuelas y el Estado laico. En Chile, Michelle Bachelet fue acusada de “totalitaria” por auspiciar la anticoncepción de emergencia. En Venezuela, Hugo Chávez merece críticas por su idea de instaurar un “nuevo socialismo” a ejemplo de Jesucristo, a quien el mandatario define como “el primer revolucionario”. Mientras que los enfrentamientos tienen vieja data en Cuba, Ecuador aparece hoy como el único aliado, ya que su presidente Rafael Correa -católico confeso- recibe el aplauso eclesiástico por su oposición al aborto. Incluso llegó a decir que sus funcionarios constituían “un ejército preparado” para combatir esa práctica.
La relación con los gobiernos no será, sin embargo, el eje exclusivo ni excluyente de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, que el Papa inaugura este domingo. “Los temas centrales serán la falta de equidad, las agudas diferentes entre ricos y pobres, la injusticia y la exclusión social, y la ausencia de vínculos sociales, comunitarios y familiares que dificultan la transmisión de la fe”, adelantó a DyN el vicepresidente del Episcopado, monseñor Agustín Radrizzani.
El debate episcopal apuntará, además, a revertir la sangría de fieles hacia sectas, nuevos movimientos religiosos e Iglesias evangélicas, cuyo auge es significativo en el “continente de la esperanza”, al decir de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Argentina no tiene datos oficiales sobre la fuga de católicos hacia credos no tradicionales, dado que no se incluye la pregunta sobre la creencia religiosa en los censos, pero sí en Brasil, donde la Iglesia Universal del Reino de Dios experimentó un crecimiento del 681,5% entre 1991 y 2000. En ese mismo período, las demás denominaciones evangélicas crecieron en conjunto el 98,5%, mientras que los católicos aumentaron un 2,5%, muy por debajo del 15,7 de la tasa de crecimiento poblacional de ese país.
Tampoco faltan las controversias por concepciones ideológicas y hasta políticas, sobre todo por la inclinación a la izquierda o a un “neosocialismo con raíces ateas y marxistas” que la Iglesia dice percibir en la región.
De antemano, los episcopados coinciden en atribuirles atisbos totalitarios a ciertos presidentes y cuestionan las acciones gubernamentales que avasallan la división de poderes, esencia de la democracia. Los obispos argentinos se pronunciaron en este sentido al término de una reciente asamblea plenaria, en la que reclamaron una autonomía “real y auténtica” de los poderes del Estado y exigieron un “verdadero” federalismo. Declaración sobre las elecciones que no mereció ningún comentario por parte del Gobierno.
La tensión se repite en otros países. En México corrieron amenazas de excomunión para quienes legalizaron el aborto. En Bolivia, la Iglesia chocó con Evo Morales por la educación religiosa en las escuelas y el Estado laico. En Chile, Michelle Bachelet fue acusada de “totalitaria” por auspiciar la anticoncepción de emergencia. En Venezuela, Hugo Chávez merece críticas por su idea de instaurar un “nuevo socialismo” a ejemplo de Jesucristo, a quien el mandatario define como “el primer revolucionario”. Mientras que los enfrentamientos tienen vieja data en Cuba, Ecuador aparece hoy como el único aliado, ya que su presidente Rafael Correa -católico confeso- recibe el aplauso eclesiástico por su oposición al aborto. Incluso llegó a decir que sus funcionarios constituían “un ejército preparado” para combatir esa práctica.
La relación con los gobiernos no será, sin embargo, el eje exclusivo ni excluyente de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe, que el Papa inaugura este domingo. “Los temas centrales serán la falta de equidad, las agudas diferentes entre ricos y pobres, la injusticia y la exclusión social, y la ausencia de vínculos sociales, comunitarios y familiares que dificultan la transmisión de la fe”, adelantó a DyN el vicepresidente del Episcopado, monseñor Agustín Radrizzani.
El debate episcopal apuntará, además, a revertir la sangría de fieles hacia sectas, nuevos movimientos religiosos e Iglesias evangélicas, cuyo auge es significativo en el “continente de la esperanza”, al decir de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Argentina no tiene datos oficiales sobre la fuga de católicos hacia credos no tradicionales, dado que no se incluye la pregunta sobre la creencia religiosa en los censos, pero sí en Brasil, donde la Iglesia Universal del Reino de Dios experimentó un crecimiento del 681,5% entre 1991 y 2000. En ese mismo período, las demás denominaciones evangélicas crecieron en conjunto el 98,5%, mientras que los católicos aumentaron un 2,5%, muy por debajo del 15,7 de la tasa de crecimiento poblacional de ese país.







