Censura
Para prohibir, se recurre siempre a tres argumentos
El filme "Ultimo tango en París", de Bertolucci, fue visto por muchos argentinos en Brasil, en los tiempos de la "plata dulce".
Los censores siempre tuvieron a mano tres argumentos para prohibir películas. Las llamadas fuertes escenas de violencia o de sexo, o por cuestiones políticas, directamente.
Una de las más recordadas fue la cinta de Bernardo Bertolucci "Ultimo tango en París" (1972), que los argentinos conocimos a fines de esa década pero en las salas de Brasil, en la época del "deme dos", cuando veranear en las costas del Atlántico era muy barato. La popular escena en la que Marlon Brando unta con mantequilla a María Schneider antes de tener relaciones con ella causó revuelo. No sólo no ingresó al país, sino que también fue prohibida en la España de Franco; en Italia permaneció oculta 13 años. "Calígula", de Tinto Brass (1980), con Malcom McDowell y Peter O?Toole, corrió mejor suerte. Cuando se pudo ver en el país, luego de un par de años, las salas se llenaron para asistir a una de las escenas más duras, cuando "Calígula" manosea a uno de sus soldados.
Otras películas que causaron escándalo por el contenido explícito de sus imágenes fueron "Emanuelle" (1974) y "El imperio de los sentidos" (1976). La primera se pudo ver recién a principios de la década del 80, y la segunda, no tuvo otra distribución que la de los cine-clubs.
Esgrimiendo razones políticas, "Zeta" (1968), por ejemplo, de Constantín Costa-Gavras, no se exhibió durante muchos años en varios países de Latinoamérica.
Con las tijeras
Paralelamente, hubo una serie de filmes que, se difundió pero con las famosas tijeras de por medio. Algunas de las protagonizadas por el dúo Armando Bo- Isabel Sarli corrieron esa suerte ("Carne", "Fiebre", "Desnuda en la Arena), por ejemplo. Pero también sufrieron esa situación "Los demonios", del británico Ken Russell, condenada por la Iglesia, donde actuaban Vanessa Redgrave y Oliver Reed. La escena del exorcismo fue mutilada. En "El resplandor", de Stanley Kubrick, fue cortada una larga toma con la imagen de un desnudo femenino frontal.
En "Carrera con el diablo" (1975), con Peter Fonda, directamente se alteró el final para presentar una visión del triunfo del bien sobre el mal.
UN CASO EXTREMO
La violencia en una sociedad no tan futurista
Quizá uno de los casos más extremos fue la película dirigida por Stanley Kubrick, "La naranja mecánica" (1972), sobre una novela de Anthony Burgess, y protagonizada por Malcom McDowell. En la misma Inglaterra, por ejemplo, estuvo vedada, al igual que en numerosos países, como en Argentina, donde se estrenó en la década del 80. La mezcla de violencia y sexo que Kubrick realiza en el filme, en una futurista gran Bretaña, escandalizó por completo no sólo a la crítica, sino a la sociedad en general.
Las mayores diversiones del joven Alex y sus amigos son las violaciones y las peleas, y son estas escenas las que decidieron a los censores de todo el mundo a prohibirla. Pero el liderazgo que Alex asume dentro del grupo no es visto con buenos ojos por sus amigos, que una noche deciden traicionarlo y tenderle una trampa para que lo capture la policía. Una vez en prisión, Alex acepta someterse como conejo de indias a un nuevo método reformatorio, el experimento Ludovico, un tratamiento que exhibe la mayor violencia.
Kubrick mezcló de una manera estremecedora imágenes inolvidables, música sorprendente y lenguaje fascinante utilizado por Alex y sus compañeros. "La naranja mecánica" fue muy controversial en su estreno, pero ganó el premio de Mejor Película y Mejor Director de los críticos de Nueva York al igual que cuatro nominaciones del "Premio de la Academia", incluyendo Mejor Película. Su arte es tal, que todavía nos seduce, nos impacta y nos mantiene cautivos.
ANALISIS
Un conflicto milenario
Por Juan Carlos Di Lullo
El primero de nuestros antepasados que concretó la idea de pintar imágenes en las paredes de una cueva ya debe haber experimentado el conflicto entre lo que le dictaba su voluntad expresiva y lo que las reglas de su sociedad le permitían mostrar. Ya en aquel primer acto creativo, deben haber surgido las mismas diferencias irreconciliables que hoy enfrentan a artistas y censores. Es que el creador es casi por definición un transgresor, alguien que percibe la realidad de una manera diferente y transita un universo propio, y lo expresa según su óptica personal. En este proceso, con frecuencia vulnera códigos inviolables para algunos sectores, los cuales aplican la mayor cuota de poder de que disponen para evitar que esas manifestaciones lleguen al grueso del público.
El cine ha sufrido estas presiones desde siempre, y se ha colocado particularmente en la mira de los censores por su carácter de espectáculo masivo. Como contracara, en más de una oportunidad ha provocado deliberadamente el escándalo con el objeto de disfrutar de un éxito económico alentado por la inevitable publicidad que trae aparejada una disputa por el veto parcial o total sobre un filme.
De todos los costados que tiene este complejo problema, surgen por lo menos dos con efectos agraviantes sobre la obra de arte: uno de ellos es la mutilación de la propuesta a espaldas del creador; y el otro, tal vez más decepcionante, la autocensura que impone sobre su tarea el artista ante una realidad que lo supera.
CUESTIONES RELIGIOSAS
La Iglesia mira con una lupa
Las cintas vinculadas a cuestiones religiosas siempre han sido seguidas con mucha atención. "El crimen del padre Amaro", del mexicano Carlos Carrera, es uno de los más claros y recientes ejemplos. La curia mexicana la desautorizó y presionó en su contra, pero no logró evitar que se constituyera en un taquillazo y que fuera elegida como candidata al Oscar por ese país para la próxima edición.
Pero esa suerte no la tuvo el siempre polémico Jean Luc Godard, uno de los creadores del movimiento francés La Nouvelle Vague. Su filme "Yo te saludo María" (1985), con Juliette Binoche, plantea una versión moderna de la vida de María, y aún no se pudo estrenar comercialmente en Argentina, acusada de blasfemia y herejías.
Otro caso fue "La Ultima Tentación de Cristo", del norteamericano Martín Scorsese, protagonizada por Willem Dafoe, Bárbara Hershey, David Bowie y Harvey Keitel.
La película se estrenó en el Festival de Venecia de 1988, donde despertó reacciones contradictorias.
Reacciones
Pocos después, al momento de su estreno en Francia, un espectador murió a causa de una bomba detonada por fanáticos en una sala de París. Cuando el filme se exhibió en Estados Unidos, la Universal no la promocionó demasiado. De hecho, la sacó de cartelera pronto, con apenas algo más de ocho millones de dólares de recaudación. Acusada de blasfema, la película fue prohibida. Presenta a Jesucristo como el peor de los pecadores, seducido por la posibilidad de abandonar su misión. En la Argentina, si bien no se la prohibió explícitamente, nunca fue estrenada en cines. Tampoco se la exhibió jamás en televisión. En 1996 el canal Space hizo un intento que terminó en la justicia. Muchos argentinos tuvieron que ir a verla en Uruguay.
Una de las más recordadas fue la cinta de Bernardo Bertolucci "Ultimo tango en París" (1972), que los argentinos conocimos a fines de esa década pero en las salas de Brasil, en la época del "deme dos", cuando veranear en las costas del Atlántico era muy barato. La popular escena en la que Marlon Brando unta con mantequilla a María Schneider antes de tener relaciones con ella causó revuelo. No sólo no ingresó al país, sino que también fue prohibida en la España de Franco; en Italia permaneció oculta 13 años. "Calígula", de Tinto Brass (1980), con Malcom McDowell y Peter O?Toole, corrió mejor suerte. Cuando se pudo ver en el país, luego de un par de años, las salas se llenaron para asistir a una de las escenas más duras, cuando "Calígula" manosea a uno de sus soldados.
Otras películas que causaron escándalo por el contenido explícito de sus imágenes fueron "Emanuelle" (1974) y "El imperio de los sentidos" (1976). La primera se pudo ver recién a principios de la década del 80, y la segunda, no tuvo otra distribución que la de los cine-clubs.
Esgrimiendo razones políticas, "Zeta" (1968), por ejemplo, de Constantín Costa-Gavras, no se exhibió durante muchos años en varios países de Latinoamérica.
Con las tijeras
Paralelamente, hubo una serie de filmes que, se difundió pero con las famosas tijeras de por medio. Algunas de las protagonizadas por el dúo Armando Bo- Isabel Sarli corrieron esa suerte ("Carne", "Fiebre", "Desnuda en la Arena), por ejemplo. Pero también sufrieron esa situación "Los demonios", del británico Ken Russell, condenada por la Iglesia, donde actuaban Vanessa Redgrave y Oliver Reed. La escena del exorcismo fue mutilada. En "El resplandor", de Stanley Kubrick, fue cortada una larga toma con la imagen de un desnudo femenino frontal.
En "Carrera con el diablo" (1975), con Peter Fonda, directamente se alteró el final para presentar una visión del triunfo del bien sobre el mal.
La violencia en una sociedad no tan futurista
Quizá uno de los casos más extremos fue la película dirigida por Stanley Kubrick, "La naranja mecánica" (1972), sobre una novela de Anthony Burgess, y protagonizada por Malcom McDowell. En la misma Inglaterra, por ejemplo, estuvo vedada, al igual que en numerosos países, como en Argentina, donde se estrenó en la década del 80. La mezcla de violencia y sexo que Kubrick realiza en el filme, en una futurista gran Bretaña, escandalizó por completo no sólo a la crítica, sino a la sociedad en general.
Las mayores diversiones del joven Alex y sus amigos son las violaciones y las peleas, y son estas escenas las que decidieron a los censores de todo el mundo a prohibirla. Pero el liderazgo que Alex asume dentro del grupo no es visto con buenos ojos por sus amigos, que una noche deciden traicionarlo y tenderle una trampa para que lo capture la policía. Una vez en prisión, Alex acepta someterse como conejo de indias a un nuevo método reformatorio, el experimento Ludovico, un tratamiento que exhibe la mayor violencia.
Kubrick mezcló de una manera estremecedora imágenes inolvidables, música sorprendente y lenguaje fascinante utilizado por Alex y sus compañeros. "La naranja mecánica" fue muy controversial en su estreno, pero ganó el premio de Mejor Película y Mejor Director de los críticos de Nueva York al igual que cuatro nominaciones del "Premio de la Academia", incluyendo Mejor Película. Su arte es tal, que todavía nos seduce, nos impacta y nos mantiene cautivos.
Un conflicto milenario
Por Juan Carlos Di Lullo
El primero de nuestros antepasados que concretó la idea de pintar imágenes en las paredes de una cueva ya debe haber experimentado el conflicto entre lo que le dictaba su voluntad expresiva y lo que las reglas de su sociedad le permitían mostrar. Ya en aquel primer acto creativo, deben haber surgido las mismas diferencias irreconciliables que hoy enfrentan a artistas y censores. Es que el creador es casi por definición un transgresor, alguien que percibe la realidad de una manera diferente y transita un universo propio, y lo expresa según su óptica personal. En este proceso, con frecuencia vulnera códigos inviolables para algunos sectores, los cuales aplican la mayor cuota de poder de que disponen para evitar que esas manifestaciones lleguen al grueso del público.
El cine ha sufrido estas presiones desde siempre, y se ha colocado particularmente en la mira de los censores por su carácter de espectáculo masivo. Como contracara, en más de una oportunidad ha provocado deliberadamente el escándalo con el objeto de disfrutar de un éxito económico alentado por la inevitable publicidad que trae aparejada una disputa por el veto parcial o total sobre un filme.
De todos los costados que tiene este complejo problema, surgen por lo menos dos con efectos agraviantes sobre la obra de arte: uno de ellos es la mutilación de la propuesta a espaldas del creador; y el otro, tal vez más decepcionante, la autocensura que impone sobre su tarea el artista ante una realidad que lo supera.
La Iglesia mira con una lupa
Las cintas vinculadas a cuestiones religiosas siempre han sido seguidas con mucha atención. "El crimen del padre Amaro", del mexicano Carlos Carrera, es uno de los más claros y recientes ejemplos. La curia mexicana la desautorizó y presionó en su contra, pero no logró evitar que se constituyera en un taquillazo y que fuera elegida como candidata al Oscar por ese país para la próxima edición.
Pero esa suerte no la tuvo el siempre polémico Jean Luc Godard, uno de los creadores del movimiento francés La Nouvelle Vague. Su filme "Yo te saludo María" (1985), con Juliette Binoche, plantea una versión moderna de la vida de María, y aún no se pudo estrenar comercialmente en Argentina, acusada de blasfemia y herejías.
Otro caso fue "La Ultima Tentación de Cristo", del norteamericano Martín Scorsese, protagonizada por Willem Dafoe, Bárbara Hershey, David Bowie y Harvey Keitel.
La película se estrenó en el Festival de Venecia de 1988, donde despertó reacciones contradictorias.
Reacciones
Pocos después, al momento de su estreno en Francia, un espectador murió a causa de una bomba detonada por fanáticos en una sala de París. Cuando el filme se exhibió en Estados Unidos, la Universal no la promocionó demasiado. De hecho, la sacó de cartelera pronto, con apenas algo más de ocho millones de dólares de recaudación. Acusada de blasfema, la película fue prohibida. Presenta a Jesucristo como el peor de los pecadores, seducido por la posibilidad de abandonar su misión. En la Argentina, si bien no se la prohibió explícitamente, nunca fue estrenada en cines. Tampoco se la exhibió jamás en televisión. En 1996 el canal Space hizo un intento que terminó en la justicia. Muchos argentinos tuvieron que ir a verla en Uruguay.







