23 Abril 2007 Seguir en 
LA RIOJA. (De nuestro enviado especial, Jorge Figueroa).- Dos dramas y una comedia grotesca marcaron la fría jornada del sábado en la edición de la Fiesta Nacional del Teatro, en la que nuevamente se llenaron las salas.
En primer lugar, el grupo Mineros (de Corrientes) ajustó cuentas con el denso texto de Daniel Veronese "Formas de hablar de las madres de los mineros... mientras esperan que sus hijos salgan a la superficie".Es una obra que ha sido representada prácticamente en todo el país, y que ya pertenece a lo mejor de la dramaturgia nacional desde los años 90 hasta nuestros días.
Luego fue el turno del Círculo de Tiza (San Juan), con "Potestad", de Tato Pavlovsky.
Tanto Veronese como Pavlovsky abordan la cruda realidad, pero mientras el primero retrata la alienación que produce el sistema capitalista en esta obra sobre los mineros, Pavlovsky plantea el drama familiar de una niña que fue separada de sus padres, quienes fueron asesinados por la represión.
Como ya sucedió con "El señor Galíndez", el dramaturgo mira esa realidad, pero desde el lado de los victimarios, desde el lugar del médico que robó a la beba y que la adoptó como su hija.
La puesta que dirigió Juan Carlos Carta no tuvo desperdicio: en un despojado espacio con sólo media docena de sillas como escenografía, los 45 minutos del monólogo de Silvio Guevara mantienen en vilo al espectador, con una atención que no decrece en ningún momento, y con una interpretación excelente de Guevara.
En el caso del texto de Veronese, la obra misma plantea otras complejidades, porque en el núcleo dramático de la pieza, nada es lo que aparenta ser; se trata de aquellos textos en los que si bien pueden advertirse una problemática, los sentidos que provoca se abren a diversas interpretaciones.
El histrionismo de los actores Gustavo Benítez y Víctor Cardozo condice con el planteo de unos personajes que habitan otros mundos extraños; sus conductas exaltadas están siempre al límite, al borde.
Y al concluir la noche vino el plato fuerte, con "La china", de Sergio Bizzio y Daniel Guebel, una puesta que fue largamente aplaudida por el público, pero que no dejó de plantear serios debates en torno del machismo y de la homofobia que se destila; claro, siempre desde el humor.
Que la obra hace reír, nadie lo duda; que los actores Martín Kasem y Javier Cassini convencieron en sus roles, menos.
"La china" es una mezcla de "Esperando a Godot", con claras citas kitsch de letras de canciones de Sandro y Palito Ortega, y referencias al "Hamlet" de William Shakespeare; y para rematarla, hablada al estilo del personaje Inodoro Pereyra, de Roberto Fontanarrosa.
En primer lugar, el grupo Mineros (de Corrientes) ajustó cuentas con el denso texto de Daniel Veronese "Formas de hablar de las madres de los mineros... mientras esperan que sus hijos salgan a la superficie".Es una obra que ha sido representada prácticamente en todo el país, y que ya pertenece a lo mejor de la dramaturgia nacional desde los años 90 hasta nuestros días.
Luego fue el turno del Círculo de Tiza (San Juan), con "Potestad", de Tato Pavlovsky.
Tanto Veronese como Pavlovsky abordan la cruda realidad, pero mientras el primero retrata la alienación que produce el sistema capitalista en esta obra sobre los mineros, Pavlovsky plantea el drama familiar de una niña que fue separada de sus padres, quienes fueron asesinados por la represión.
Como ya sucedió con "El señor Galíndez", el dramaturgo mira esa realidad, pero desde el lado de los victimarios, desde el lugar del médico que robó a la beba y que la adoptó como su hija.
La puesta que dirigió Juan Carlos Carta no tuvo desperdicio: en un despojado espacio con sólo media docena de sillas como escenografía, los 45 minutos del monólogo de Silvio Guevara mantienen en vilo al espectador, con una atención que no decrece en ningún momento, y con una interpretación excelente de Guevara.
En el caso del texto de Veronese, la obra misma plantea otras complejidades, porque en el núcleo dramático de la pieza, nada es lo que aparenta ser; se trata de aquellos textos en los que si bien pueden advertirse una problemática, los sentidos que provoca se abren a diversas interpretaciones.
El histrionismo de los actores Gustavo Benítez y Víctor Cardozo condice con el planteo de unos personajes que habitan otros mundos extraños; sus conductas exaltadas están siempre al límite, al borde.
Y al concluir la noche vino el plato fuerte, con "La china", de Sergio Bizzio y Daniel Guebel, una puesta que fue largamente aplaudida por el público, pero que no dejó de plantear serios debates en torno del machismo y de la homofobia que se destila; claro, siempre desde el humor.
Que la obra hace reír, nadie lo duda; que los actores Martín Kasem y Javier Cassini convencieron en sus roles, menos.
"La china" es una mezcla de "Esperando a Godot", con claras citas kitsch de letras de canciones de Sandro y Palito Ortega, y referencias al "Hamlet" de William Shakespeare; y para rematarla, hablada al estilo del personaje Inodoro Pereyra, de Roberto Fontanarrosa.







