Se aclaró un confuso caso de falsificación

Sergio Albertus habría confesado, ante sus compañeros, que falsificó la firma del secretario del Juzgado de Instrucción I en dos oportunidades.

23 Octubre 2002
El caso de la adulteración de firmas en el Juzgado de Instrucción I, en el cual se permitía a particulares retirar motos robadas, habría quedado aclarado con la confesión de un empleado, admitiendo que falsificó la rúbrica del secretario Ricardo Alderete.
Sergio Albertus habría confesado ante sus compañeros y al propio Alderete que falsificó la firma del funcionario en dos oportunidades, aunque habría dicho que no lo hizo por dinero. Sin embargo, no supo explicar las razones de sus actos.
La semana pasada, Alderete quedó en el ojo de la tormenta cuando se supo que dos motos robadas habían sido retiradas de la Dirección de Investigaciones, a pesar de que tenían casi todos sus números de fabricación adulterados y que los supuestos propietarios no habían presentado la documentación que acreditara esa condición.

Una causa penal
El fiscal Héctor Abraham Musi, según trascendió, le tomó ya declaración a Albertus. El empleado deberá esperar ahora a que la Corte le aplique alguna sanción, mientras que podría enfrentar una causa penal por falsificar la firma de su jefe.
El viernes pasado, Alderete convocó a todo el personal a su cargo a una reunión, en la que planteó la posibilidad de que el culpable confiese para dar por cerrada la confusa situación generada en el juzgado, que lo ponía a él al borde del escándolo. En ese contexto, Albertus habría narrado con lujo de detalle lo que hizo. El empleado es muy querido por sus compañeros, quienes se vieron sorprendidos por la confesión.

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