Actividades que ayudan a los parkinsonianos

Para evitar el aislamiento aconsejan crear grupos de apoyo social. Es fundamental reforzar la integración y el sentido de pertenencia.

14 Junio 2006
Elmal de Parkinson es una enfermedad neurológica, progresiva y crónica. Afecta primordialmente a personas a comienzos de la tercera edad. Es importante considerar este factor ya que, cuanto más avanzado se esté en el ciclo vital, mayor es la probabilidad de pérdida natural de contactos y el empobrecimiento de la red social. Además, esta enfermedad produce un estigma social por lo que es fundamental reforzar la integración y el sentido de pertenencia.  
Factores externos como el entorno social, entonces, agravarían la situación o los síntomas de quienes padecen el mal de Parkinson. Es muy normal que a partir de sus desmejoras en la movilidad y la imposibilidad de mantener su autonomía para trasladarse, a los enfermos de Parkinson se les restrinjan sus oportunidades de inserción social.
Cuando los dejan de invitar a reuniones o fiestas, o los marginan en el trabajo, generalmente, el curso de su mal no tiene buen derrotero. Es que, además de tener que sobrellevar la enfermedad con sus complicaciones, se sienten disminuidos o discriminados socialmente.
“Ante la vulnerabilidad física y emocional por la presencia de la enfermedad, hay mayor dependencia del entorno. Especialmente, buscan buen trato, tolerancia  y comprensión por parte de  las personas que lo rodean o del ambiente social en general”, explica Cristina Pecci, licenciada en Sociología y doctora en Psicología, coordinadora de las actividades complementarias al tratamiento médico en el programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas José de San Martín de Buenos Aires.

Ejercitar habilidades
La creación de grupos de apoyo social para personas con enfermedad de Parkinson constituye un mecanismo de socialización y promoción de bienestar. En el hospital, como parte de la visión de un tratamiento integrador, además de las terapias tradicionales, se  promueve un grupo de apoyo social entre pares. “Allí se realizan actividades para ejercitar habilidades existentes y aprender otras nuevas, siempre orientadas a contrarrestar las limitaciones relacionadas con la enfermedad”, aclara Pecci.
Desde esta perspectiva, su principal función es proveer apoyo emocional positivo como sostén a la rehabilitación clínica y psicosocial.  En él favorece el aprendizaje de estrategias que sirvan para comprender y manejar mejor las limitaciones relacionadas con la enfermedad. Asimismo, se trabaja para sostener el proceso de adaptación, el refuerzo de conductas saludables, promover la mejora en la relación médico-paciente y la adherencia adecuada al tratamiento.
“Las personas se reúnen una vez por semana, hacen gimnasia, yoga para aprender y ejercitar una mejor manera de respirar, relajarse, concentrarse y recuperar la confianza y, de esta manera, poder manejar su cuerpo. También se trabaja con instrumentos musicales y coreografía de tango –explica la psicóloga–. En el grupo se estudia qué percepción tienen cada uno que concurre,  para mejorara su bienestar, en relación con la enfermedad de Parkinson.”






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