El crimen de la guerra

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

03 Octubre 2004
Ante el drama que vive Medio Oriente nos remitimos a una de las obras fundamentales de nuestro ilustre pensador, el tucumano Juan Bautista Alberdi, "El crimen de la guerra", alegato jurídico en favor de la paz y de la justicia en el mundo, en donde estructura normas de convivencia internacional, encuadra la guerra dentro del Derecho Penal Internacional y la califica como "derecho criminal de las naciones".
La guerra actual, ocurrida por la invasión a Irak a partir del 20 de marzo de 2003, nos lleva a diferenciar entre guerra "justa" y guerra "injusta". Alberdi decía que "guerra justa, envuelve un contrasentido salvaje; es lo mismo que decir crimen justo, crimen santo, crimen legal". "Es la injusticia misma". Señala que "la guerra puede ser considerada como un crimen si es hecha en violación del derecho", pero admite que es "un derecho por excepción rarísima".
La invasión de Kuwait por Irak, el 2 de agosto de 1990, por un Irak agresor que violó la paz y la seguridad internacionales, atacando y anexando por la fuerza a un país vecino, provocó la reacción internacional que dio lugar a una Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1990. Esta autorizó la intervención armada para la liberación de Kuwait, para lo que actuó una fuerza multinacional hasta el 12 de abril de 1991, cuando Irak aceptó las imposiciones de las Naciones Unidas emanadas de aquella Resolución y se restableció la existencia de Kuwait. Fue el caso de una guerra justa, llevada a cabo con acuerdo y mandato de la comunidad internacional ante la agresión arbitraria y al solo efecto de invalidar la anexión de Kuwait y restablecer su soberanía, independencia e integridad territorial.
George Bush, padre del actual presidente, juntamente con Brent Scowcroft publicó el libro "A World Transformed" (Alfred A. Knoff-New York), en 1998, época en que el partido republicano -con los dirigentes que hoy acompañan a Bush hijo- daba los toques finales a su plataforma de política exterior que en enero de 2000 hizo pública Condoleezza Rice ("Promoting the National Interest", en "Foreign Affairs", enero-febrero 2000), en la que se señalaba enfáticamente el objetivo de destituir a Saddam Hussein.
En el libro, verdaderas "Memorias" de George Bush, este da cuenta de que al decidir en última instancia, en su calidad de presidente y comandante en Jefe de las fuerzas norteamericanas, sobre las acciones militares en Irak, "creía firmemente que no debíamos marchar sobre Bagdad. Nuestra establecida misión, conforme estaba fijada por las resoluciones de las Naciones Unidas, era simple -poner fin a la agresión, expulsar de Kuwait a las fuerzas de Irak y el regreso a Kuwait de su Gobierno-. El ocupar Irak hubiera hecho pedazos nuestra coalición, predisponiendo a todo el mundo árabe en contra nuestra y convertir a un tirano aniquilado en un héroe árabe. Nos hubiera apartado de la autorización acordada conforme al Derecho Internacional por las resoluciones del Consejo de Seguridad, enviando a jóvenes soldados a una cacería infructuosa de un bien oculto dictador y condenándolos a pelear en lo que hubiera sido una invencible guerra de guerrilla urbana. Sólo podría sumergir a esa parte del mundo en una aún mayor inestabilidad y destruir la credibilidad que tan duramente trabajamos para restablecer".
Conocer la explicación del ex presidente Bush es necesario pues hay quienes, no obstante la actual tragedia en Medio Oriente, todavía consideran que fue un error que EE.UU. no haya aprovechado la oportunidad de contar con un mandato de Naciones Unidas, tener in situ más del triple de los efectivos que hoy tiene en Irak y el apoyo de fuerzas multilaterales, inclusive árabes y dos barcos argentinos, para avanzar sobre Bagdad y destituir a Saddam Hussein, y pretenden justificar la guerra actual como la realización de los deberes inconclusos en esa oportunidad.
Bush padre tenía razón; los malhadados hechos del presente internacional en Medio Oriente lo demuestran.
George W. Bush inició un nuevo tipo de guerra, la "guerra preventiva", de agresión, de actuar antes de tener pruebas del peligro; se autodefinió "el presidente de la guerra" y declaró el ataque sin fin y en cualquier lugar del mundo contra el terrorismo, aunque omitió el estudio de sus causas. Peligroso precedente el de la guerra preventiva. Como consecuencia del espantoso acto de terrorismo en Beslan, ya Rusia anunció: "tomaremos todas las medidas, incluso ataques preventivos, para liquidar las bases terroristas en cualquier lugar del mundo". Pero se hizo una aclaración: "esto no significa que usaremos armas nucleares". En cambio George W. Bush anunció el desarrollo de nuevas armas nucleares para combatir el terrorismo, dirigidas a perforar el suelo, el "Robust Nuclear Earth Penetrator", que provocaría mayor destrucción y muerte. Como no pudo lograr el mandato de las Naciones Unidas, armó una coalición de gobiernos serviles y lanzó una guerra injusta contra Irak, engañando a su propia ciudadanía y a la comunidad internacional al tratar de justificar su violación de la paz y de la seguridad internacionales afirmando que Irak contaba con armas de destrucción masiva y la existencia de conexiones entre Saddam Hussein y Bin Laden en relación con el ataque a las Torres Gemelas, o sea contra EE.UU. Estas falsedades fueron probadas por informes del Congreso de EE.UU., de la Comisión Bipartidaria de Inteligencia del Senado y del M-16, el servicio secreto británico.
Es tomado prisionero el tirano Hussein y se lleva a cabo la ocupación del país, y con ella, su rechazo y la resistencia armada. La guerra aumentó el peligro, el gasto y la incertidumbre internacional. Es un holocausto cuyo fin no se prevé y ha provocado la muerte, hasta ahora, de aproximadamente 23.000 iraquíes, la mayoría civiles; de más de 1.000 soldados estadounidenses, muchas más bajas extranjeras e infinidad de heridos y mutilados. El ex jefe de las fuerzas norteamericanas en Irak, general Ricardo Sánchez, declaró: "Jamás pensamos que nuestros soldados iban a tener que seguir combatiendo después de la toma de Bagdad", lo que prueba la falta de conocimiento y previsión para la aventura iniciada.La guerra de agresión transformó a Irak; de ser un país con los desgraciados males de una dictadura, pasó a ser un territorio fuente de terrorismo internacional.
George W. Bush eludió en el Cercano Oriente el "softpower" o política de convencer, no imponer. Ello por medio de acciones constructivas como mantener la paz y la seguridad internacionales; negociar; afirmar el imperio de la ley y el respeto a la diversidad cultural y religiosa; la preservación del ambiente; la reducción de la pobreza, facilitando la creación de trabajo y con ello el cuidado de la salud y la atención de la educación. Todo ello, sumado a un buen ejemplo, es el único camino a la democracia, que jamás se impone por la fuerza, como tampoco el pretendido mejor modo de vida propio, sino por el modelo y el resultado de las bondades de una vida más satisfactoria, ajustada al derecho y a la moral, único medio para el lento logro de la democracia.
El gasto en armas en el mundo excede de U$S 1.000.000 de millones anuales, más de la mitad de los cuales corresponden a EE.UU.. Irak, Afganistán y Palestina son campos de prueba de armas. No hay relación entre este gasto y la pobre ayuda internacional para el desarrollo, contra el hambre, para agua potable, la atención de la salud, la educación.
Los efectos de la guerra contra Irak y otros pueblos de Oriente Medio son más trascendentes que la guerra de Vietnam, un solo país, en donde Robert McNamara dice que murieron 3.400.000 vietnamitas. Afectan la moral internacional -guerra preventiva, asesinatos selectivos; el orden jurídico; el multilateralismo; el islamismo y el mundo árabe.
Existe un gobierno títere en Irak, designado por la coalición, constituido por ex opositores de Saddam Hussein, exiliados que durante años fueron mantenidos por EE.UU.. Función principal de este gobierno, extremadamente difícil, será tratar de armonizar el conflicto interno entre ex partidarios de Saddam Hussein, chiítas, sunnistas y kurdos, ante la atención interesada y vigilante de Irán y de Turquía. Sin olvidarse de los ingentes intereses extranjeros por el petróleo y la reconstrucción de Irak; esta última debería ser pagada por quienes lo destruyeron.
Papel muy importante le toca al elector norteamericano, que deberá elegir a su nuevo presidente; este tendrá que enfrentar, entre otros muchos importantes problemas, la guerra en Medio Oriente. Esperamos que, junto con las grandes potencias y con las Naciones Unidas, se modele un nuevo orden internacional. (c) LA GACETA

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