Que la vida no sea en vano

Que la vida no sea en vano

Por Jorgelina López Frascara

28 Septiembre 2003
Los lectores de LA GACETA Literaria estamos habituados al rigor intelectual, a la profundidad en el análisis y a la visión alternativa que se desprenden de los comentarios bibliográficos de Gustavo Bernstein. Además de crítico literario, Bernstein es arquitecto, periodista, ensayista y cineasta, profesiones que se conjugan armónicamente en la más injustificable, la más loable, de sus vocaciones: la de poeta. Estos ejercicios de fe aglutinan a escritores, personajes literarios, actores, artistas, filósofos y sucesos de la vida cotidiana.
Cada poema, en general breve y vital, contundente y ácido, es la punta de un enorme iceberg cuya configuración debe rastrear el lector. Pletóricos de connotaciones, los versos nos incitan a reconstruir las premisas de un silogismo poético cuya conclusión nos ofrece Bernstein; conclusión siempre reveladora. Daniel Freidemberg sostiene en la contratapa que quizás los poemas de Bernstein estén sostenidos por una plegaria secreta: que la vida no sea en vano. Otra plegaria, la que constituye el primer poema del libro, nos invita a la lectura y nos brinda una dosis inicial del fervor poético que recorre toda la obra: "Sólo te pido una palabra/ una semilla/ un arrullo germinal./ He arado el papel/ con el celo de un devoto./ No he declinado/ mi ejercicio de fe./ Te lo ruego./ Elige mi huerta esta noche". (c) LA GACETA

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