Los dilemas de la ciencia, en "Copenhague"

A pesar del calor del fin de semana, los tucumanos que concurrieron a la puesta -dirigida por Carlos Gandolfo- respiraron aire fresco.

Una obra exquisita y excelentes actores es la combinación ideal para un teatro que provoque una verdadera experiencia estética, y revalorice su condición de entretenimiento, placer y reflexión. A pesar del calor del fin de semana, los tucumanos que concurrieron al Centro Cultural respiraron aire fresco.
Hay tantas definiciones sobre la vida en la obra "Copenhague", que señalar que se trata de un texto lúcido del dramaturgo inglés Michel Frayn parece un tanto obvio. No es frecuente que una pieza tan importante e impactante pueda ser vista por los espectadores tucumanos. Si en un principio se cree que está en juego un debate científico, con el correr de los minutos se cae en la cuenta que este se ve rápidamente desbordado por conflictos éticos y políticos.
Desde la primera definición de matemáticas, encarada desde la filosofía, el maestro Niels Bohr y su discípulo Werner Heisenberg se pasan debatiendo sobre la mecánica cuántica y la fisión, para derivar reiteradamente en la cuestión ética y política de la fabricación de la bomba atómica.
El actor Alberto Segado no sólo es el científico alemán Heisenberg, sino también un narrador que, magistralmente, cuenta al público sus encuentros con su maestro, y cruza los tiempos con una claridad y un misterio realmente atrapantes. Segada se pasea por el pasado, el presente y el futuro, que aparecen indivisibles, como en la propia ciencia. Reiteradamente pregunta y se pregunta "a qué vine a Copenhague en 1941". El interrogante dispara la trama de la obra, porque es también lo que se preguntan Juan Carlos Gené (Bohr) y su esposa, Alicia Berdaxagar. "No soy uno, sino la mitad de dos", responde Gené cuando Segado consulta sobre cómo hicieron para mantener la pareja tanto tiempo.
Los diálogos tan ricos no se merecían sino actores profesionales que llevan adelante una interpretación tan convincente como ajustada Finalmente, una despojada escenografía hace de la puesta dirigida por Carlos Gandolfo una de las mejores obras que se vieron en la ciudad.

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