En Simoca, los cuatreros han puesto en jaque tanto a vecinos como a productores

Las familias humildes son las más afectadas. Vacas, cerdos, cabras y hasta gallinas conforman el botín diario de los que salen a robar.

EN CUSTODIA. El encargado José Luis Gramajo dice que la gente ahora vive más del robo que del trabajo.
EN CUSTODIA. El encargado José Luis Gramajo dice que la gente ahora vive más del robo que del trabajo.
14 Octubre 2002
CONCEPCION.- En el departamento Simoca hay más de una decena de comunidades instaladas a la orilla de la ruta nacional 157 que, hasta no hace mucho tiempo, vivían de la crianza de distintos animales.
El ganado vacuno, principalmente, inundaba la zona y constituía el motor de la economía local. Los vecinos también disponían de mulas, caballos, cabras, cerdos, pollos, pavos y gallinas. "Aquí nadie sufría de hambre, porque recursos para alimentarse sobraban. Pero hoy en día la gente se está quedando sin nada", dijo el comerciante Isaac Chalub, de Monteagudo.

Al acecho
La época de bonanza se extinguió de la mano de cuatreros y de otros ladrones que saquean esas poblaciones. El hurto de ganado mayor, según se estima, dejó al borde de la quiebra a más de una veintena de ganaderos entre Simoca y La Madrid. Don Federico Austerliz es una de las víctimas que, aseguró, viene padeciendo en el último quinquenio la sustracción de 100 vacunos por año. "No me van a doblegar, pero es necesario que el Gobierno refuerce la seguridad. Hay gente que actúa con total impunidad", sostuvo. Los más afectados por el flagelo son las familias humildes que, al quedarse sin vacas, cabras y cerdos, ahora ven desaparecer a diario sus gallinas y pollos. "En realidad, en la actualidad te roban lo que encuentran. Hay una vecina, por ejemplo, que se compró una docena de huevos para que empolle su gallina, pero al otro día el nido estaba sin nada", comentó el vecino Lucas Juárez. El subcomisario Lucio Rolando González se hizo cargo días atrás de la comisaría de Monteagudo. Admitió que el delito que más azota la zona es el hurto de vacunos, mulas y cabras. "Este problema quebró el sistema normal de vida y aunque siempre se practican detenciones, ese delito es excarcelable. El ladrón recupera la libertad y vuelve a sus andanzas", dijo.

Limitaciones
La falta de personal, de móviles y de otros recursos también conspira contra un eficiente despliegue de seguridad. En la comisaría de Monteagudo se desempeñan cuatro efectivos por guardia, quienes cuentan con una camioneta en precarias condiciones.
Pese a que el radio de acción de esta dependencia es extenso, y con caminos en deplorable situación, últimamente recibe 10 litros de combustible por día. La Patrulla Rural, creada en la época del ex gobernador Antonio Domingo Bussi, refuerza la tarea de seguridad en el departamento Simoca, pero en un marco de limitaciones de recursos. Dispone de una Land Rover 4x4 que, con frecuencia, tiene problemas mecánicos. "La gente ahora vive más del robo que del trabajo. Y sucede que cuando uno va a la comisaría a denunciar un robo, te piden testigos", sostuvo José Luis Gramajo, encargado de una finca de Monteagudo. (C)

El abuelo que hace huir a los ladrones

CONCEPCION.- Don Isidoro del Río tiene 84 años y es un campesino de Los Trejo que, merced a que es un diestro "rastreador", logró alejar de su finca a los ladrones que acechaban permanentemente sus animales.
Hace 2 años fue la última vez que sufrió la sustracción de una ternera. No apeló a la Policía para recuperar el animal, sino a su propio oficio de "rastreador". Advertido de la pérdida, salió temprano con su sobrino en busca de la ternera, siguiendo los rastros dejados por esta y por los ladrones. "Anduvimos todo un día hasta que finalmente, casi al anochecer, la encontramos atada a un poste. La liberé y la traje de vuelta a casa. En el lugar no apareció nadie, porque seguro que los tipos estaban escondidos. De ahí en más nunca nadie tomó lo mío", comentó don Isidoro. "Aquí hay que valerse de uno mismo, porque en la Policía se pierde el tiempo. Uno tiene que agarrarse a lo suyo con uñas y dientes. En este lugar nos conocemos todos y cuando un animal se pierde, uno más o menos sabe quién lo tomó. Nací aquí, vivo entre los animales y conozco bien mi oficio", añadió el hombre.
"El que pierde sus crías es porque no las cuidó bien. O porque puso a cuidarlas a otro ladrón. Como se dice aquí, ponen al zorro a cuidar las gallinas", sostuvo Del Río. "A mis animales los tengo bien identificados. Amanece y con sólo pegarle una mirada al corral ya sé si me falta alguno. No los cuento, porque sólo a la plata hay que contarla. Si tengo que andar días rastreando, lo hago. Y fíjese que nunca fallo", se ufanó don Isidoro.
El campesino confesó que tiene varios amigos que se quedaron casi sin animales en la zona. "Da mucha bronca ver cómo gente que se sacrificó toda la vida para tener su ganado, los malvivientes lo terminan diezmando. El pobre ya no sabe qué hacer", comentó. (C)

"Los malvivientes están muy bien organizados"

"Es muy difícil de precisar, pero estamos casi seguros de que al menos el 50% de los ganaderos se ve afectado por el cuatrerismo. No es fácil hablar por la diversidad de las víctimas, pero conozco vecinos a los que les han robado hasta 20 vacas, o sea todo lo que tenían". De esta forma, el director del INTA Leales, el ingeniero Héctor Pérez, se refirió a los estragos que causa, en esa zona, el cuatrerismo.
Pérez no tuvo inconvenientes en afirmar: "aquí nadie controla lo que pasa. Los delincuentes rompen los alambres, sacan los animales, se los llevan, y después los carnean en cualquier parte. El negocio sigue con la venta de la carne en locales que en su mayoría no están autorizados". "Casi todos roban novillos, y uno ve, cuando pasa, que cada vez hay menos animales", indicó Pérez, a quien muchos de los ganaderos le van a denunciar las penurias que pasan con estos delincuentes. "Estoy seguro de que hay mucha gente que sabe cuando compra carne obtenida ilegalmente. Estos ladrones carnean los animales debajo de un árbol, sin las mínimas medidas de seguridad. Para peor, a veces hasta venden carne de mula y hasta de caballo, y la gente igual la consume", indicó el ingeniero.

Grandes estructuras
Pérez explicó que en la zona -como en toda la provincia- los cuatreros están perfectamente organizados. "Ellos hacen su trabajo -robar las vacas- utilizando herramientas y armas, y después se las venden a los matarifes ilegales, que siempre les compran. Trabajan especialmente de noche, después de haber elegido a la víctima. Caminan por sendas previamente delimitadas y saben hasta cómo borrar sus huellas. El circuito está perfectamente aceitado", aseguró.
Hay muchas entidades que deberían poder controlar este delito, pero la situación los supera. "Acá no solamente debería intervenir la Policía, sino que además tienen responsabilidad Rentas, la Secretaría de Agricultura, las municipalidades y hasta Bromatología de la provincia", afirmó Pérez. El ingeniero pidió que haya una concientización del daño que se está causando a todos quienes viven de los animales. "Hay vecinos a quienes si les roban la única vaca que tienen, no podrán salir adelante nunca más. Debería haber una política más específica sobre el tema, una mayor preocupación de las autoridades. Esto tiene que tener un límite, o si no los cuatreros van a ganar la batalla, sin que nadie se les oponga", aseguró.

Quejas por la falta de control policial

Agustín Marrade no duda. "Si veo a alguno robando mis animales, le meto un tiro". El vecino de Leales ya sufrió en carne propia el accionar de los cuatreros, y por eso sabe lo que cuesta volver a levantarse cada vez que los ladrones se meten en sus propiedades.
En Leales, son pocos quienes han logrado evitar los atracos. Alberto Ramón Parra aseguró que sufre ataques de cuatreros desde hace 40 años en forma sistemática. "Este delito es una endemia en la zona", afirmó. Parra explicó que en su caso se faena el animal, previo corte de los alambres perimetrales, ya sea en el propio cerco o en un camino vecinal. "Ni la Policía ni otro organismo del Gobierno provincial controlan este tráfico ilegal de carne vacuna", aseguró.
Josefa Ramona Brito es otra vecina que tuvo suerte. "Me robaron una vaca, pero parece que no la habían agarrado bien, porque a la mañana, cuando me desperté, vi que venía caminando por la ruta. Menos mal, porque era la única que tenía. Ahora pusimos reflectores, y las vacas están cerca de la casa", relató.
Pedro Gutiérrez tuvo que comenzar todo de nuevo. "Me dejaron sin nada. Tenía cinco vacas, y en dos meses me las robaron. La Policía tampoco hizo nada para ayudarme a recuperar lo que era mío. Lo peor es que aquí todo el mundo sabe quiénes son los cuatreros, pero los cuidan y no les hacen nada", dijo.
Casi todos los consultados aceptaron que en sus casas tienen armas para defenderse de los ladrones, pero aseguran que los cuatreros trabajan tan bien que encontrarlos en el momento justo en que están robando los animales, es casi una misión imposible.

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