08 Abril 2007 Seguir en 
Cuando las agujas del reloj marcan las 4.30, el Gran San Miguel de Tucumán toma un ritmo frenético. Los jóvenes comienzan un largo recorrido para seguir divirtiéndose hasta que el sol aparezca en el horizonte. Concurrir a un after (fiestas después de hora) era una aventura, pero,con el correr de los meses, se transformó en una costumbre ir a estas reuniones para continuar bailando y consumiendo alcohol. Los chicos se burlan de la ley que fue creada para obligarlos a regresar más temprano a sus hogares. Esta sería una herramienta para bajar los índices de inseguridad.
El Estado aún no reconoce que la situación se le escapó de las manos. Los jóvenes se las ingenian para burlar los controles. Para colmo, cuentan con la colaboración de personas que están dispuestas a hacer dinero violando normas, ya sea organizando fiestas en lugares inseguros o vendiendo bebidas de manera ilegal.
Es hora de que se debata qué hacer para que la noche tucumana no se transforme en una amenaza para aquellos que quieran divertirse. Empresarios, funcionarios del Gobierno, especialistas en seguridad y hasta los mismos jóvenes deben sentarse para tratar de encontrar una solución al problema.









