08 Abril 2007 Seguir en 
“Vamos a pedir que las leyes sean más duras para acabar con estas irregularidades”, aseguró el jefe de Policía, comisario Hugo Sánchez.
El titular de la fuerza señaló que para el personal es un verdadero problema controlar las fiestas clandestinas que se desarrollan en distintas zonas; especialmente, en el ámbito del Gran San Miguel de Tucumán. En una charla que mantuvo con LA GACETA, Sánchez dio a conocer su opinión sobre el tema.
- ¿Las nuevas costumbres complican la tarea que deben desarrollar?
- Por supuesto que la tarea sería mucho más sencilla si los centros nocturnos de diversión estuvieran en un mismo lugar. No sólo lucharíamos contra los desórdenes, sino que, además, sería mucho más fácil detectar a los conductores que manejen alcoholizados.
- ¿Cómo se puede concretar esa idea?
- La iniciativa debe surgir de los mismos empresarios; no del jefe de Policía ni del Gobierno, según mi modesto entender.
- ¿Qué opina de la ley de las 4 de la mañana?
- Para mí fue una solución importante porque ya no se ve jóvenes alcoholizados en todos lados. En otros tiempos, debíamos llevar chicas a sus casas en los patrulleros porque no podían caminar y estaban solas deambulando en las calles.
- Sin embargo, se registraron varios crímenes...
- Pero son los resultados de disputas que se producen en las periferias. Son las consecuencias de beberajes interminables.
- Ahora está de moda reunirse en casas después de las 4 para seguir bebiendo...
- Esa es una responsabilidad de los propietarios de las viviendas donde se realizan esas reuniones. Los padres deben prestar mayor atención a lo que hacen sus hijos. No podemos estar en cada casa viendo que no ocurra nada malo.
- ¿Y las fiestas clandestinas?
- En este tema me gustaría ser muy claro. Los organizadores son personas a las que no les importa absolutamente nada. Sólo buscan cobrar una entrada y vender bebidas alcohólicas. Reúnen en un galpón o en una casa a entre 200 y 300 personas. No brindan ningún tipo de seguridad para los asistentes y tampoco pagan impuestos.
- ¿Cómo se combate esta tendencia?
- El IPLA está realizando una incansable tarea de control. Ellos son los responsables de luchar contra esa costumbre. Colaboramos con ellos asignándoles por lo menos 40 efectivos por noche. Y, en caso de que sea necesario, no dudaremos en designar 100 hombres.
- ¿Qué otra herramienta sería útil para revertir esta tendencia?
- Estoy conversando con los asesores legales para ver qué se puede hacer. Creo que el camino correcto sería que se nos permitiera secuestrar los equipos de música y las bebidas que venden esas fiestas. La pérdida económica será mucho más importante que una simple clausura en caso de que se desarrolle en un local.
El titular de la fuerza señaló que para el personal es un verdadero problema controlar las fiestas clandestinas que se desarrollan en distintas zonas; especialmente, en el ámbito del Gran San Miguel de Tucumán. En una charla que mantuvo con LA GACETA, Sánchez dio a conocer su opinión sobre el tema.
- ¿Las nuevas costumbres complican la tarea que deben desarrollar?
- Por supuesto que la tarea sería mucho más sencilla si los centros nocturnos de diversión estuvieran en un mismo lugar. No sólo lucharíamos contra los desórdenes, sino que, además, sería mucho más fácil detectar a los conductores que manejen alcoholizados.
- ¿Cómo se puede concretar esa idea?
- La iniciativa debe surgir de los mismos empresarios; no del jefe de Policía ni del Gobierno, según mi modesto entender.
- ¿Qué opina de la ley de las 4 de la mañana?
- Para mí fue una solución importante porque ya no se ve jóvenes alcoholizados en todos lados. En otros tiempos, debíamos llevar chicas a sus casas en los patrulleros porque no podían caminar y estaban solas deambulando en las calles.
- Sin embargo, se registraron varios crímenes...
- Pero son los resultados de disputas que se producen en las periferias. Son las consecuencias de beberajes interminables.
- Ahora está de moda reunirse en casas después de las 4 para seguir bebiendo...
- Esa es una responsabilidad de los propietarios de las viviendas donde se realizan esas reuniones. Los padres deben prestar mayor atención a lo que hacen sus hijos. No podemos estar en cada casa viendo que no ocurra nada malo.
- ¿Y las fiestas clandestinas?
- En este tema me gustaría ser muy claro. Los organizadores son personas a las que no les importa absolutamente nada. Sólo buscan cobrar una entrada y vender bebidas alcohólicas. Reúnen en un galpón o en una casa a entre 200 y 300 personas. No brindan ningún tipo de seguridad para los asistentes y tampoco pagan impuestos.
- ¿Cómo se combate esta tendencia?
- El IPLA está realizando una incansable tarea de control. Ellos son los responsables de luchar contra esa costumbre. Colaboramos con ellos asignándoles por lo menos 40 efectivos por noche. Y, en caso de que sea necesario, no dudaremos en designar 100 hombres.
- ¿Qué otra herramienta sería útil para revertir esta tendencia?
- Estoy conversando con los asesores legales para ver qué se puede hacer. Creo que el camino correcto sería que se nos permitiera secuestrar los equipos de música y las bebidas que venden esas fiestas. La pérdida económica será mucho más importante que una simple clausura en caso de que se desarrolle en un local.








