12 Octubre 2002 Seguir en 
Tras once penosos años, Josefa Molina, de 94 años, recuperó todos sus derechos sobre la casa que le donó a un inquilino en 1991, según ella, al haber sido engañada. La Cámara Civil y Comercial III resolvió declarar nula la sentencia que en 2000 dio por válida la donación con usufructo de por vida a favor de Juan Carlos Jara.
En 1986 Molina le alquiló una habitación de su casa de Chacabuco 606 a Jara para que pusiera un quiosco. En 1991 Molina firmó ante la escribana Marcela Herrera la donación. La anciana dijo que firmó creyendo que se trataba de un poder para que Jara gestionara la reconexión de la luz, que había sido cortada por una irregularidad en el medidor.
Por ese motivo lo denunció por estafa, pero en agosto de 1999 Jara fue absuelto por la Sala Penal II, al considerar que no había irregularidades en la donación firmada por Molina.
Tras ese fallo, el defensor de Jara, Raúl Martínez Aráoz, aclaró que la mujer podía usar la casa mientras viviera, y negó que su representado se haya colgado de la luz, como dijo Molina.
En base a ese fallo, el juez Civil y Comercial I, Julio César Mustafá, determinó en diciembre de 2000 que la propiedad quedaría en poder de Jara una vez que falleciera Molina, tal como constaba en el acta de donación.Molina, con el patrocinio de la bisnieta de su hermana, la abogada Gilda Heinecke, apeló ante la Cámara Civil III. Los jueces Carlos Miguel Ibáñez y Santiago Gallo Cainzo resolvieron revocar la donación del inmueble al comprobarse la "ingratitud" de Jara.
En su resolución, los camaristas argumentaron que Mustafá, en su sentencia, no tuvo en cuanta la gran cantidad de pruebas producidas en el "monstruoso" proceso judicial de 9 años, que demostrarían que Jara hizo trámites en Catastro y ante Agua y Energía (luego EDET) a título de propietario, sin serlo.
Además, firmó como si fuera el dueño, dos contratos de locación del quiosco. Y, según Molina, pocas veces le pagó el alquiler.
"La voy a donar a un hogar de ancianos"
"Estoy muy contenta porque Dios hizo lo que debía... yo me quería morir, estuve mucho tiempo sin comer ni dormir, enferma y llorando. Sólo rezaba...", le dijo Josefa Molina a LA GACETA haciendo gala de una lucidez envidiable a su edad.
La mujer está casi ciega y tiene problemas auditivos; ella sostiene que fue engañada para firmar la donación aprovechando esas incapacidades. En 1991 estuvo seis meses sin luz porque Agua y Energía le cortó el servicio porque estaba "colgado". En ese momento, según ella, Juan Carlos Jara, le hizo firmar lo que creyó que era un poder para resolver ese inconveniente, y luego se dio con que era la donación, explicó.
Hasta 1993 vivió en su casa de Chacabuco 606, pero a raíz de la muerte de su hermana Tomasa Molina (cuatro años mayor) y del inicio del proceso contra Jara se refugió en la casa de unos parientes, cerca de allí, y alquiló su casa a estudiantes. "Cuando pueda arreglar la casa, que está muy caída, voy a volver. Luego la quiero donar para un hogar de ancianos", afirmó la mujer.
Llanto constante
"No quiero pensar en Jara. Confié en él pero me hizo cosas muy malas, mintió mucho; no sé cómo los jueces le creyeron a él", agregó.
Molina no puede contener la emoción y llora constantemente, pero de alegría, según aclara. La anciana aclaró que durante toda su vida pagó los impuestos y los servicios de su casa al día, pero que ahora debe mucho por el juicio. "El dijo que pagaba los impuestos pero es mentira, los pagaba yo", aseveró.
Ayer, Molina llevó a su casa las imágenes de la Virgen que la acompañaron estos últimos años, y bajo las cuales ponía el expediente judicial esperando un milagro, según confesó.
En 1986 Molina le alquiló una habitación de su casa de Chacabuco 606 a Jara para que pusiera un quiosco. En 1991 Molina firmó ante la escribana Marcela Herrera la donación. La anciana dijo que firmó creyendo que se trataba de un poder para que Jara gestionara la reconexión de la luz, que había sido cortada por una irregularidad en el medidor.
Por ese motivo lo denunció por estafa, pero en agosto de 1999 Jara fue absuelto por la Sala Penal II, al considerar que no había irregularidades en la donación firmada por Molina.
Tras ese fallo, el defensor de Jara, Raúl Martínez Aráoz, aclaró que la mujer podía usar la casa mientras viviera, y negó que su representado se haya colgado de la luz, como dijo Molina.
En base a ese fallo, el juez Civil y Comercial I, Julio César Mustafá, determinó en diciembre de 2000 que la propiedad quedaría en poder de Jara una vez que falleciera Molina, tal como constaba en el acta de donación.Molina, con el patrocinio de la bisnieta de su hermana, la abogada Gilda Heinecke, apeló ante la Cámara Civil III. Los jueces Carlos Miguel Ibáñez y Santiago Gallo Cainzo resolvieron revocar la donación del inmueble al comprobarse la "ingratitud" de Jara.
En su resolución, los camaristas argumentaron que Mustafá, en su sentencia, no tuvo en cuanta la gran cantidad de pruebas producidas en el "monstruoso" proceso judicial de 9 años, que demostrarían que Jara hizo trámites en Catastro y ante Agua y Energía (luego EDET) a título de propietario, sin serlo.
Además, firmó como si fuera el dueño, dos contratos de locación del quiosco. Y, según Molina, pocas veces le pagó el alquiler.
"Estoy muy contenta porque Dios hizo lo que debía... yo me quería morir, estuve mucho tiempo sin comer ni dormir, enferma y llorando. Sólo rezaba...", le dijo Josefa Molina a LA GACETA haciendo gala de una lucidez envidiable a su edad.
La mujer está casi ciega y tiene problemas auditivos; ella sostiene que fue engañada para firmar la donación aprovechando esas incapacidades. En 1991 estuvo seis meses sin luz porque Agua y Energía le cortó el servicio porque estaba "colgado". En ese momento, según ella, Juan Carlos Jara, le hizo firmar lo que creyó que era un poder para resolver ese inconveniente, y luego se dio con que era la donación, explicó.
Hasta 1993 vivió en su casa de Chacabuco 606, pero a raíz de la muerte de su hermana Tomasa Molina (cuatro años mayor) y del inicio del proceso contra Jara se refugió en la casa de unos parientes, cerca de allí, y alquiló su casa a estudiantes. "Cuando pueda arreglar la casa, que está muy caída, voy a volver. Luego la quiero donar para un hogar de ancianos", afirmó la mujer.
Llanto constante
"No quiero pensar en Jara. Confié en él pero me hizo cosas muy malas, mintió mucho; no sé cómo los jueces le creyeron a él", agregó.
Molina no puede contener la emoción y llora constantemente, pero de alegría, según aclara. La anciana aclaró que durante toda su vida pagó los impuestos y los servicios de su casa al día, pero que ahora debe mucho por el juicio. "El dijo que pagaba los impuestos pero es mentira, los pagaba yo", aseveró.
Ayer, Molina llevó a su casa las imágenes de la Virgen que la acompañaron estos últimos años, y bajo las cuales ponía el expediente judicial esperando un milagro, según confesó.







