08 Octubre 2002 Seguir en 
Rosa Fontana está desesperada. En poco más de un año su corralón sufrió 18 robos y asaltos. Esto sumado a la crisis económica la llevó a decidir cerrar el negocio que desde hace 37 años tiene en avenida Ejército del Norte 987.
El lunes 30 de setiembre, cuando abrieron las puertas del corralón, se dieron con que delincuentes habían hecho un boquete en el techo de chapa y habían destruído las tres cajas fuertes. Se llevaron $ 37.000, según admitió Fontana, de 76 años. Nunca suele haber tanto dinero allí, pero se acumuló el producto de las ventas del viernes y sábado y lo que estaba reservado para los proveedores. El local tiene otra puerta por España 2.260, frente a una de las entradas al barrio "La Bombilla".
"Estoy harta de todo lo que pasa acá. Les roban la plata a los clientes adentro del local, cuando salen con la mercadería; si vienen en moto o bicicleta se las quitan, es un desastre", afirmó la comerciante que admitió que, como varios colegas de la zona, tiene armas para defenderse aunque casi nunca puede reaccionar.
El martes 24, según el ejemplo que dio Fontana a LA GACETA, le sacaron el dinero de la mano a un cliente cuando estaba por pagar, y ese mismo día asaltaron a un empleado suyo que fue a pagarles a los peones de la cortada de ladrillos que le pertenece. Además, le robaron dos costosas máquinas agujereadoras que le habían prestado.
Quejas
"Esta es la última vez que denuncio un robo a la Policía, porque nunca hacen nada, no dan respuesta. Hay que cebarlos para que vengan, y yo ya no tengo qué darles", aseveró, indignada, aunque reconoció que los uniformados tampoco tienen muchos elementos para combatir el delito. Respecto del último robo, dijo, aún no logró obtener una copia de la denuncia. "Cada vez que vamos a pedirla no está el oficial que la tiene", explicó.
"Además, varias veces vi por el portón cuando llegan los policías, se meten en el pasillo de ?La Bombilla? y les piden dinero a los choros", denunció Fontana.
El hartazgo hizo que Fontana perdiera el miedo de hablar sobre la situación que atraviesan comerciantes y vecinos de la zona. Sin embargo, la mayoría enmudece por temor. En un supermercado ubicado en esa cuadra, por ejemplo, además de los custodios que cuidan el local hay uno especialmente destinado a observar a los clientes cuando salen, para evitar que les arrebaten la bolsa con mercadería o la cartera.
"Todo aumentó mucho, las ventas bajaron y los choros nos tienen locos. Ya no sabemos qué hacer para revertir esta situación y por eso voy a tener que cerrar el negocio, aunque me duela tener que despedir gente", señaló Fontana finalmente.
El lunes 30 de setiembre, cuando abrieron las puertas del corralón, se dieron con que delincuentes habían hecho un boquete en el techo de chapa y habían destruído las tres cajas fuertes. Se llevaron $ 37.000, según admitió Fontana, de 76 años. Nunca suele haber tanto dinero allí, pero se acumuló el producto de las ventas del viernes y sábado y lo que estaba reservado para los proveedores. El local tiene otra puerta por España 2.260, frente a una de las entradas al barrio "La Bombilla".
"Estoy harta de todo lo que pasa acá. Les roban la plata a los clientes adentro del local, cuando salen con la mercadería; si vienen en moto o bicicleta se las quitan, es un desastre", afirmó la comerciante que admitió que, como varios colegas de la zona, tiene armas para defenderse aunque casi nunca puede reaccionar.
El martes 24, según el ejemplo que dio Fontana a LA GACETA, le sacaron el dinero de la mano a un cliente cuando estaba por pagar, y ese mismo día asaltaron a un empleado suyo que fue a pagarles a los peones de la cortada de ladrillos que le pertenece. Además, le robaron dos costosas máquinas agujereadoras que le habían prestado.
Quejas
"Esta es la última vez que denuncio un robo a la Policía, porque nunca hacen nada, no dan respuesta. Hay que cebarlos para que vengan, y yo ya no tengo qué darles", aseveró, indignada, aunque reconoció que los uniformados tampoco tienen muchos elementos para combatir el delito. Respecto del último robo, dijo, aún no logró obtener una copia de la denuncia. "Cada vez que vamos a pedirla no está el oficial que la tiene", explicó.
"Además, varias veces vi por el portón cuando llegan los policías, se meten en el pasillo de ?La Bombilla? y les piden dinero a los choros", denunció Fontana.
El hartazgo hizo que Fontana perdiera el miedo de hablar sobre la situación que atraviesan comerciantes y vecinos de la zona. Sin embargo, la mayoría enmudece por temor. En un supermercado ubicado en esa cuadra, por ejemplo, además de los custodios que cuidan el local hay uno especialmente destinado a observar a los clientes cuando salen, para evitar que les arrebaten la bolsa con mercadería o la cartera.
"Todo aumentó mucho, las ventas bajaron y los choros nos tienen locos. Ya no sabemos qué hacer para revertir esta situación y por eso voy a tener que cerrar el negocio, aunque me duela tener que despedir gente", señaló Fontana finalmente.







