El dramaturgo y periodista Michael Frayn ya tenía una sólida fama como autor de comedias, género en el que obtuvo importantes premios. En 1998 su carrera autoral tuvo un nuevo giro con el estreno de "Copenhague". La producción, alejada del género que hizo famoso a Frayn, se mantuvo en cartel dos años en Londres y luego se estrenó en Nueva York, donde recibió un premio Tony.
El sábado y domingo próximos, la pieza se verá en el centro Cultural Virla, en una versión dirigida por Carlos Gandolfo e intrerpretada por Juan Carlos Gené, Alberto Segado y Alicia Berdaxágar que ha cosechado unánimes elogios desde su estreno en Buenos Aires.
La pieza relata el encuentro de tres personajes reales, dos físicos ganadores del premio Nobel, y la esposa de uno de ellos. Los hombres fueron destacados investigadores en el campo de la física cuántica, y se conocían muy bien. Niels Bohr fue maestro de Werner Heisenberg, y desarrollaron una relación basada en el respeto intelectual y también en el afecto. Los dos científicos se encontraron en 1941, después de años de separación.
Heisenberg visitó a Bohr en la Dinamarca ocupada por los alemanes, y nunca nadie supo realmente que fue lo que discutieron en esa reunión. Frayn arriesga en su obra que la conversación abordó, entre otros, el tema de la responsabilidad de los científicos en la génesis de la bomba atómica, y los dilemas morales acerca de la utilización del conocimiento en aplicaciones bélicas. Los personajes se mueven en un espacio en el que el tiempo no existe, y donde los conflictos aparecen en forma de recuerdos y los sentimientos son ambivalentes ante el hecho de haber pertenecido a bandos opuestos en un conflicto mundial.
El sábado y domingo próximos, la pieza se verá en el centro Cultural Virla, en una versión dirigida por Carlos Gandolfo e intrerpretada por Juan Carlos Gené, Alberto Segado y Alicia Berdaxágar que ha cosechado unánimes elogios desde su estreno en Buenos Aires.
La pieza relata el encuentro de tres personajes reales, dos físicos ganadores del premio Nobel, y la esposa de uno de ellos. Los hombres fueron destacados investigadores en el campo de la física cuántica, y se conocían muy bien. Niels Bohr fue maestro de Werner Heisenberg, y desarrollaron una relación basada en el respeto intelectual y también en el afecto. Los dos científicos se encontraron en 1941, después de años de separación.
Heisenberg visitó a Bohr en la Dinamarca ocupada por los alemanes, y nunca nadie supo realmente que fue lo que discutieron en esa reunión. Frayn arriesga en su obra que la conversación abordó, entre otros, el tema de la responsabilidad de los científicos en la génesis de la bomba atómica, y los dilemas morales acerca de la utilización del conocimiento en aplicaciones bélicas. Los personajes se mueven en un espacio en el que el tiempo no existe, y donde los conflictos aparecen en forma de recuerdos y los sentimientos son ambivalentes ante el hecho de haber pertenecido a bandos opuestos en un conflicto mundial.







