El trágico destino de un ídolo

Hace un mes que se mató Walter Olmos, pero aún no puede descansar en paz. Su desaparición desató odios, enfrentamientos y un negocio para la TV "chiquero".

De las calles de su Catamarca natal saltó a la fama en Buenos Aires. Su día de gloria llegó cuando "El Potro" Rodrigo lo nombró públicamente su heredero. De ahí para adelante, su agenda de shows se saturaba todos los días, con presentaciones por todo el país, tres o cuatro por noche; y con su infaltable representante José Luis Gozalo, después de haber roto lanzas con el tucumano Ricardo Campero.
La corta historia de Walter Olmos parece un retrato social; el de aquellos que nacen pobres y humildes, y la fama, más que el talento, los toca un día con su varita mágica. De repente, como en un sueño, las luces se encienden, suenan fuertes los aplausos, el hambre empieza a ceder, y el confort y el dinero dan aviso de llegada. Del anonimato pasó a la idolatría. El mismo reconocía que cantaba con el corazón, y que le faltaba desarrollar su voz; no tenía ninguna culpa o vergüenza al hacerlo.
Desde que murió Rodrigo Bueno, muchos pensaron que efectivamente lo sucedería, y que el negocio sería multimillonario. Pero vinieron los tiempos de la "cumbia villera" que entró a tallar fuerte en Buenos Aires, y Walter Olmos parecía haber tocado el techo (con los villeros se había enfrentado por el tema de las "sustancias"). En la noche de ese desgraciado sábado, horas antes, le había comentado a su novia su preocupación porque no le habían confirmado algunos shows. El trabajo ya no le sobraba, y tampoco le alcanzaba para trasladar a sus hermanitos a cada provincia. Pero él seguía jugando, como si fuera un niño; lamentablemente con armas peligrosas.
Algunas noches había dormido en la comisaría, porque los policías se apiadaban de él de verlo tirado en el banco de la plaza. Con padres separados, numerosos hermanos, y una madre que demostró ser violenta, no es difícil suponer lo que había sido su infancia y adolescencia. Esa violencia la había heredado: en Salta se trenzó a trompadas con parte de su público, en una escandalosa presentación; y Vanesa - nuevamente- brindó testimonios de los golpes que recibió. La adrenalina lo corría rápido; era un manojo de nervios, y se permitía hacer lo que le daban ganas; como protagonizar escenas tórridas con su novia en el asiento del avión, en un vuelo de Tucumán a Buenos Aires.

El entorno
A su alrededor se había formado todo un mundo que vivía de sus presentaciones. El famoso entorno de los artistas, que muchas veces deciden su vida... y su muerte. No sólo su representante Gozalo (quien debió aclarar más de una vez que no lo podía cuidar), sino sus músicos, amigos que hacían de seguridad, parientes que lo alentaban, mujeres que lo disputaban, etc, etc. Todo parecía formar parte del espectáculo, su espectáculo. A un mes de su muerte, sus fans lo extrañan, y cada uno del entorno reclama su parte. Todavía el ídolo no puede descansar en paz.

Para la televisión, el espectáculo debe continuar
Trompadas y patadas, insultos procaces, duras acusaciones... La televisión se está haciendo la fiesta con Walter Olmos. Para aquellos que repiten que el espectáculo debe continuar, pareciera que, muerto el cuartetero, tendrá que seguir dando que hablar.
La madre contra la novia, una tercera en discordia, amantes que reclaman ser madre de sus hijos. ¿No es tan parecido a lo que sucedió cuando Rodrigo Bueno se mató en su camioneta?
Mañana hará un mes que Olmos se pegó un tiro, y desde ese día, la televisión no lo dejó en paz. Armó un espectáculo, es verdad, pero patético, morboso y con los tan en moda golpes bajos; con los recursos más inimaginables. El gerente de programación de "América", Jorge Rial, pareció haberlo anticipado cuando declaró por la misma época que "la televisión era barata y basura como reflejo del mismo país".
Los programas chimenteros estuvieron de parabienes, y la competencia suma rating.
¿ Cuántos puntos significan una mala palabra? ¿Cuántos, una madre revolcándose en el piso luchando supuestamente por su hijo?
También como con Rodrigo, cada canal tomó su partido. Jorge Rial ("América") apostó a la novia- viuda, la bailarina Vanesa, a quien todos los días tiene en vivo en su programa de la siesta, contando sus penas, sus últimos días con él, su amor, sus vicios y, sobre todo, haciendo revelaciones contra la madre. Ella, como él, trabajan para mantener a sus hermanitos de quienes tiene la custodia. Cuesta creer que lo haga gratuitamente, porque, se sabe, que son producciones pagadas. Vanesa se ha convertido en una protegida de Rial y de su selección, aunque alguien recordó sus críticas a la "teñida" Viviana Canosa. "Rumores" (Canal 9) se ha inclinado por la madre de Walter Olmos y por su familia, y ha presentado (el miércoles pasado ) en exclusiva una hasta ahora desconocida novia, como la verdadera viuda de toda esta historia. Para Susana Roccassalvo y Carlos Monti, los herederos de Walter no son la novia ni la amante, sino la madre real. Pero cada uno de estos programas tiene su propio contrapeso. "Indomables", que ahora conduce Roberto Pettinato, se atreve a criticar estos manejos televisivos, pero... no se priva de agregar los suyos. "Chiche" Gelbung, con su memoria, presenta supuestas sesudas investigaciones; convoca especialistas para opinar sobre la dirección del disparo, los ángulos de posición, las armas con mayor o menor potencia. Intenta exhibir alguna objetividad. Pero, en rigor, todo es parte del mismo espectáculo.

La necesidad de ídolos en tiempos de crisis
La necesidad de ídolos populares ha sido una constante en la vida de los pueblos, que funciona y se agudiza en tiempos de crisis. La devoción a un triunfador, sea un músico o un futbolista, es, para los analistas, como aferrarse a una esperanza, a una ilusión en la que estaría presente -además- la posibilidad de que cualquiera de los creyentes o adoradores pueda estar ocupando ese lugar. Los ídolos son aquellos que convierten en realidad los sueños de los otros.
Estos ídolos populares más se necesitan, cuando, por otro lado, se pierde la esperanza o la fe en otras instituciones. Y en estos tiempos, así como muchos han caído en total descrédito (léase políticos, legisladores y jueces), la gente los busca en otros sectores de la cultura. El amor o adoración excesiva responde a un carisma particular; a una identificación.
¿Walter Olmos fue un ídolo? Que Rodrigo Bueno lo era, no pueden caber dudas, desde que hasta hoy, hay santuarios donde se los recuerda. Pero con Olmos la situación no parece igual. Es verdad que tuvo muchos fans, y que lo siguieron a distintos lugares, pero ya, a un mes de su muerte, esa adoración está llegando a un límite.

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