Una playa uruguaya que parece estar en el pasado

Punta del diablo, una lanza que corta el océano Atlántico en el departamento uruguayo de Rocha.

30 Enero 2007
PUNTA DEL DIABLO, Uruguay.- El departamento de Rocha hiende en las aguas del Atlántico una lanza de piedra que separa las arenas de dos extensas playas. Eso es Punta del Diablo, uno de los balnearios que más popularidad han adquirido en Uruguay en los últimos años. A menos de 50 kilómetros de la frontera con Brasil, este pequeño caserío que alguna vez fue un humilde poblado de pescadores se ha convertido en uno de los centros de veraneo preferidos por muchos uruguayos, por algunos brasileños y por no pocos argentinos.
La masa de piedra que corta en dos las playas diableras regala vistas inolvidables; hacia el sur, se extienden las arenas de La Viuda, espesas y salpicadas de millones de fragmentos de conchillas; hacia el norte, la pequeña playa de Los Pescadores, con un puñado de pintorescos barquitos descansando sobre las arenas, recuerda el origen del poblado y le pone una nota de color al paisaje. Una pequeña saliente pedregosa abre paso, más al norte, a la Playa del Rivero, extensa y de arenas finas; es la preferida por los turistas que pasan los días de sus vacaciones en las cabañas de la parte norte de la población, que muestra una urbanización cuidada y espacios generosos entre las viviendas. No ocurre lo mismo en el centro del poblado, donde las cabañas y los negocios se amontonan apretadamente sin el menor concierto.

Desconectados
El ambiente en la villa recuerda al turista que lleva encima los años suficientes a aquel Villa Gesell de los años 70. Muchísimos jóvenes, pelos largos, barbas al viento, ritmo lento y cansino, y casi se espera escuchar por ahí el mítico "love and peace". Hay mucha tranquilidad y la sensación de inseguridad brilla por su ausencia.
La desconexión con el resto del mundo puede ser total. En los bares es muy raro encontrar televisores encendidos, y sólo los titulares de los diarios uruguayos recuerdan desde los quioscos que el resto del mundo sigue su vida cotidiana. Hay cibercentros, por supuesto, desde los cuales un tucumano puede enterarse a través de LA GACETA on line las novedades que se han registrado en el propio terruño, ya que la presencia de comprovincianos es nula. (Especial)