23 Diciembre 2006 Seguir en 
Mar del Plata.- "Doña Flor y sus dos maridos" debutó en la temporada teatral local con una propuesta cargada de erotismo, humor y algo de drama, que se combinan con coloridos cuadros musicales a cargo de un elenco encabezado por Mónica Ayos, Miguel Habud y Claudio García Satur.
La obra que se ofrece en el teatro Mar del Plata muestra, además, esa alegría efímera del carnaval bahiano que, como quien pretende tapar el sol con las manos, parece querer ocultar la tragedia cotidiana con unos pocos días de desenfreno y locura.
La escenografía refleja la popular barriada de la Bahía brasileña donde se desarrolla la historia y da el respaldo adecuado para los cuadros coreográficos que desarrollan una veintena de bailarines, algunos de ellos de alto contenido erótico, aunque sin traspasar nunca los límites del buen gusto.
Por el contrario, el director José María Paolantonio supo plasmar en los cuadros los estados de ánimo, las angustias y las alegrías de los personajes, fundamentalmente de Doña Flor, protagonista central de la historia.
Una sensual Mónica Ayos de cabellos renegridos encarna a Doña Flor, que en el cuadro musical más erótico y mejor logrado de la obra, junto al cuerpo de bailarines logra transmitir toda la pasión contenida que la quema tras la muerte, en pleno carnaval, de su amado Vadinho (Habud), un pícaro incorregible.
Y en medio de esa locura de alegrías y tristezas, de vida y muerte, aparece en escena el metódico farmacéutico Teodoro (García Satur), con su aporte indispensable para redondear el eterno triángulo amoroso al que Amado supo darle una nueva vuelta de tuerca.
Como buen farmacéutico, Teodoro, dueño de gran parte de las risas de la platea, parece traer el remedio para la desolación de la viuda.
Sin embargo, el fantasma de Vadinho vuelve, más desnudo que nunca, para beneficio de Doña Flor y de los espectadores que se regocijan con sus travesuras casi tanto como la viuda disfruta de sus caricias insólitamente terrenales.
También integran el elenco de esta producción de Javier Faroni, las actrices Ana María Casó, Patricia Kraly, Vanina Fabiak y Analía Caviglia, interpretando a la madre y las amigas de Doña Flor.
La historia, de final tan feliz como irreal, tiene un cierre a todo carnaval brasileño, con todo el elenco bailando en la platea, como para dejar cierta sensación de que a dos cuadras del teatro no está la Bristol sino alguna playa bahiana. (Télam)
La obra que se ofrece en el teatro Mar del Plata muestra, además, esa alegría efímera del carnaval bahiano que, como quien pretende tapar el sol con las manos, parece querer ocultar la tragedia cotidiana con unos pocos días de desenfreno y locura.
La escenografía refleja la popular barriada de la Bahía brasileña donde se desarrolla la historia y da el respaldo adecuado para los cuadros coreográficos que desarrollan una veintena de bailarines, algunos de ellos de alto contenido erótico, aunque sin traspasar nunca los límites del buen gusto.
Por el contrario, el director José María Paolantonio supo plasmar en los cuadros los estados de ánimo, las angustias y las alegrías de los personajes, fundamentalmente de Doña Flor, protagonista central de la historia.
Una sensual Mónica Ayos de cabellos renegridos encarna a Doña Flor, que en el cuadro musical más erótico y mejor logrado de la obra, junto al cuerpo de bailarines logra transmitir toda la pasión contenida que la quema tras la muerte, en pleno carnaval, de su amado Vadinho (Habud), un pícaro incorregible.
Y en medio de esa locura de alegrías y tristezas, de vida y muerte, aparece en escena el metódico farmacéutico Teodoro (García Satur), con su aporte indispensable para redondear el eterno triángulo amoroso al que Amado supo darle una nueva vuelta de tuerca.
Como buen farmacéutico, Teodoro, dueño de gran parte de las risas de la platea, parece traer el remedio para la desolación de la viuda.
Sin embargo, el fantasma de Vadinho vuelve, más desnudo que nunca, para beneficio de Doña Flor y de los espectadores que se regocijan con sus travesuras casi tanto como la viuda disfruta de sus caricias insólitamente terrenales.
También integran el elenco de esta producción de Javier Faroni, las actrices Ana María Casó, Patricia Kraly, Vanina Fabiak y Analía Caviglia, interpretando a la madre y las amigas de Doña Flor.
La historia, de final tan feliz como irreal, tiene un cierre a todo carnaval brasileño, con todo el elenco bailando en la platea, como para dejar cierta sensación de que a dos cuadras del teatro no está la Bristol sino alguna playa bahiana. (Télam)
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