19 Diciembre 2006 Seguir en 
Personal de la Dirección General de Investigaciones, bajo las órdenes de los comisarios Miguel Gómez, Julio López y Raúl Ferreyra, partieron hacia la localidad de Vipos, donde buscarán los restos de la docente desaparecida Angela Beatriz Argañaraz.
En la madrugada, un hermano de la maestra le informó a los investigadores que un lugareño le había asegurado que entre el 31 de julio y el 1 de agosto observó a un hombre y a una mujer bajar de un automóvil un cuerpo y enterrarlo en el lugar.
Según confirmaron fuentes policiales, el testigo (cuyo nombre se mantiene en reserva) no habría podido asegurar que el hombre era José Luis Fernández y la mujer Nélida del Valle Fernández o Susana del Carmen Acosta, los únicos imputados en la causa.
Los rastrillajes
La zona donde supuestamente estarían los restos ya fue rastrillada en más de una oportunidad por efectivos policiales.
Desde la desaparición de Betty, se realizaron rastrillajes en el camino que comunica El Cadillal con el Timbó Viejo, en el río Loro, en la usina, en el viaducto, en las Mesadas, en el camino a la cola de El Cadillal y en Tapia.
También se hicieron búsquedas en San Javier, Horco Molle, La Aguadita, El Manantial, la ripiera, ambas márgenes del río Salí, el canal sur, los Aguirre, La Rinconada, Villa Nougués y San Pablo. Se llegó, incluso, hasta la Quebrada de Lules.
Tal como se advierte en el mapa, los investigadores centraron la búsqueda en la zona norte de la provincia, y para eso tuvieron en cuenta, siguiendo la hipótesis que vincula a las ex novicias con la desaparición, el tiempo que habrían tenido de viaje en su auto para ir desde su departamento en calle Catamarca primera cuadra hasta la casa que tienen en El Cadillal y para regresar, en el caso de Acosta, a su lugar de trabajo en el centro.
Una mujer obsesiva con el trabajo
Argañaraz, de 45 años, se ganó el respeto y la admiración de muchos. Se trataba de una mujer que se levantaba todos los días a las 6 y no paraba de trabajar hasta las 18.
Hasta su desaparición, vivía en El Manantial, en un barrio de clase media, junto con Julio Navarro desde hace por lo menos 15 años. Ellos habían mantenido una relación sentimental. A pesar de que decidieron cortar sus lazos afectivos, ambos tomaron la determinación de seguir viviendo bajo el mismo techo.
Desde esa casa partió el lunes 31 de julio -cuando fue vista con vida por última vez- hacia el colegio Padre Roque Correa, donde se desempeñaba como docente y estaba por asumir como directora.
Aquel día, como llegaba tarde, decidió bajarse en avenida Alem y Lavalle, donde tomó un remise. Después, nadie más volvió a saber nada de ella. Los investigadores ya precisaron que se bajó en el departamento de Susana Acosta y de Nélida Fernández -las dos imputadas en el caso.
Angela -"Betty" para sus amigos- se comportaba como una exigente maestra de grado en el Roque Correa. Por la tarde cumplía idéntico trabajo en el colegio San Francisco, que funciona en el mismo edificio.
Sus compañeros la consideran una persona incansable y muy responsable. Esas fueron las virtudes que la catapultaron al cargo de directora. Además, según coincidieron varios entrevistados, se caracteriza por su mesura a la hora de resolver problemas y por ser reservada.
"Betty" tomaba clases en un gimnasio por lo menos tres veces por semana. Además, su debilidad son los perros, a los que criaba en su casa.
En la madrugada, un hermano de la maestra le informó a los investigadores que un lugareño le había asegurado que entre el 31 de julio y el 1 de agosto observó a un hombre y a una mujer bajar de un automóvil un cuerpo y enterrarlo en el lugar.
Según confirmaron fuentes policiales, el testigo (cuyo nombre se mantiene en reserva) no habría podido asegurar que el hombre era José Luis Fernández y la mujer Nélida del Valle Fernández o Susana del Carmen Acosta, los únicos imputados en la causa.
Los rastrillajes
La zona donde supuestamente estarían los restos ya fue rastrillada en más de una oportunidad por efectivos policiales.
Desde la desaparición de Betty, se realizaron rastrillajes en el camino que comunica El Cadillal con el Timbó Viejo, en el río Loro, en la usina, en el viaducto, en las Mesadas, en el camino a la cola de El Cadillal y en Tapia.
También se hicieron búsquedas en San Javier, Horco Molle, La Aguadita, El Manantial, la ripiera, ambas márgenes del río Salí, el canal sur, los Aguirre, La Rinconada, Villa Nougués y San Pablo. Se llegó, incluso, hasta la Quebrada de Lules.
Tal como se advierte en el mapa, los investigadores centraron la búsqueda en la zona norte de la provincia, y para eso tuvieron en cuenta, siguiendo la hipótesis que vincula a las ex novicias con la desaparición, el tiempo que habrían tenido de viaje en su auto para ir desde su departamento en calle Catamarca primera cuadra hasta la casa que tienen en El Cadillal y para regresar, en el caso de Acosta, a su lugar de trabajo en el centro.
Una mujer obsesiva con el trabajo
Argañaraz, de 45 años, se ganó el respeto y la admiración de muchos. Se trataba de una mujer que se levantaba todos los días a las 6 y no paraba de trabajar hasta las 18.
Hasta su desaparición, vivía en El Manantial, en un barrio de clase media, junto con Julio Navarro desde hace por lo menos 15 años. Ellos habían mantenido una relación sentimental. A pesar de que decidieron cortar sus lazos afectivos, ambos tomaron la determinación de seguir viviendo bajo el mismo techo.
Desde esa casa partió el lunes 31 de julio -cuando fue vista con vida por última vez- hacia el colegio Padre Roque Correa, donde se desempeñaba como docente y estaba por asumir como directora.
Aquel día, como llegaba tarde, decidió bajarse en avenida Alem y Lavalle, donde tomó un remise. Después, nadie más volvió a saber nada de ella. Los investigadores ya precisaron que se bajó en el departamento de Susana Acosta y de Nélida Fernández -las dos imputadas en el caso.
Angela -"Betty" para sus amigos- se comportaba como una exigente maestra de grado en el Roque Correa. Por la tarde cumplía idéntico trabajo en el colegio San Francisco, que funciona en el mismo edificio.
Sus compañeros la consideran una persona incansable y muy responsable. Esas fueron las virtudes que la catapultaron al cargo de directora. Además, según coincidieron varios entrevistados, se caracteriza por su mesura a la hora de resolver problemas y por ser reservada.
"Betty" tomaba clases en un gimnasio por lo menos tres veces por semana. Además, su debilidad son los perros, a los que criaba en su casa.







