15 Diciembre 2006 Seguir en 
Lucrecia Rosenberg, una artista tucumana de gran renombre, cumple este mes 50 años ininterrumpidos dedicada a una especialidad: la escultura. Para celebrarlo, esta tarde, a las 20.30, en 24 de Septiembre 741, abrirá una muestra.
Allí se podrán ver alrededor de 50 esculturas en aluminio, bronce, cerámica y terracota, realizadas a lo largo de 2005 y 2006. "En realidad soy escultora monumentalista, pero, por razones de salud, tuve que reducir el tamaño de las obras. Las más grandes tienen entre 30 y 40 cm", le contó a LA GACETA.
Cuando comenzó a descubrir el mundo del arte, a los 18 años, era una estudiante inquieta y apasionada, nacida en el seno de una familia de clase media que soñaba con verla convertida en doctora. "Mi maestro, José Alonso, me invitó a aprender en su taller, aunque mis padres nunca lo supieron hasta que gané mi primer reconocimiento, que salió publicado en LA GACETA", relató, entre risas.
A partir de ese momento, Lucrecia ganó el apoyo de sus padres y el ánimo para dedicarse a la escultura, su verdadera vocación. Así, logró recibir el título de profesora en la Facultad de Artes y realizar una maestría en Historia del Arte en Estados Unidos. Durante los años siguientes, la artista recorrió el país y el mundo con su obra, dejando huellas tanto en El Cadillal, en Lules y en Las Termas de Río Hondo como en Puerto Rico, en Canadá, en Israel, en Australia y en Cuba, país por el que siente un especial afecto y al que le dedicó gran parte de sus creaciones.
La temática que aborda en casi todas sus obras es la mujer. "A lo largo de la historia hemos sido siempre postergadas en nuestra labor de madres, esposas, estudiantes y trabajadoras. La mujer ha tenido muy poca importancia; recién a partir de los 90 se le ha dado un lugar en el mundo, aunque todavía tenemos que soportar injusticias", aseguró. "Mi principal influencia fue mi madre, que fue la primera piloto de Tucumán y tuvo que luchar contra una fuerte presión por parte de la sociedad. Realmente fue una sobreviviente", afirmó.
Aunque ella no se queda atrás. A pesar de todos los premios acumulados durante su carrera (entre los que se encuentra la distinción "Mujer del año", otorgada por el Gobierno de la provincia), Lucrecia, de 70 años, es una mujer sencilla y una madre ejemplar. A los 32 quedó viuda y se vio obligada a criar sola a sus dos hijos, pero no perdió nunca su fuerza ni su pasión por el arte, lo que le permitió ganarse la vida haciendo lo que más disfruta.
Allí se podrán ver alrededor de 50 esculturas en aluminio, bronce, cerámica y terracota, realizadas a lo largo de 2005 y 2006. "En realidad soy escultora monumentalista, pero, por razones de salud, tuve que reducir el tamaño de las obras. Las más grandes tienen entre 30 y 40 cm", le contó a LA GACETA.
Cuando comenzó a descubrir el mundo del arte, a los 18 años, era una estudiante inquieta y apasionada, nacida en el seno de una familia de clase media que soñaba con verla convertida en doctora. "Mi maestro, José Alonso, me invitó a aprender en su taller, aunque mis padres nunca lo supieron hasta que gané mi primer reconocimiento, que salió publicado en LA GACETA", relató, entre risas.
A partir de ese momento, Lucrecia ganó el apoyo de sus padres y el ánimo para dedicarse a la escultura, su verdadera vocación. Así, logró recibir el título de profesora en la Facultad de Artes y realizar una maestría en Historia del Arte en Estados Unidos. Durante los años siguientes, la artista recorrió el país y el mundo con su obra, dejando huellas tanto en El Cadillal, en Lules y en Las Termas de Río Hondo como en Puerto Rico, en Canadá, en Israel, en Australia y en Cuba, país por el que siente un especial afecto y al que le dedicó gran parte de sus creaciones.
La temática que aborda en casi todas sus obras es la mujer. "A lo largo de la historia hemos sido siempre postergadas en nuestra labor de madres, esposas, estudiantes y trabajadoras. La mujer ha tenido muy poca importancia; recién a partir de los 90 se le ha dado un lugar en el mundo, aunque todavía tenemos que soportar injusticias", aseguró. "Mi principal influencia fue mi madre, que fue la primera piloto de Tucumán y tuvo que luchar contra una fuerte presión por parte de la sociedad. Realmente fue una sobreviviente", afirmó.
Aunque ella no se queda atrás. A pesar de todos los premios acumulados durante su carrera (entre los que se encuentra la distinción "Mujer del año", otorgada por el Gobierno de la provincia), Lucrecia, de 70 años, es una mujer sencilla y una madre ejemplar. A los 32 quedó viuda y se vio obligada a criar sola a sus dos hijos, pero no perdió nunca su fuerza ni su pasión por el arte, lo que le permitió ganarse la vida haciendo lo que más disfruta.
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