EL TROFEO QUEDO EN BUENAS MANOS. Veron y sus compañeros celebraron. Estudiantes fue el mejor y conquisto el torneo Apertura.
14 Diciembre 2006 Seguir en 

Estudiantes fue superior a Boca en la definición mano a mano y se impuso en forma merecida por 2 a 1. Sumó el cuarto título en su historia y terminó con una larga espera de 23 años. El “pincha” se consagró campeón del Apertura conducido desde el banco por Simeone y con un auténtico líder como Verón en la cancha. Festejos en La Plata y en Tucumán.
Tuvo fe y un corazón enorme
Por Ariel Ibáñez, Redacción LA GACETA.
Las finales no se analizan ni se explican, se ganan. Eso es tan viejo como el fútbol. La ganó Estudiantes y por eso fue el campeón. Fueron 90 minutos cambiantes, como el desarrollo del torneo. Parecía que era de Boca, porque Palermo aprovechó un descuido de la defensa de Estudiantes para conectar un centro de Ledesma y marcar el 1 a 0. Pero el título terminó en las manos del conjunto platense porque tomó la decisión de salir a buscar el partido en el segundo tiempo y le sobró la fortaleza anímica para recuperarse de un mal comienzo. El partido del año mostró un desarrollo similar al torneo Apertura. Fue del “xeneize” en el arranque. Pero se tiñó de rojo y blanco sobre el final.
Estudiantes ganó el título en el último partido, pero Boca no lo perdió ayer en la cancha Vélez. En realidad, se le escapó en Córdoba, primero, y en la mismísima Bombonera, después. Nadie puede entender cómo el tricampeonato se le fue de las manos. Pero, a partir de lo que sucedió en los últimos 10 días, hasta resulta lógico que el “pincha” haya dado la vuelta olímpica. A los dirigidos por La Volpe les faltó jerarquía y el temple necesario en la recta final. No pudieran sumar un punto frente a Belgrano, un equipo que lucha por no descender, ni con Lanús, después de estar ganando en su cancha. Tampoco usufructuó el tempranero gol de Palermo en el duelo decisivo. ¿Es casualidad que un equipo deje pasar tantas oportunidades? De ninguna manera. Se desplomó en forma lenta y sucumbió ante un adversario que llegó de arremetida y lo superó.
Los desaciertos de La Volpe a la hora de armar su estrategia -otra vez insistió con Calvo y sacó a Barros Schelotto cuando Boca iba ganando-; la expulsión de Ledesma, que afectó a Boca más que a Estudiantes la roja de Alvarez; la paciencia de Simeone; la jerarquía de Verón; el olfato goleador de Pavone. Las dos caras de los finalistas. Uno fue campeón después de 23 años porque tuvo fe y un corazón enorme. El otro sufrió la mayor frustración de su historia.
Tuvo fe y un corazón enorme
Por Ariel Ibáñez, Redacción LA GACETA.Las finales no se analizan ni se explican, se ganan. Eso es tan viejo como el fútbol. La ganó Estudiantes y por eso fue el campeón. Fueron 90 minutos cambiantes, como el desarrollo del torneo. Parecía que era de Boca, porque Palermo aprovechó un descuido de la defensa de Estudiantes para conectar un centro de Ledesma y marcar el 1 a 0. Pero el título terminó en las manos del conjunto platense porque tomó la decisión de salir a buscar el partido en el segundo tiempo y le sobró la fortaleza anímica para recuperarse de un mal comienzo. El partido del año mostró un desarrollo similar al torneo Apertura. Fue del “xeneize” en el arranque. Pero se tiñó de rojo y blanco sobre el final.
Estudiantes ganó el título en el último partido, pero Boca no lo perdió ayer en la cancha Vélez. En realidad, se le escapó en Córdoba, primero, y en la mismísima Bombonera, después. Nadie puede entender cómo el tricampeonato se le fue de las manos. Pero, a partir de lo que sucedió en los últimos 10 días, hasta resulta lógico que el “pincha” haya dado la vuelta olímpica. A los dirigidos por La Volpe les faltó jerarquía y el temple necesario en la recta final. No pudieran sumar un punto frente a Belgrano, un equipo que lucha por no descender, ni con Lanús, después de estar ganando en su cancha. Tampoco usufructuó el tempranero gol de Palermo en el duelo decisivo. ¿Es casualidad que un equipo deje pasar tantas oportunidades? De ninguna manera. Se desplomó en forma lenta y sucumbió ante un adversario que llegó de arremetida y lo superó.
Los desaciertos de La Volpe a la hora de armar su estrategia -otra vez insistió con Calvo y sacó a Barros Schelotto cuando Boca iba ganando-; la expulsión de Ledesma, que afectó a Boca más que a Estudiantes la roja de Alvarez; la paciencia de Simeone; la jerarquía de Verón; el olfato goleador de Pavone. Las dos caras de los finalistas. Uno fue campeón después de 23 años porque tuvo fe y un corazón enorme. El otro sufrió la mayor frustración de su historia.






