La historia se escribió con letras rojas y blancas

Boca arrancó ganando con un gol de Martín Palermo, pero Estudiantes tuvo más resto y fue campeón.

EL GOL DEL CAMPEONATO. Mariano Pavone ratificó su gran momento en la final. El delantero de Estudiantes aprovechó las dudas de la defensa “xeneize” para definir el cotejo con su conquista. Reuter EL GOL DEL CAMPEONATO. Mariano Pavone ratificó su gran momento en la final. El delantero de Estudiantes aprovechó las dudas de la defensa “xeneize” para definir el cotejo con su conquista. Reuter
14 Diciembre 2006
Buenos Aires.- El título se fue a La Plata. Estudiantes se consagró campeón del torneo Apertura porque demostró en el desempate que le ganó por 2 a 1 a Boca Juniors que fue superior y le sacó una clara ventaja al resto de los equipos, más allá del resultado del encuentro jugado ayer en Vélez.
Los “pincharratas” accedieron a un título en el fútbol argentino después de 23 años y vencieron a Boca después de 10 enfrentamientos.
Estudiantes ganó el partido con autoridad, luego de un primer tiempo que Boca manejó y terminó ganando con un gol de un referente de la historia estudiantil como Martín Palermo.
Así se puso en marcha el partido, con ese tanto del “Titán” a los tres minutos, cuando aprovechó una desincronización de la última línea albirroja para vencer a un estático Mariano Andújar. El desarrollo siguió favoreciendo a los “xeneizes” hasta el final de la etapa, más allá de algunos arrestos ofensivos de los platenses.
Boca dispuso, otra vez en los pies de Palermo, de una situación mano a mano con Andújar que podría haber elevado a dos tantos la diferencia y sacudir el ánimo de la gente de Estudiantes. Pero el delantero falló en la definición.
Estudiantes siguió apostando al juego corto, con el equipo girando como siempre en derredor del magnetismo de Juan Sebastián Verón, para buscar quebrar a la línea de cuatro que dispuso el renunciante Ricardo La Volpe. Y esa búsqueda casi tiene su premio  cuando, a los 42 minutos, Mariano Pavone estrelló un remate en el poste izquierdo del arco “xeneize”.
Antes se produjo un hecho que iba a decidir estratégicamente el destino del partido, cuando los Pablo, Ledesma y Alvarez, antiguos compañeros en las inferiores de Boca, se fueron expulsados por agresión mutua. Esto desequilibró a los de La Volpe porque el 4-3-3 propuesto inicialmente se quedó “rengo” en el medio, lo que le permitió a Estudiantes pasar a dominar ese sector con comodidad.

Se olfateaba el desenlace
Ya sin Guillermo Barros Schelotto, reemplazado por un híbrido José María Calvo, Boca perdió el control futbolístico y también psicológico del partido. Sólo les faltaba a los dirigidos por Diego Simeone estar finos en la definición para alcanzar un empate que se olfateaba desde el arranque. Boca volvió a cometer una falta cerca de su área,  que resultó fatal por la buena pegada del “Principito” José Sosa, que clavó la pelota en el ángulo.
Después de 10 minutos de paridad por la conmoción del tanto, Estudiantes retomó las riendas del juego y siguió yendo en busca de la victoria. Hasta que partió otro pelotazo largo, volvió a fallar el pibe Matías Cahais, se quedó Daniel Díaz y Pavone, después de anticipar a Bobadilla, definió de cabeza.
Y cuando Sergio Pezzotta dio el pitazo final de este irregular Apertura, plagado de violencia y desorganización, toda la emoción viajó a La Plata por cuarta vez en la historia de Estudiantes. Una historia escrita con  letras rojas y blancas. Y la alegría fue de la mitad menos uno. (Télam)