27 Noviembre 2006 Seguir en 
Detuvieron su marcha frente a la carnicería y elevaron sobre sus cabezas el féretro en el que estaba su amigo. Decenas de personas indignadas despidieron ayer los restos del menor Angel Ariel Suárez, de 15 años, a quien le decían “El Bolero” o “Choro”, y se domiciliaba en el pasaje Ecuador 24, barrio El Palomar, de Banda del Río Salí. El cuerpo del adolescente fue encontrado el sábado al mediodía, en un barranco de la ruta 307, 2,5 kilómetros antes de llegar a El Indio. Al menor lo mataron de un tiro en la cabeza. Según familiares, amigos y vecinos, fue víctima de una venganza por parte de un comerciante de Banda del Río Salí, que había amenazado con matarlo tras acusarlo por haberle robado un celular hace unos 10 días.
Cuando personal de Vialidad encontró el cuerpo, el adolescente tenía la cabeza dentro de una bolsa de plástico, y estaba cubierto con colchas. “Yo tuve que reconocerlo. No podía creer lo que había sucedido. No me dejaron que le vea la cara”, relató ayer Nilda Suárez, una de las cinco hermanas del adolescente.
La última vez que habían visto al chico fue el martes, a la noche. “Había salido ese día y nosotros nos preocupamos el miércoles a la mañana. Fuimos a hacer la denuncia, pero recién la recibieron el jueves”, agregó Nilda.
Según los familiares, Angel había sido amenazado por Carlos Prado, propietario de una carnicería ubicada en inmediaciones de la casa del adolescente, sobre avenida Independencia al 500. “Un día llegó, en su camioneta, acompañado por sus hijos, y se metió en mi casa, armado con un látigo, buscando a mi hermano. Se cree que porque tiene plata es el dueño del barrio. Mi hermano no le había hecho nada”, aseguró Nilda. El sábado, luego de que se supo que Ariel había aparecido muerto, los vecinos, furiosos, apedrearon el frente de la carnicería. La intervención de la Policía impidió que incendiaran el local. Anoche, había mucha tensión en la zona pues se temía que hubiera nuevos incidentes; por ese motivo se había dispuesto la presencia de grupos de combate, al mando del comisario José Reinaldo Carrizo.
Luego de sacarlo de la casa, los amigos de Juárez llevaron el cuerpo, siempre a pie, a lo largo de cinco kilómetros hasta un cementerio de Alderetes, mientras golpeaban la tapa del ataúd. “Aguante, el ‘Choro’, no te vamos a olvidar nunca”, gritaban sus amigos. Durante el camino apedrearon algunos autos. Los padres del chico, Aide Díaz y Juan Suárez, estaban destrozados. “Esto no puede quedar así. Estos tipos tienen que estar presos. No mataron a un perro”, dijeron. Los familiares de Suárez negaron que él haya estado detenido alguna vez por ilícitos. “Sólo lo demoraron por carecer de guardador legal, pero no tenía antecedentes”, dijeron. En la Policía dijeron que había estado detenido por hurtos, pero que por su edad era inimputable. Los investigadores creen que el adolescente había sido secuestrado el martes a la noche, y que luego de matarlo lo trasladaron en un vehículo hasta el camino a Tafí del Valle donde lo arrojaron. “Algo así no lo hace cualquiera”, dijo uno de los investigadores. El viernes personal de la Brigada Este, al mando del comisario Héctor Cheín, ya había solicitado la detención de Prado, pero la Justicia se la había negado. El hombre podría presentarse hoy en Tribunales.
Cuando personal de Vialidad encontró el cuerpo, el adolescente tenía la cabeza dentro de una bolsa de plástico, y estaba cubierto con colchas. “Yo tuve que reconocerlo. No podía creer lo que había sucedido. No me dejaron que le vea la cara”, relató ayer Nilda Suárez, una de las cinco hermanas del adolescente.
La última vez que habían visto al chico fue el martes, a la noche. “Había salido ese día y nosotros nos preocupamos el miércoles a la mañana. Fuimos a hacer la denuncia, pero recién la recibieron el jueves”, agregó Nilda.
Según los familiares, Angel había sido amenazado por Carlos Prado, propietario de una carnicería ubicada en inmediaciones de la casa del adolescente, sobre avenida Independencia al 500. “Un día llegó, en su camioneta, acompañado por sus hijos, y se metió en mi casa, armado con un látigo, buscando a mi hermano. Se cree que porque tiene plata es el dueño del barrio. Mi hermano no le había hecho nada”, aseguró Nilda. El sábado, luego de que se supo que Ariel había aparecido muerto, los vecinos, furiosos, apedrearon el frente de la carnicería. La intervención de la Policía impidió que incendiaran el local. Anoche, había mucha tensión en la zona pues se temía que hubiera nuevos incidentes; por ese motivo se había dispuesto la presencia de grupos de combate, al mando del comisario José Reinaldo Carrizo.
Luego de sacarlo de la casa, los amigos de Juárez llevaron el cuerpo, siempre a pie, a lo largo de cinco kilómetros hasta un cementerio de Alderetes, mientras golpeaban la tapa del ataúd. “Aguante, el ‘Choro’, no te vamos a olvidar nunca”, gritaban sus amigos. Durante el camino apedrearon algunos autos. Los padres del chico, Aide Díaz y Juan Suárez, estaban destrozados. “Esto no puede quedar así. Estos tipos tienen que estar presos. No mataron a un perro”, dijeron. Los familiares de Suárez negaron que él haya estado detenido alguna vez por ilícitos. “Sólo lo demoraron por carecer de guardador legal, pero no tenía antecedentes”, dijeron. En la Policía dijeron que había estado detenido por hurtos, pero que por su edad era inimputable. Los investigadores creen que el adolescente había sido secuestrado el martes a la noche, y que luego de matarlo lo trasladaron en un vehículo hasta el camino a Tafí del Valle donde lo arrojaron. “Algo así no lo hace cualquiera”, dijo uno de los investigadores. El viernes personal de la Brigada Este, al mando del comisario Héctor Cheín, ya había solicitado la detención de Prado, pero la Justicia se la había negado. El hombre podría presentarse hoy en Tribunales.
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