17 Noviembre 2006 Seguir en 
Friedman fue uno de los economistas más grandes del mundo en el siglo XX. Para algunos fue el más grande de todos. Tengo por él un gran aprecio y admiración personal.
Fue un hombre estricto y estudioso. En sus seminarios no aceptaba oyentes; por lo tanto, quien asistía debía presentar un trabajo final. Rechazaba los trabajos que tenían dos errores de ortografía o cuando no entendía los conceptos presentados.
Lo conocí en Chicago, en los años 60, en mi condición de alumno. Tomé clases de Teoría Monetaria, que anteriormente se llama Teoría de Precios. Algunos de sus discípulos fueron Adolfo Diz y Rubén Almonacid (tucumano, ya fallecido). Luego nos volvimos a encontrar en Stanford en 1988, durante una entrevista personal que le solicité, donde hablamos durante una hora. Fue un gran regalo.
Con el paso del tiempo fui comprendiendo muchos de los principios o postulados que defendía. En uno de ellos sostenía que los investigadores perdían libertad y adquirían un compromiso profesional cuando salían fuera del ámbito académico a buscar fondos para desarrollar una investigación.
En más de una oportunidad, Friedman fue al departamento de Política de la Escuela de Chicago a discutir distintos temas. Por ejemplo, definía que la libertad de mercado generaba libertad política. También solía poner en aprietos a los matemáticos, cuando con un simple razonamiento e inducción analizaba una situación y sus efectos posteriores. Sin dudas fue un gran pensador. (Especial para LA GACETA)
Fue un hombre estricto y estudioso. En sus seminarios no aceptaba oyentes; por lo tanto, quien asistía debía presentar un trabajo final. Rechazaba los trabajos que tenían dos errores de ortografía o cuando no entendía los conceptos presentados.
Lo conocí en Chicago, en los años 60, en mi condición de alumno. Tomé clases de Teoría Monetaria, que anteriormente se llama Teoría de Precios. Algunos de sus discípulos fueron Adolfo Diz y Rubén Almonacid (tucumano, ya fallecido). Luego nos volvimos a encontrar en Stanford en 1988, durante una entrevista personal que le solicité, donde hablamos durante una hora. Fue un gran regalo.
Con el paso del tiempo fui comprendiendo muchos de los principios o postulados que defendía. En uno de ellos sostenía que los investigadores perdían libertad y adquirían un compromiso profesional cuando salían fuera del ámbito académico a buscar fondos para desarrollar una investigación.
En más de una oportunidad, Friedman fue al departamento de Política de la Escuela de Chicago a discutir distintos temas. Por ejemplo, definía que la libertad de mercado generaba libertad política. También solía poner en aprietos a los matemáticos, cuando con un simple razonamiento e inducción analizaba una situación y sus efectos posteriores. Sin dudas fue un gran pensador. (Especial para LA GACETA)
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