Gestos para retomar la iniciativa

Por Hugo E. Grimaldi, columnista de DyN. Bush y Kirchner, cada uno por su lado, elaboraron de distintos modos sus duelos tras las derrotas electorales.

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12 Noviembre 2006
BUENOS AIRES.- Cada uno elabora sus duelos como puede. George W.Bush, el presidente de la nación más poderosa del mundo, fue vapuleado por la opinión pública en las elecciones del martes pasado, y el miércoles mismo por la tarde convocó a una conferencia de prensa, respondió preguntas y repreguntas, y ofreció como trofeo de la derrota la cabeza del secretario de Defensa. Inmediatamente después llamó a los líderes de la oposición demócrata y se sentó a dialogar de cara a los dos años que le faltan de mandato. Bush quedó desguarnecido: perdió el control de las dos Cámaras legislativas y demasiadas gobernaciones de su propio palo cambiaron de bando.
Por su parte, Néstor Kirchner estuvo un par de días aislado en su casa patagónica y algunos más callado la boca; pero cuando hizo una lectura personal del "misionazo" optó por anular de raíz lo que interpretó que era la causa de su padecer: la manipulación institucional a través de mecanismos de reelección que, a los ojos de la gente, hoy resultan inaceptables. Entonces, a su pedido, rodaron las cabezas de Eduardo Fellner, primero, y de Felipe Solá después (aunque este no debería dejar de reprocharse nunca lo mal que manejó toda la situación, totalmente diferente de la de Misiones y de la de Jujuy).
Ni aún en un país con tantos remiendos institucionales como es la Argentina la envergadura de un plebiscito provincial casi marginal, donde la gente votó contra un pichón de caudillo pleno de arbitrariedades y mañas punteriles y, por ende, a favor de las instituciones, puede compararse con el derrape fenomenal del presidente Bush y sus controvertidas decisiones de guerra; pero el símil vale para describir formas y actitudes.
El estadounidense con palabras y el argentino con gestos, ambos presidentes apuntaron, desde su acendrada concepción de animales políticos, a resguardar la gobernabilidad; por eso pusieron en marcha, cada uno como pudo, sus respectivas contraofensivas. El tiempo dirá si lo hicieron para no quedar como "patos rengos" hasta el fin de cada mandato o por el convencimiento genuino de que, en democracia, la gente siempre tiene razón y, en consecuencia, hay que cambiar.
A Kirchner por primera vez en tres años se le olieron las debilidades: la oposición se encabritó y comenzó a buscar alianzas para desactivar leyes más que controvertidas; algunos empresarios sugirieron cierta flexibilización en los acuerdos de precios, y hasta los miembros de la Corte hicieron escuchar su voz públicamente por la desatención del Ejecutivo hacia la conformación del tribunal.

En el laboratorio
En tanto, el Presidente siguió desplegando su estrategia de laboratorio para volver al centro de la escena, y mostrarse otra vez fuerte y decidido. Así, enhebró una jugada a dos bandas. A su decisión de empezar a instalar como presidenciable la figura de su esposa al tiempo que sugería que él -para no pegarse a los réprobos- no aspiraba a una legítima reelección que, por otra parte, nadie le podría cuestionar, se sumó una sorpresiva estocada de protagonismo de la senadora Fernández, aplicada cuando presentó un proyecto para reducir, con el tiempo, a cinco los integrantes del más alto estrado judicial.
En este punto hay divergencias entre las fuentes consultadas en la Casa de Gobierno y en el Congreso sobre si el reclamo de los jueces y las réplicas duras del oficialismo fueron sólo una puesta en escena para generar un ambiente de amable conformidad legislativa hacia la reducción, o si los magistrados y el jefe de la bancada de senadores del peronismo, Miguel Pichetto, hablaron por las suyas y discutieron públicamente sin saber lo que se estaba cocinando.
Es probable que algunos de los que se mostraron en primera instancia de acuerdo aún no terminen de saber si la reducción de los miembros de la Corte es sólo una jugada para mostrar activismo político o si se trata de un modo encubierto de manejo de voluntades hacia el futuro (cinco es mejor que nueve), sobre todo porque varios de los ministros nombrados por el Gobierno han demostrado criterios jurídicos propios, a veces alejados del parecer y de las necesidades del Ejecutivo. El ministro Fayt acaba de decir que el problema no es tanto el número de jueces sino la cantidad de causas que se deslizan hasta la Corte por agujeros en los procedimientos.
Hoy, el concepto de moda para el oficialismo es el de "calidad institucional" y a él se remite todo el Gobierno: lo desarrolló el Presidente en su meditación post Misiones; lo remarcó luego Alberto Fernández durante la semana en el recinto y, por último, lo eligió Cristina de Kirchner para dar a conocer su proyecto a los periodistas.
Sin embargo, la oposición, con la sangre en el ojo aún por los cambios en el Consejo de la Magistratura, la reglamentación de los DNU y la consagración de los superpoderes, dice que está dispuesta a unirse, en principio, para intentar torcer el destino en esta última ley o para evitar con un voto unificado (aunque insuficiente) la prórroga de la Emergencia Económica, porque tiene otros parámetros que considera más elevados para medir el grado de calidad de las instituciones. De allí, la puja que se viene para tomar el centro del ring en el tema, ya que la elección misionera -la mejor encuesta que existe- ha demostrado que la cuestión les importa, y mucho, a los ciudadanos.
El empujón legislativo que se le dará a la Ley de Emergencia Económica que esta semana, y la reaparición del Presidente y de su esposa en actos públicos, junto a sus referencias electorales, le han agregado a su gestión otras dos contradicciones más que evidentes entre el decir y el hacer, una debilidad que persigue al Gobierno en muchos temas desde el minuto cero y que fue, desde el lado de la responsabilidad que le cupo, el germen de la derrota electoral en Misiones.

La pastera de Fray Bentos
Otro tanto ocurre en el caso de Gualeguaychú, donde por no decir lo que se sabe -que la construcción de la pastera de Fray Bentos ya no tiene retroceso-, se sigue apelando a fórmulas dilatorias que enmascaran la situación para que los ambientalistas no se radicalicen, como haberle pedido al rey de España que se encargue de facilitar el diálogo. El proceso hay que leerlo, desde lo político: las elecciones entrerrianas, las primeras del turno de 2007, serán en cuatro meses. Total, si la goleada se consuma -hasta ahora desairaron la posición argentina la Corte de La Haya, el Tribunal del Mercosur y la CFI- siempre se puede poner la responsabilidad en un tercero.
Mientras tanto, la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, cumplió durante la semana un abrumador peregrinaje por Washington con una carta del presidente Kirchner en la mano, hasta que logró conversar con autoridades del Banco Mundial, para pedirles que no desembolsen dinero que active la construcción. "¿Usted cree que nosotros vamos a financiar algo que no respete las cuestiones ambientales?", disparó un ejecutivo del BM ante una consulta periodística, mientras desde las usinas oficiales se sigue insistiendo en que el crédito no llegará porque será frenado por el enviado del rey de España. En tanto, Botnia sigue creciendo, ladrillo a ladrillo.
Por el lado de la Emergencia Económica, el discurso oficial y sus afanes comunicacionales se despliegan en un largo listado de logros económicos estadísticamente incontrastables que, junto con el veranito de consumo que vive la sociedad, marcan que hoy que la emergencia parece haber pasado. Sin embargo, el Presidente insiste desde el atril en que aún se vive en el infierno, quizás para justificar la prórroga que -de no darse- obligaría a atender sin demoras, entre otras, situaciones conflictivas derivadas de las tarifas y de la deuda.

La visión de Giuliani

Pero bastó que durante la semana el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani haya dicho que la Argentina "no es más un país emergente" para que algunos oficialistas despistados, más papistas que el Papa, interpretaran la referencia como que la Argentina "es un país desarrollado". El concepto, claramente antiemergencia, fue inmediatamente rebatido por economistas afines al Gobierno a través de los medios del Estado, lo que dejó aún más en evidencia la dualidad. La situación se agigantó aún más cuando la calificadora Standar & Poor?s señaló que existen problemas energéticos y una necesidad imperiosa de alentar inversiones en el sector, y en el Gobierno hubo enojo por el calibre de tanta mala onda.
La segunda contradicción es política, surge de la propia interna del oficialismo y es más flagrante. El Presidente ordenó no hablar de candidaturas hasta 2007, y, sin embargo, Cristina de Kirchner salió a mostrarse junto a él en rituales muy similares a los de la campaña electoral de 2005. El propio Kirchner les prohibió gestos similares a los eventuales sucesores de Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires, quienes por ahora sólo tienen facultades para caminar la provincia, anudar alianzas, instalar su nombre, pedir encuestas... y nada más.
Sin embargo, alguien que bien conoce los vericuetos de la interna arriesgó que no debería extrañar que el oficialismo lleve dos (o aun tres) candidatos en la provincia de Buenos Aires, para que la medición final la haga la gente. El mismo habitante de la Casa Rosada aseguró: "aquí, hoy, la candidata es Cristina". ¿Y mañana?, se le repreguntó: "... (?)". No sabe, no contesta. La respuesta únicamente está en la cabeza del presidente Kirchner.







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