Urge planificar la inclusión escolar

12 Noviembre 2006
El tema de la inclusión escolar constituye una inquietud central de los años recientes. No es para menos, cuando se tienen en cuenta las crecientes cifras de menores que abandonan los establecimientos educativos sin completar el ciclo. Ese abandono obedece a distintas razones, que reconocen un vasto arco. El mismo va, por ejemplo, desde la precaria situación económica o la sobre-edad, hasta el desapego por un sistema que no proporciona al educando lo que su espíritu necesita para formularse un proyecto de vida.
   La trascendencia que reviste la cuestión es evidente. Si los miembros de una comunidad no llegan a cumplimentar siquiera la educación elemental, aparece como imposible que esa comunidad pueda progresar efectivamente en cualquier terreno; ello además de las graves secuelas sociales que la falta de educación hace estallar inevitablemente.
   Hemos venido informando acerca de las exposiciones sobre tal cuestión, vertidas en el seminario internacional, efectuado en esta ciudad, sobre “Estrategias de inclusión educativa y socio-laboral de jóvenes excluidos”. En esas jornadas, la ministra de Educación de Tucumán afirmó que en nuestra provincia se ha logrado, entre 2004 y 2006, que retornen a la escuela 9.200 chicos de entre 6 y 17 años que habían abandonado las aulas o no habían asistido nunca. Ello fue posible, dijo, por la acción de una red, articulada con otros sectores de la sociedad, para reconstruir “el sentido de pertenencia del niño y su autoestima”.
   Por su parte, su colega de Salta expresó que, dado que la mitad de las escuelas de su provincia se localiza en zonas campesinas alejadas y con diversidad cultural, la inclusión debió considerar también el respeto a sus culturas y a sus lenguas. Mencionó, como una de las estrategias utilizadas, la de establecimientos abiertos los días sábados, para que los chicos realicen actividades artísticas y deportivas.
   El problema no es solamente argentino, aunque eso no deba servirnos de consuelo. En Francia -donde la educación  es gratuita y obligatoria hasta los 16 años-, según la coordinadora de Cooperación Educativa Internacional, cada año muchos jóvenes abandonan el sistema educativo. Ocurre, a pesar de que existen mecanismos de recuperación  y seguimiento de alumnos que actúan de inmediato. Por ello es que muchos puntos de las leyes-marco se actualizan con frecuencia, para encarar la cuestión.   Pero considera la experta que, cuando el abandono ocurre, hay que convenir que “ha fallado la escuela, desde el ministro hasta la última maestra, y también toda la sociedad”.    Pensamos que le asiste razón. La comunidad debe considerar que la inclusión escolar de todos sus miembros constituye un desafío que debe atenderse a conciencia, porque en ella están involucrados tanto su presente como su futuro mediato e inmediato, en todos los terrenos.
   Estamos de acuerdo con que enfrentamos una realidad de frecuente abandono de las aulas, en todo el país. El cuadro se mantiene, a pesar de los logros, nada desdeñables, que ha apuntado nuestra ministra de Educación, para el caso de Tucumán. Esto marca, como urgente, la necesidad  de concentrarse sobre el fenómeno para corregirlo, a través de una tarea conjunta donde se comprometan tanto el Estado, como la familia y las organizaciones.
   La observación de cada realidad, unida a la experiencia propia y ajena, y al consejo de los expertos, todo ello aplicado concienzudamente, tiene que producir resultados. Por cierto que la tarea requiere una actividad constante, capaz de reacomodar las estrategias, cuando existan razones que así lo aconsejen.


Tamaño texto
Comentarios