Marte ataca

No hay gobernabilidad posible sin un plan de gobierno sobre el cual acordar. La sociedad política del oficialismo sólo se basa en la distribución de los fondos del erario. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACET

09 Noviembre 2006
El cineasta Tim Burton presenta en su satírica película “Marte Ataca” una invasión de los vecinos de la Tierra. Cuando esta gente verde aterriza, su líder da un mensaje a los terrícolas: “venimos en paz”. Y ahí nomás, saca un arma y carboniza humanos.
Al final, se aclara que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, sólo porque el realizador no conoce Tucumán. Porque aquí, el gobernador y el vicegobernador dicen, por separado, “la gobernabilidad está garantizada”. Pero en simultáneo, sus huestes desenfundan armas de antimateria (estatal). Los alperovichistas apuntan al presupuesto de la Legislatura y quieren condicionar una nueva ampliación. Y los juristas ponen en la mira las partidas políticas del Presupuesto 2007; el pago del 20% de los salarios estatales con ticket; el Pacto Social (asistencia financiera a municipios); y el sistema de adjudicación de obras públicas. Aquí, queda claro, el oficialismo habla marciano. Y bien.

Falacias verdaderas
La trampa discursiva del oficialismo, incluso, es más profunda que la de los extraterrestres. Aquí, la falacia no está en la palabra “garantía”, sino en el término “gobernabilidad”. Y esto se debe a que aunque José Alperovich y Fernando Juri se jurasen eterna lealtad, no habría gobernabilidad posible, simplemente porque no hay un plan de gobierno sobre el cual pactar. Y la gobernabilidad es eso: trazar metas de largo plazo y acordar que, pase lo que pase, no se tocan.
Aquí, en cambio, la carencia de esa plataforma gubernamental quedó expuesta con las desavenencias entre los presidentes de los poderes políticos y en las armas que velan ambos bandos. En lugar de un acuerdo oficialista en torno de una agenda de Estado, todo lo que hay es, en los términos de Ricardo López Murphy en su última visita, “una coalición crematística de efectividades conducentes”. Antes que un Gobierno, hay una administración de la cosa pública basada en el reparto de fondos del erario. Y lo que se conoce por gobernabilidad, es apenas una distribución de esos recursos que deja a todos contentos. Porque no parecen existir ni las más básicas coincidencias entre los socios. Luego, las amenazas entre alperovichistas y juristas giran alrededor del gasto público.
Justamente, la precaria situación en que se encuentra la fórmula gobernante se debe también a que los hechos la llevaron a fundarse en una variable sumamente inestable: una política sustentada en una bonanza económica, que no depende de esta gestión. Es que, como si fuera un espejo de la política, la recuperación económica también está sostenida en un elemento volátil: el consumo. Mejor sería que se basase en la inversión. Pero la alfombra roja para emprendedores sólo se usó con las tragamonedas.

Negociaciones
Debajo de esta carencia estructural que implica la no existencia de políticas de Estado, hierve un mentidero. Unos dicen que ya no hay marcha atrás, y otros afirman que siendo la política el arte de lo posible, nada termina hasta que se termina. Que el gobernador ya dijo que la fórmula no va más, y que Juri, consciente de que el dueto no se repite, decidió adelantar los tiempos y forzar la ruptura ahora. Que Juri sí quiere ser reelecto, pero tira la cuerda para no resignar espacios de poder. Que la escaramuza es para que Juri negocie en desigualdad de condiciones, pero en definitiva que se quede, porque el gobernador padece el “síndrome Misiones”. A propósito, la derrota sufrida por el gobernador Carlos Rovira deja conclusiones inquietantes. Una es que el mandatario no perdió votos. Sacó el mismo porcentaje de sufragios (un 44%) que lo hicieron gobernador. De ello deviene que allá y acá, el negocio es dividir a los opositores. Del mismo modo, la moraleja es que ni Rovira allá, ni Alperovich acá, pueden ganarle a una oposición unida en torno de un referente con buena imagen. Y esa cuestión se completa con el ingrediente secreto de la receta: la pata peronista. Rovira perdió porque el PJ estaba fracturado y un sector importante lo enfrentó. Salvando distancias, Antonio Bussi gozó de los beneficios de las peleas intestinas del PJ cuando ganó la gobernación en 1995.
Pero más allá de si negocian los términos de un nuevo contrato societario en el poder, o si acuerdan con qué armas ir a la guerra, la ausencia de un plan rector para la provincia sigue acercándonos dramáticamente al humor negro de Burton. Porque en él, los marcianos nunca dicen para qué quieren conquistar la Tierra. No se sabe, incluso, si ellos lo saben. Sí queda claro que buscan la suma del poder. Y que para conseguirlo, son capaces de manifestar públicamente que no hay nada que temer. Mientras sonríen. Y sacan un arma.


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