El gran guiñol de Kirchner

El mandatario bonaerense decidió volver a su casa y dejar atrás su proyecto reeleccionista. Parquedad en España sobre la mediación del rey en el conflicto papelero. Por Angel Anaya - Columnista

07 Noviembre 2006
BUENOS AIRES.- No había otro camino que el de vuelta a casa para el gobernador bonaerense, Felipe Solá, y lo hizo desde el despacho del poder central con una soledad que se resistía a reconocer. Su vocero en el anuncio fue nada menos que el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, quien sostuvo la satisfacción del Gobierno central por el paso atrás, después de la reunión con Kirchner. “No hay que generar falsos debates y dilemas”, dijo convencido Fernández, dejando en el pasado el criterio derrotado en Misiones con efecto nacional de muy raros precedentes. Después, el lugar común que siempre es necesario en estos casos: “nunca estuve aferrado al cargo y ahora nadie podrá aprovechar la situación”. Ni siquiera fue necesaria la embestida que ya estaba armada por el consejo del PJ bonaerense, encabezado por otro fiel al presidencialismo, el titular de Diputados, Alberto Balestrini, quien igualmente se frota sus manos mirando al sillón de Dardo Rocha y en competencia con Fernández, si la senadora Fernández de Kirchner, claro, no termina siendo la seleccionada por el centralismo. La lección de  Misiones, efectivamente, está tan viva como el primer día, pero si bien forzó al poder central a revisar su doctrina hegemonista, todavía falta mucho para que esa revisión sea poco más que un maquillaje. El Presidente, aunque en silencio, sigue igual manejando los hilos del guiñol unitario sin disimulo alguno.

Blindado y en silencio
La parquedad de los medios españoles sobre el resultado de la mediación de Juan Carlos I en el conflicto de las papeleras no ha evitado cierta crítica a la información confusa de Buenos Aires que por momentos le atribuyó la iniciativa al monarca y no al presidente argentino. Kirchner no tuvo otra finalidad que ese propósito para cruzar el río, y lo hizo virtualmente encapsulado en su silencio con terceros, utilizando inclusive un vehículo blindado que eludió el paseo con sus colegas iberoamericanos. La explicación de esa táctica esquiva fue el atento oído del comité vecinal de Gualeguaychú, convencido de que únicamente los cortes disciplinantes de frontera sirven para lograr éxitos; es decir, que Montevideo desista de una obra que representa por sí sola un 15% del crecimiento de su economía, y que ya cuenta con un alto grado de aprobación en el Banco Mundial. En el fondo de ese panorama y para quienes observan desde lejos el entuerto argentino uruguayo, el caso es el más revelador que nuestra historia regional registra sobre dificultados de convivencia, y debe apelarse a la vieja corona colonial. Todo indica que Tabaré Vázquez, apoyado sobre el pronunciamiento de La Haya, seguirá adelante, y que Néstor Kirchner nada hará ejecutivamente para impedir los bloqueos fronterizos del cercano verano. (De nuestra Sucursal)






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