Hay que aprovechar las reservas naturales

07 Noviembre 2006
Nuestra provincia, a pesar de su pequeña extensión, atesora -en materia de patrimonio natural- un parque nacional, Los Alisos, y nueve reservas provinciales: Santa Ana, Los Sosa, Quebrada del Portugués, La Florida, La Angostura, Aguas Chiquitas, Sierras de San Javier y Horco  Molle (ambas de la UNT), a las que sumó, hace poco, Tafí del Valle. Ello totaliza la muy significativa cantidad de 350.000 hectáreas puestas bajo protección legal.
   Sin duda, es un título de honor para Tucumán haber ido estableciendo, a través de los años, esa protección para sectores significativos de tal patrimonio. Mucho tuvo que ver, con la creación de ese espíritu, la prédica y acción constantes de la generación que rodeó a Juan B. Terán en la fundación de la Universidad. Es sabido que el sabio Miguel Lillo, así como Alberto Rougés, Ernesto Padilla, Juan Heller y tantos otros, fueron tenaces defensores de la preservación de la selva tucumana.
Piénsese que Julio López Mañán, otra memorable figura de ese equipo, propuso -según consta en su libro “Tucumán antiguo”, de 1916- que, como gran acto de celebración del Centenario de la Independencia, Tucumán constituyese una reserva. Esta debía comprender “toda la parte montañosa que se extiende desde el cerro de San Javier, en toda su corrida, hasta los límites de la provincia al oeste: el límite sur y el límite norte de la reserva arrancarían, así, de ambas cabeceras del expresado cerro y se prolongarían rectamente al oeste”.
Con motivo del Día de los Parques Nacionales, en nuestra edición de ayer dedicamos una nota al tema de la explotación turística de las reservas tucumanas. Uno de los expertos consultados, apuntaba: “en general, las áreas protegidas no son aprovechadas como lugares de acceso al turismo alternativo, y ni siquiera como sitios de recreación, debido a la falta de planes estratégicos de desarrollo”. Le asiste razón. Tanto el Parque Nacional Los Alisos como las vastas áreas que, dentro de la provincia, tienen carácter de reservas, en la actualidad no son todo lo accesibles al público que debieran ser. Faltan, sin duda, los trabajos de infraestructura necesaria, para que tucumanos y forasteros puedan aprovechar lo que esos majestuosos ámbitos pueden ofrecer en materia de contacto con la naturaleza viva, de información y de conocimiento sobre ella, y de recreación. Así, se hace necesario que las autoridades planteen, como objetivo prioritario, llenar dicho vacío. Es un tema donde se hallan involucradas tanto la promoción turística, como la posibilidad de que los tucumanos conozcan la riqueza natural que poseen. Nadie puede dudar de que dicho vínculo irá fortaleciendo, paulatinamente, ese cariño por el propio patrimonio que convierte, a quien lo experimenta, en su protector. La presidenta del Ente Tucumán Turismo anunció que se licitarán obras para mejorar el acceso a Los Alisos. Ello es positivo, pero de ninguna manera suficiente. La infraestructura tiene que abarcar no solamente los accesos, sino también las vías internas de visita (a las zonas donde esto sea permitido), los paraderos, la existencia de guías en cantidad suficiente y la constante vigilancia. Esto último tiene importancia, si pensamos que los descuidos en la materia han dado por resultado grandes desastres. Los tan frecuentes incendios de bosques tienen como origen habitual la imprudencia del hombre. En fin, debe utilizarse la experiencia de otros parques nacionales del país, para mejorar en todo aspecto los servicios a brindar. Además, los parques, bien explotados, pueden redituar un importante provecho económico, que engrosaría su presupuesto de mantenimiento y renovación.





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