Un diálogo que vaya de la mano de respuestas

El gobernador Alperovich sigue sin ceder a los reclamos de los privados, pero ahora al menos las partes se reúnen y conversan. El efecto del año electoral en las decisiones. Por Fernando García Soto - Redacción L

06 Noviembre 2006
La instancia de diálogo entre el Gobierno tucumano y las entidades intermedias que representan al sector privado de la provincia quedó definitivamente establecida en la semana que pasó. En menos de 48 horas, dos instituciones -la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), primero, y la Unión Industrial de Tucumán (UIT), luego- lograron el propósito de reunirse con el habitualmente esquivo gobernador José Alperovich, que parece haber comprendido que una confrontación permanente con los privados sólo le significaría una pérdida de votos en un año electoral como el que se avecina, en el que debe revalidar nada menos que su mandato.
Lamentablemente para los empresarios, no hay temarios definidos en las reuniones que el Poder Ejecutivo inició en octubre con la Federación Económica de Tucumán (FET), y que siguió ahora con los ruralistas y los industriales. Se conversa a “agenda abierta”, lo que en radio o en televisión significaría “sin guión”, o sea, improvisación pura. De esta forma, el gobernador cumple con mostrarse dialoguista con el sector privado -al que tuvo “en el freezer” durante tres años-, pero no concede ni un centímetro a los reclamos más comprometidos que se le puedan formular, como por ejemplo, una disminución en la presión fiscal (realmente, ¿alguien se imagina al Estado provincial resignando recursos en un año electoral?).
Pero si el Gobierno no está dispuesto a promocionar inversiones o aliviar la carga impositiva que recae sobre los generadores de la riqueza de la provincia, al menos deberá cumplir con otros pedidos no menos importantes, y para los cuales no existen excusas. Un reclamo recurrente del empresariado -en sus distintas ramas- es la necesidad de que la Provincia combata la ilegalidad, que se manifiesta de muchísimas formas en Tucumán, y que afecta directamente a quienes sostienen la estructura estatal con sus impuestos.

Las rutas
Si el gobernador cree que no es el momento de atender la queja contra el esquema del impuesto a los ingresos brutos, que coloca a los empresarios tucumanos en un plano de competitividad inferior respecto de sus pares de los distritos vecinos, por lo menos debería responder al planteo recurrente de los privados en favor de que se acondicione la infraestructura caminera en la provincia. Con la cosecha del limón concluida hace ya tiempo y con la zafra azucarera que agoniza, quedan varios meses por delante para que se encaren trabajos de reparación de las rutas secundarias y terciarias, para evitar, entre otras cosas, que vehículos con caña o con limones deban transitar por las carreteras principales, con el costo en vidas humanas que esto representa. Alperovich dejó tranquilas a las autoridades de la Rural, cuando les aseguró que es inminente el llamado a licitación para los trabajos de reacondicionamiento de las carreteras tucumanas.
De cualquier forma, el gobernador debe tener claro que no sólo con palabras y reuniones conformará a los empresarios. Algunas soluciones a los insistentes reclamos de los privados tendrán que surgir del Estado.






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