El escarmiento de Misiones

Por Carlos Abrehu, Secretario General de Redacción. El despeño de Rovira y de Fellner impactó en la Casa de Gobierno.

05 Noviembre 2006
Antes de las elecciones del domingo pasado, en Misiones, los políticos coincidían en que Carlos Rovira se proponía quebrar la ley de la gravedad, pero no fracasó estrepitosamente. El aliado de Néstor Kirchner buscaba su tercer mandato consecutivo. Ganando, iniciaba el ciclo triunfal de las reelecciones. La fila de gobernantes de con planes continuistas era larguísima. Cada uno de ellos iba a tributar con votos a la alforja kirchnerista. Tucumán no era ajena a esa expectativa. La Casa de Gobierno especulaba con el derrame de la ola triunfalista que abriría Rovira. Sus contrincantes ansiaban la catástrofe. Antes del escrutinio, Alperovich confiaba en que se impondría su homólogo con el voto de los misioneros. Profetizó mal: Rovira perdió ampliamente. El gobernador acusó, además, a la oposición de nacionalizar los comicios de la provincia del nordeste. Otra lectura fallida: el propio Presidente le dio a Misiones el carácter de test match de la política nacional, al polemizar abiertamente con el obispo emérito de Iguazú, Joaquín Piña, y con la propia Iglesia, cuando arrancaba la lucha electoral.
La primera reacción de desagrado contra Alperovich partió de uno de los voceros oficiosos de la administración federal. El secretario de Tierras para el Hábitat Social, Luis D?Elía, sin pelos en la lengua, afirmó: "El resultado de Misiones es un mensaje claro para el resto de los gobernadores que plantean reelecciones, como Felipe Solá, Alperovich y el jujeño Eduardo Fellner". De ese modo, el ex piquetero intentó alejar al Presidente del revés rovirista y encendió luces rojas en el trayecto de los tres mandatarios. Alperovich buscó mejorar su posición en el asunto al achacar la derrota a los manejos del gobernador misionero y no a Kirchner. Aunque luego D?Elía debió enmendar la plana, sus dichos no cayeron en saco roto. Fellner resignó su pretensión de forzar una reforma constitucional para postularse por un tercer período en Jujuy, pese a que es un alfil kirchnerista de la primera hora y a que sólo le faltaba un convencional para adecuar la Carta Magna local a sus designios.
El Presidente lo sacó de la cancha porque quiere proteger su propio intento continuista. La ofensiva releccionista de Fellner podía terminar siendo un bumerán y el fracaso del jujeño acabaría impactando en la Casa Rosada. Y Solá está a un tris de quedar en el camino, por decisión judicial, en Buenos Aires. La guerra verbal tapó la sigilosa visita del operador presidencial Juan Carlos Mazzon a Tucumán. Dicen que habló con Alperovich para trasmitirle la preocupación de la Casa Rosada por algunas de sus afirmaciones de principios de semana. La situación política local sobrevoló en esa charla reservada y Mazzon no permaneció más de dos horas en territorio tucumano.

La onda expansiva
La guerra entre Alperovich y el vicegobernador Fernando Juri ganó en visibilidad. Salió de los pasillos a los medios de comunicación y a la arena política. ¿Efecto de la crisis del rovirismo en Misiones? Los alperovichistas decidieron quemar etapas y apropiarse del aparato justicialista. El desplome de Rovira y el repliegue obligado de Fellner crisparon los nervios del oficialismo, pero la discordia en la cúspide del poder data de varios meses atrás. La sanción de la reforma de la Constitución de 1990 clausuró un ciclo y los proyectos empezaron a diferenciarse lentamente. El vínculo entre Alperovich y Juri entró en una fase de agudo deterioro. La relación política entre ellos no es buena, pero aún no afectó el funcionamiento institucional de la provincia. El teatro de batalla se focalizó en la Legislatura, donde chocan las directivas de Alperovich, generalmente plasmadas en decretos de necesidad y urgencia (DNU), con el control que ensaya ejercer la oposición con el apoyo de los representantes leales a Juri.
El radical Juan Robles acabó por desequilibrar la balanza con su pedido de investigación sobre el presunto enriquecimiento ilícito del jefe del Poder Ejecutivo. Jurídicamente cuestionable, en su esencia política apuntó a generar conmoción. Esto y la decapitación del alperovichista Antonio Raed de la comisión de Asuntos Constitucionales, precipitaron la andanada del alperovichismo.
Además, el vicegobernador hizo pie dentro del oficialismo gobernante en la república, lo que no pasó inadvertido en Tucumán. Juri hizo escuchar su versión de los hechos en despachos empinados del kirchnerismo en Buenos Aires. En su derredor, se arguyó que ya no hay una sola visión de la conflictiva realidad comarcana, pero no se abandonó la cautela. Desde que Alperovich empezó a diferir la designación de su segundo para las elecciones de gobernador en 2007, en las filas del jurismo se afianzó la convicción de que la ruptura era cuestión de tiempo. "Con los brazos cruzados no me quedaré", suele decir a sus colaboradores. "Se pintó la cara para la guerra", opinó uno de ellos. El oficialismo tampoco retrocede en su afán expansionista. "Alperovich es imparable", predica con fervor de cruzado el ex ministro mirandista y actual legislador José Alberto Cúneo Vergés.

La calidad institucional
El freno popular a la tercera reelección de Rovira , además de frustrar una obsesión por el poder, implicó devolver jerarquía pública a la calidad de las instituciones. Un tema que parecía abstracto alcanzó, de pronto, una proximidad notable para el ciudadano. En las sociedades democráticas, la Constitución ha sido un muro de contención para la perpetuación de los inquilinos del poder político. Cuando se la retoca para acomodarla a un plan de continuismo, se prepara el camino para experiencias de concentración de poder. La lección de Misiones proyectó otra luz sobre la Carta Magna reformada este año en Tucumán. La reelección indefinida del gobernador se la había planteado en los primeros tiempos de la discusión previa a la elección de convencionales constituyentes. El ministro político Edmundo Jiménez era partidario de que el pueblo y no una cláusula constitucional le pusiera término a las ambiciones continuistas del gobernador. La propuesta levantó una polvareda en un momento político inoportuno. No prevaleció su criterio en el texto sancionado en junio pasado. Al gobernador Alperovich, en efecto, se le autorizó tentar la reelección en su cargo con límites. Sin embargo, en caso de iniciar un nuevo mandato en 2007, podría liberarse de ese cerrojo. Hacia 2009, bien podría modificar la Constitución por la vía de una enmienda sancionada por una Legislatura adicta. Un referendo popular debería ratificarla a continuación. Ese alambicado mecanismo institucional habilitaría el camino a la reelección indefinida del gobernador, situación que en Misiones acabó con la carrera política de Rovira. Alguien con intenciones de permanecer en el poder más allá de lo que la prudencia aconseja, bien podría emprender esa exploración. Entonces, es acertada la advertencia del jurista Luis Iriarte acerca de que la posibilidad de la reelección sin techo "está siempre latente, cual espada de Damocles". A no sorprenderse, pues.

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