Kirchner desactiva focos opositores

Por Hugo E. Grimaldi, Columnista de DyN. El tiempo que tomó el Presidente para emitir una señal política tras la derrota en Misiones fue cubierto por operaciones de prensa.

05 Noviembre 2006
BUENOS AIRES.- ¿Qué tan lejos quedó Misiones? No tanto como al Gobierno le hubiera gustado, en términos de imagen, luego de sus calculadas acciones dilatorias, pero tampoco tan cerca como para que se piense en replicar el modelo del FUD en el resto del país, sin un monseñor Joaquín Piña a la cabeza para aglutinarlo. En principio, Néstor Kirchner busca ahora quitarle banderas a la oposición: desactivó el caso Jujuy y todo indica que avanza contra las pretensiones de Felipe Solá, en Buenos Aires.
El tiempo que se ha tomado el Presidente para emitir alguna señal política, tras la derrota del domingo anterior, fue cubierto durante la semana por algunas operaciones de prensa que sirvieron para diluir el traspié. La protesta diplomática por el uso, por parte del Uruguay, de mayor caudal de agua del río compartido para surtir a la finlandesa Botnia, más los nuevos cortes de los pobladores de Gualeguaychú y hasta la decisión de un juez de San Rafael de preguntar por María Estela Martínez de Perón y algunos de sus ministros sirvieron para sacar de las primeras planas el caso misionero.
No obstante tanta enjundia mediática, la procesión fue por dentro en la opinión pública, que volvió a recordar en la ocasión que no hay mandatarios invulnerables y que, cuando alguien abusa del poder y de las instituciones, ella tiene el poder del voto para castigarlo. Lo que le sumó mayor calidad al suceso es que la decisión de no convalidar prácticas hegemónicas sucedió en una de las provincias más pobres del país. Tal como se dio, la situación patentizó la brecha que separa a sus ciudadanos de la bonanza de los de las grandes ciudades.
La profundidad de la lección misionera tuvo su sustento en que la dignidad pudo más que las dádivas vergonzosas del gobernador y los apoyos del gobierno central, quien tras el shock inicial y el silencio presidencial se ha visto compelido a decir algo por vía indirecta, cinco días después, sugiriéndole al gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner que desista de su proyecto, situación que debilita en su intento de seguir en el cargo, aunque, en otro contexto, al mismísimo gobernador bonaerense.
Es probable que las encuestas (si se sigue creyendo en ellas) hayan reflejado que la gente vio con mucho desagrado el episodio. Y que, para evitar mayor deterioro de imagen, Kirchner, que pareció haber sido avisado de antemano de que sobrevendría el mazazo, se recluyó en el sur para pasar el mal trago y luego hizo silencio de radio para que nadie le marque los tiempos, actuó en consecuencia.
El Coloquio de IDEA, que acaba de finalizar en Mar del Plata, resultó otra hendidura más en el corte vertical que cada vez se generaliza más en la Argentina en diferentes temas, en este caso entre los dirigentes de empresa y la jerarquía gubernamental.
Lo patético de la reunión fue que, mientras con todo cuidado y ropaje más que formal para no irritar al león, desde la tribuna se callaron críticas a los controles de precios o a la situación energética, por ejemplo, y se propusieron acciones de interacción entre lo público y lo privado, los funcionarios nacionales desertaron en masa para no contradecir lo que se ha interpretado en IDEA como una orden presidencial al respecto. ¿Qué decía la mayor parte de los empresarios, algunos porque están convencidos, otros porque hoy ganan mucho dinero y otros para no sonar disonantes? Los hombres de negocio sostenían que como ahora están más que bien en lo económico y que, como no tienen urgencias al respecto, entonces este resulta también un buen momento para hablar de valores, de transparencia, de tecnología, de ciencias, de la industria cultural, etcétera. Y que, por ello, buscaban interactuar con el Gobierno, no irritarlo.
Claro está que algunos de los asistentes pensaban que, ante la deserción de los gobernantes, era mejor ir al choque, sacando a relucir las cuestiones conflictivas, pero sin embargo prevaleció la postura interna de mostrar a IDEA como una usina de pensamiento, que quiere influir, pero no imponer, sin escándalos.
Igualmente, en la periferia del Coloquio primó la política. La presencia de Juan Carlos Blumberg o de Francisco de Narváez aportaron cierto tufillo a lanzamiento, con la presencia de -quizás- dos futuros contendores de Felipe Solá, que desagradó vivamente a la audiencia en la cena inaugural por su falta de claridad al exponer las justificaciones sobre su pretensión de seguir siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires.
En los pasillos de IDEA nada se desperdició, pero se escucharon muchas voces de apoyo al proceso económico. Como la de un experto en deuda, que dijo que ya a Wall Street poco le importan los tenedores de bonos que se quedaron afuera del canje y que este elemento no es determinante para que lleguen nuevas inversiones a la Argentina.
En el caso de Misiones, se escuchó decir, con la maldad de los convencidos: "billetera mata a galán".
Se aseguró también que la ausencia de "derrame" emparenta el actual modelo económico con la década del 90, un razonamiento que las actuales autoridades no querrían escuchar jamás y que con este viento de cola internacional, cualquier otro dirigente podría conducir el proceso económico con tanto o mayor éxito que el gobierno actual, con mayor prolijidad y buenos modales. Roberto Lavagna, esta vez ausente de Mar del Plata, fue mencionado casi al unísono, y en voz baja, como "el segundo mejor".
Tanto se cuidó el detalle de no hablar en público, que hasta el presidente del Coloquio, Enrique Pescarmona hizo al comenzar una advertencia sobre el uso de micrófonos, para que no se involucre a IDEA en cualquier opinión personal. Sin embargo, el diablo metió la cola a último momento y en la cena de cierre, se escuchó la crítica más fuerte hacia el Gobierno de los tres días de Coloquio, que no partió de ningún empresario, sino de una invitada, la polémica periodista e intelectual catalana Pilar Rahola.
Con un ropaje "de izquierdas", como marketineramente le gusta presentarse y que seguramente le da muy buenos dividendos, la visitante apuntó fuerte contra los cortes de calles o de rutas y contra quienes los consienten en nombre del progresismo. Para Rahola, ex vicealcaldesa de Barcelona, "si no hay orden democrático no hay democracia", sostuvo con un lenguaje provocativo especialmente agradable al oído del auditorio. "Ustedes tienen un problema, cuando su gobierno cree que esto no es prioritario", remató histriónicamente la catalana desbordando el aplauso.
Y en obvia alusión a los piqueteros urbanos y a los asambleístas de Gualeguaychú que han construido un muro simbólico sobre la ruta para impedir el paso hacia el Uruguay, la catalana disparó: "las vías de tránsito son un espacio compartido y no de propiedad de la pancarta y quien las secuestra y extorsiona con ello es un cretino". Seguramente, la ovación que siguió a tan efectista frase se debe haber escuchado con nitidez en Balcarce 50. (DyN)




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