05 Noviembre 2006 Seguir en 
Por Graciela Chamut (Master en Dirección de Empresas).
Las vacaciones generan un cambio agradable en la vida laboral: el descanso merecido después de un año de trabajo. Sin embargo, al interior de la empresa, la situación genera complicaciones que deben ser previstas con anticipación.
La empresa se prepara para reorganizar su personal de forma tal que pueda sostener su nivel de productividad. En otras firmas comienza el boom de su actividad, por la estacionalidad de su producto, y la programación acentúa la necesidad de incorporación de personal. El descanso de la planta laboral suele ser escalonado, y comienza en forma anticipada a los meses de verano, buscando que no genere cuellos de botella y evitar inconvenientes en la atención de clientes o en la producción.
Hay distintas formas posibles de adaptarse al cambio. Están las empresas que cierran sus puertas 15 días o más. Es la que adoptan empresas chicas bien posicionadas, que pueden y prefieren afrontar los costos fijos sin ingresos durante ese tiempo. Pero corren el riesgo de que los clientes habituales se vayan a la competencia, y en algunos casos, no retornen. Para evitar esto, deben diferenciarse por su producto, por su precio, por la calidad de su atención o por alguna otra característica que sea claramente percibida como superior a las demás por los clientes.
En estos casos, se evita la necesidad de generar reemplazos. También están las compañías que mantienen un ritmo parecido de trabajo durante el receso veraniego, por lo que necesitan reponer las plazas descubiertas.
Mientras en la empresa pública la cantidad de personal excede las necesidades del trabajo, en la empresa privada falta personal, sobre todo a partir del aumento de las exigencias legales e impositivas para contratar y mantener empleados, lo que desalienta las incorporaciones nuevas. Esta es la razón por la cual se sobrecarga a los que ya están trabajando, agregando tareas o tiempo de trabajo.
Así las cosas, es imposible no sentir el impacto de la falta de personal en vacaciones, y las empresas lo solucionan en la mayoría de los casos con el llamado a personas que son contratadas por un término fijo de tiempo, para reemplazar a los empleados permanentes.
Esta decisión entraña algunos riesgos: la falta de experiencia o conocimiento del empleado nuevo; la lealtad que este empleado pueda sentir hacia la empresa, y la confianza que se puede depositar en él; y la expectativa por parte del empleado de quedar definitivamente en la empresa, a pesar de conocer los términos del contrato.
Las empresas grandes y bien estructuradas en el área de Recursos Humanos tienen una división de plantel que toma, por un lado, los cargos jerárquicos, y por otro los empleados con menor poder de decisión. Para el primer grupo, están estructurados los cuadros de reemplazo que permiten prevenir eventuales necesidades. El mismo cuadro se utiliza para cubrir ausencias por vacaciones, y el personal lo percibe como posibilidades de desarrollo de carrera, para mejorar y ascender en sus funciones.
La ventaja de ascender en forma momentánea es asegurar el mantenimiento de la cultura de la empresa en los niveles de toma de decisiones, lo que es de fundamental importancia. Es la razón por la que no se reemplaza con personal externo a los cargos jerárquicos, a excepción de cargos específicos, como el médico, o el técnico de laboratorio, que tienen una tarea cuya complejidad no excede los conocimientos propios del profesional.
En los casos en que se toma personal eventual durante las vacaciones, se tiene especialmente en cuenta las sugerencias de los buenos empleados de la organización, que permiten el ingreso de gente de afuera, con pocas barreras de entrada. La mayoría de las empresas procuran que los nuevos no estén en los horarios pico de actividad, para no elevar las exigencias, y cuidan que estén acompañados por alguien interno que tenga experiencia en la tarea, para resolver cualquier inconveniente.
Por su parte, para quienes están dispuestos a hacer reemplazos en el verano, esta situación es la oportunidad de adquirir experiencia, insertarse aunque sea provisoriamente en el medio laboral y hacer valer esta experiencia para otras búsquedas, o para una vacante en la misma empresa.
El secreto del éxito del personal eventual está en trabajar con un alto índice de autoexigencia, sentir y demostrar lealtad hacia la empresa, estar dispuesto al aprendizaje continuo, y generar -en donde esté- un clima laboral agradable y de alta productividad. Es, sin dudas, la fórmula para ser recordado y llamado nuevamente, para estar mejor posicionado para una selección en otras empresas y también la posibilidad de quedar en planta permanente si la vacante fuera definitiva. El mejor CV que puede mostrar una persona es la aprobación y recomendación de jefes y compañeros de trabajo.
Las vacaciones generan un cambio agradable en la vida laboral: el descanso merecido después de un año de trabajo. Sin embargo, al interior de la empresa, la situación genera complicaciones que deben ser previstas con anticipación.
La empresa se prepara para reorganizar su personal de forma tal que pueda sostener su nivel de productividad. En otras firmas comienza el boom de su actividad, por la estacionalidad de su producto, y la programación acentúa la necesidad de incorporación de personal. El descanso de la planta laboral suele ser escalonado, y comienza en forma anticipada a los meses de verano, buscando que no genere cuellos de botella y evitar inconvenientes en la atención de clientes o en la producción.
Hay distintas formas posibles de adaptarse al cambio. Están las empresas que cierran sus puertas 15 días o más. Es la que adoptan empresas chicas bien posicionadas, que pueden y prefieren afrontar los costos fijos sin ingresos durante ese tiempo. Pero corren el riesgo de que los clientes habituales se vayan a la competencia, y en algunos casos, no retornen. Para evitar esto, deben diferenciarse por su producto, por su precio, por la calidad de su atención o por alguna otra característica que sea claramente percibida como superior a las demás por los clientes.
En estos casos, se evita la necesidad de generar reemplazos. También están las compañías que mantienen un ritmo parecido de trabajo durante el receso veraniego, por lo que necesitan reponer las plazas descubiertas.
Mientras en la empresa pública la cantidad de personal excede las necesidades del trabajo, en la empresa privada falta personal, sobre todo a partir del aumento de las exigencias legales e impositivas para contratar y mantener empleados, lo que desalienta las incorporaciones nuevas. Esta es la razón por la cual se sobrecarga a los que ya están trabajando, agregando tareas o tiempo de trabajo.
Así las cosas, es imposible no sentir el impacto de la falta de personal en vacaciones, y las empresas lo solucionan en la mayoría de los casos con el llamado a personas que son contratadas por un término fijo de tiempo, para reemplazar a los empleados permanentes.
Esta decisión entraña algunos riesgos: la falta de experiencia o conocimiento del empleado nuevo; la lealtad que este empleado pueda sentir hacia la empresa, y la confianza que se puede depositar en él; y la expectativa por parte del empleado de quedar definitivamente en la empresa, a pesar de conocer los términos del contrato.
Las empresas grandes y bien estructuradas en el área de Recursos Humanos tienen una división de plantel que toma, por un lado, los cargos jerárquicos, y por otro los empleados con menor poder de decisión. Para el primer grupo, están estructurados los cuadros de reemplazo que permiten prevenir eventuales necesidades. El mismo cuadro se utiliza para cubrir ausencias por vacaciones, y el personal lo percibe como posibilidades de desarrollo de carrera, para mejorar y ascender en sus funciones.
La ventaja de ascender en forma momentánea es asegurar el mantenimiento de la cultura de la empresa en los niveles de toma de decisiones, lo que es de fundamental importancia. Es la razón por la que no se reemplaza con personal externo a los cargos jerárquicos, a excepción de cargos específicos, como el médico, o el técnico de laboratorio, que tienen una tarea cuya complejidad no excede los conocimientos propios del profesional.
En los casos en que se toma personal eventual durante las vacaciones, se tiene especialmente en cuenta las sugerencias de los buenos empleados de la organización, que permiten el ingreso de gente de afuera, con pocas barreras de entrada. La mayoría de las empresas procuran que los nuevos no estén en los horarios pico de actividad, para no elevar las exigencias, y cuidan que estén acompañados por alguien interno que tenga experiencia en la tarea, para resolver cualquier inconveniente.
Por su parte, para quienes están dispuestos a hacer reemplazos en el verano, esta situación es la oportunidad de adquirir experiencia, insertarse aunque sea provisoriamente en el medio laboral y hacer valer esta experiencia para otras búsquedas, o para una vacante en la misma empresa.
El secreto del éxito del personal eventual está en trabajar con un alto índice de autoexigencia, sentir y demostrar lealtad hacia la empresa, estar dispuesto al aprendizaje continuo, y generar -en donde esté- un clima laboral agradable y de alta productividad. Es, sin dudas, la fórmula para ser recordado y llamado nuevamente, para estar mejor posicionado para una selección en otras empresas y también la posibilidad de quedar en planta permanente si la vacante fuera definitiva. El mejor CV que puede mostrar una persona es la aprobación y recomendación de jefes y compañeros de trabajo.







