05 Noviembre 2006 Seguir en 
"Cuando el país abandonó la estabilidad de precios fue como un shock para mi economía, y me resultó imposible seguir comprando en los supermercados como antes. De inmediato recurrí a marcas más baratas y, obviamente, a adquirir menos artículos que antes. Ahora, las cosas se van recomponiendo". Lo dice Juan Pablo Díaz Villagra, un joven cabeza de familia que de a poco vuelve a adquirir algunas primeras marcas en los súper.
El caso de Daniela Morales es similar. Separada y madre de dos niños, cuando se reinició el proceso inflacionario en la Argentina, a partir de 2002, se vio obligada a disminuir calidades y cantidades en lo que se refiere a artículos de supermercados. "Bajé calidad en algunas cosas y eliminé otras, en especial productos que no son de extrema necesidad, como bolsitas para guardar comida en la heladera, o golosinas, que compraba mucho", reveló. Comentó que en su casa se bebía "como agua" un conocido jugo de soja, y que esa costumbre tuvo que ser abandonada. "Otro cambio es que con la estabilidad de precios dejé de tener grandes reservas de productos", agregó. En lo que a calidades se refiere, Daniela admite que pasó a comprar segundas marcas, muchas de las cuales sigue adquiriendo aún. "Algunos productos, como el aceite, siguen siendo de la mejor calidad, porque no es algo que deba comprar tan a menudo. En artículos de limpieza sí o sí bajé calidad, y no me interesa recuperarla", añadió.
María Isabel Dip es una profesional de buen pasar en lo económico, que no resignó primeras marcas por la inflación. "El cambio fue que dejé de comprar productos que no fueran necesarios. Antes metía de todo en el carro, sin fijarme, y luego fui más restrictiva. Ahora la situación se estabilizó un poco, pero no volví a comprar con la soltura de antes", relató.
Valeria Melián afirma que en productos de primera necesidad mantuvo primeras marcas, lo que no ocurrió con otros artículos.
El caso de Daniela Morales es similar. Separada y madre de dos niños, cuando se reinició el proceso inflacionario en la Argentina, a partir de 2002, se vio obligada a disminuir calidades y cantidades en lo que se refiere a artículos de supermercados. "Bajé calidad en algunas cosas y eliminé otras, en especial productos que no son de extrema necesidad, como bolsitas para guardar comida en la heladera, o golosinas, que compraba mucho", reveló. Comentó que en su casa se bebía "como agua" un conocido jugo de soja, y que esa costumbre tuvo que ser abandonada. "Otro cambio es que con la estabilidad de precios dejé de tener grandes reservas de productos", agregó. En lo que a calidades se refiere, Daniela admite que pasó a comprar segundas marcas, muchas de las cuales sigue adquiriendo aún. "Algunos productos, como el aceite, siguen siendo de la mejor calidad, porque no es algo que deba comprar tan a menudo. En artículos de limpieza sí o sí bajé calidad, y no me interesa recuperarla", añadió.
María Isabel Dip es una profesional de buen pasar en lo económico, que no resignó primeras marcas por la inflación. "El cambio fue que dejé de comprar productos que no fueran necesarios. Antes metía de todo en el carro, sin fijarme, y luego fui más restrictiva. Ahora la situación se estabilizó un poco, pero no volví a comprar con la soltura de antes", relató.
Valeria Melián afirma que en productos de primera necesidad mantuvo primeras marcas, lo que no ocurrió con otros artículos.







