03 Noviembre 2006 Seguir en 
Música y poesía pasaron juntas, a través de un torrente de luz que llegó directamente a las fibras más íntimas de quienes estaban frente a él, casi siempre en silencio, vibrando. Spinetta tiene, entre muchas otras, la particularidad de transmitir mucha energía, y genera una apacible expectación en un público muy heterogéneo (en edades, aspecto y extracción social). Esa es la explicación para que durante dos horas la concentración se haya mantenido intacta, con prescindencia de la parafernalia normal de los recitales de rock, que incluye luces blancas apuntando a la cara de la gente, o el volumen a todo lo que da. Habían pasado 11 años desde la última actuación de Spinetta en Tucumán, y el dato no fue menor para él. Lo mencionó en el escenario, se disculpó y dijo que le parecía que lo aplaudían más de lo que merecía. La injustificada espera, sin embargo, se apaciguó apenas se abrió el telón del Alberdi. Y entre nuevas y viejas canciones, el Flaco se ganó otra vez a todo el público, como si eso todavía le hiciera falta.
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