25 Octubre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Charly García festejó el lunes su cumpleaños número 55, y el caos y el desconcierto fueron los protagonistas del recital que brindó, como ocurrió en sus últimos aniversarios, en el teatro Gran Rex.
Todo vino mal desde el inicio. Charly, tan obsesivo como creativo, quiso que el concierto no se escuchara en vivo, sino por medio de auriculares conectados a radios de FM que cada asistente debía llevar. El transmitiría por frecuencia modulada. Pero no hubo forma, por más esfuerzos que los técnicos hayan hecho, que la onda llegara a los receptores como correspondía. Y empezaron los ataques de ira.
El recital se inició con una hora de demora, luego de que el músico llegó al teatro montado en una limusina blanca junto a Débora de Corral, vestida de novia punk, pero después de dos canciones comenzaron los inconvenientes con el audio y tiró al suelo unos teclados.
Después de una larga pausa, ya de madrugada, Charly y el trío de músicos chilenos que le acompaña (que quedaron sin saber qué hacer en varios tramos del recital, aparentemente por falta de ensayo) volvieron al escenario para interpretar clásicos como "Demoliendo hoteles", "Nos siguen pegando abajo" y "El fantasma de Canterville", entre otros.
"¿No se escucha nada? Esa es la idea", le dijo Charly a un público tan numeroso como fiel, en su mayoría adolescentes y jóvenes que aguardaron pacientemente ante cada interrupción del concierto y aplaudieron las intervenciones del artista.
Los problemas con el sonido continuaron y con ellos vino la furia de Charly, que la emprendió contra una guitarra y varios equipos, luego de cantar una particular versión del clásico de los Stones "Play with Fire". (Especial)
Todo vino mal desde el inicio. Charly, tan obsesivo como creativo, quiso que el concierto no se escuchara en vivo, sino por medio de auriculares conectados a radios de FM que cada asistente debía llevar. El transmitiría por frecuencia modulada. Pero no hubo forma, por más esfuerzos que los técnicos hayan hecho, que la onda llegara a los receptores como correspondía. Y empezaron los ataques de ira.
El recital se inició con una hora de demora, luego de que el músico llegó al teatro montado en una limusina blanca junto a Débora de Corral, vestida de novia punk, pero después de dos canciones comenzaron los inconvenientes con el audio y tiró al suelo unos teclados.
Después de una larga pausa, ya de madrugada, Charly y el trío de músicos chilenos que le acompaña (que quedaron sin saber qué hacer en varios tramos del recital, aparentemente por falta de ensayo) volvieron al escenario para interpretar clásicos como "Demoliendo hoteles", "Nos siguen pegando abajo" y "El fantasma de Canterville", entre otros.
"¿No se escucha nada? Esa es la idea", le dijo Charly a un público tan numeroso como fiel, en su mayoría adolescentes y jóvenes que aguardaron pacientemente ante cada interrupción del concierto y aplaudieron las intervenciones del artista.
Los problemas con el sonido continuaron y con ellos vino la furia de Charly, que la emprendió contra una guitarra y varios equipos, luego de cantar una particular versión del clásico de los Stones "Play with Fire". (Especial)
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