23 Octubre 2006 Seguir en 
San Pablo.- En la recta final hacia el ballottage del domingo, para elección el presidente de Brasil, el clima político se enrarece. El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Lula Da Silva, opinó que sus adversarios en los comicios deberían pedirle a Dios para que él sea reelegido y pueda dejar al país mucho mejor. Así lo afirmó en un acto en la ciudad de Tiradentes, al este de San Pablo, mientras la oposición redobló sus críticas.
Los partidos opositores avanzaron en su intento de acorralar al mandatario con revelaciones que surgen de un informe de la Policía Federal y que vinculan a su secretario personal con la compra de un dossier contra sus candidatos. Intentan demostrar que Lula sabía que miembros de su Partido de los Trabajadores (PT) pretendían comprar las informaciones, al parecer falsas, que vinculaban a los candidatos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) al gobierno de San Pablo, José Serra, y a la presidencia de la República, Geraldo Alckmin, con un sonado caso de corrupción. “Si el presidente no sabe nada como siempre afirma, él ya no es el presidente; es un demagogo”, afirmó el jefe de campaña de Alckmin, senador Sergio Guerra, según el diario “Folha de Sao Paulo”.
En tanto, Carlos Sampaio, relator de la comisión parlamentaria que investiga el escándalo de corrupción, al que pretendía vincularse a los socialdemócratas, solicitó el sábado que el Congreso convoque a declarar a funcionarios cercanos a Lula, entre ellos Gilberto Carvalho, jefe de Gabinete y secretario personal.
Nada ajeno a las acusaciones contra sus allegados, Da Silva aprovechó un acto en Tiradentes para resaltar que él gobierna para la mayoría, en contraposición a su rival Alckmin, que “gobierna para los ricos”, y rebatió las afirmaciones de sus oponentes que lo acusan de querer dividir al país en ricos y pobres.
La oposición corre contra reloj y contra las encuestas de intención de votos, que otorgan a Lula una ventaja de 21 puntos porcentuales sobre Alckmin, para revertir la muy probable reelección del candidato de izquierda, quien no alcanzó ese objetivo en las urnas el 1 de octubre, precisamente por este escándalo denominado dossiergate. (AFP)
Los partidos opositores avanzaron en su intento de acorralar al mandatario con revelaciones que surgen de un informe de la Policía Federal y que vinculan a su secretario personal con la compra de un dossier contra sus candidatos. Intentan demostrar que Lula sabía que miembros de su Partido de los Trabajadores (PT) pretendían comprar las informaciones, al parecer falsas, que vinculaban a los candidatos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) al gobierno de San Pablo, José Serra, y a la presidencia de la República, Geraldo Alckmin, con un sonado caso de corrupción. “Si el presidente no sabe nada como siempre afirma, él ya no es el presidente; es un demagogo”, afirmó el jefe de campaña de Alckmin, senador Sergio Guerra, según el diario “Folha de Sao Paulo”.
En tanto, Carlos Sampaio, relator de la comisión parlamentaria que investiga el escándalo de corrupción, al que pretendía vincularse a los socialdemócratas, solicitó el sábado que el Congreso convoque a declarar a funcionarios cercanos a Lula, entre ellos Gilberto Carvalho, jefe de Gabinete y secretario personal.
Nada ajeno a las acusaciones contra sus allegados, Da Silva aprovechó un acto en Tiradentes para resaltar que él gobierna para la mayoría, en contraposición a su rival Alckmin, que “gobierna para los ricos”, y rebatió las afirmaciones de sus oponentes que lo acusan de querer dividir al país en ricos y pobres.
La oposición corre contra reloj y contra las encuestas de intención de votos, que otorgan a Lula una ventaja de 21 puntos porcentuales sobre Alckmin, para revertir la muy probable reelección del candidato de izquierda, quien no alcanzó ese objetivo en las urnas el 1 de octubre, precisamente por este escándalo denominado dossiergate. (AFP)







