El Congreso hace concesiones a los presos bolivianos

Incrementan medidas de presión en La Paz. "Seguiremos como estamos hasta que aprueben nuestras demandas", declaró un vocero de los internos del penal de San Pedro. Se enterraron hasta el cuello.

20 Octubre 2006
LA PAZ.- La huelga iniciada hace cuatro días por miles de presos en varias cárceles bolivianas se hizo más intensa ayer en La Paz, después de que el Congreso postergó hasta la semana próxima el debate de las demandas de los internos. Unos 8.000 reos -más de la mitad de la población carcelaria del país. exigen la reforma de una ley antidrogas, flexibilidad en las penas y rebaja de fianzas, entre otros reclamos. De hecho, el Congreso anticipó que reformará la ley antidrogas, estigmatizada por muy severa. Asimismo, prometió a los voceros de los presos que aprobará el “extramuro irrestricto” y la redención de condenas sin sin discriminar entre asesinos, violadores o reincidentes sentenciados.

Enterrados hasta el cuello
Sin embargo, los reclusos exigen el cumplimiento de la totalidad de sus reclamos. “Seguiremos como estamos hasta que aprueben nuestras demandas, hasta las últimas consecuencias”, declaró un vocero de los internos del penal de San Pedro, en La Paz, donde 1.600 reclusos permanecen en huelga e incrementan sus presiones sobre el gobierno del presidente Evo Morales. Las familias de estos presos mantienen control sobre las calles adyacentes al presidio, uno de los más antiguos de Bolivia. Ayer creció el número de internos que se enterraron hasta el cuello. También hay muchos más que se cosieron los labios y se suspendían en maderos dispuestos en cruz, atados con sogas. Algunos de ellos se infirieron cortes en el cuerpo. En cambio, la crisis pareció menguar en el penal de Cochabamba, aunque se estima que el conflicto seguirá en curso. (AFP-NA)

Pierde credibilidad una denuncia de Morales

LA PAZ.- Las recientes denuncias del presidente Evo Morales sobre una conspiración y un plan para asesinarlo se basaron en una llamada anónima, informó un vocero policial. Esa advertencia fue la que animó a Morales a decir, en una entrevista al vespertino francés “Le Monde”, que “veinte especialistas, militares veteranos”, habían llegado a La Paz desde Santa Cruz para asesinarlo en la Plaza de los Héroes, durante la concentración indígena que conmemoró el 12 de Octubre.
La llamada, según el reporte policial, fue recibida a las 10.15 de ese día. La radio policial escuchó que un hombre decía que una veintena de ex militares y policías de Santa Cruz, entre ellos su propio hermano, iban a atentar contra la vida del mandatario.
No obstante, funcionarios respaldaron lo dicho por Morales. Este usó un chaleco antibalas ese día, e involucró en la conspiración a la oposición política y a Washington. Los opositores dijeron que la paranoia se apoderó del gobierno, mientras que el embajador de EE.UU. en La Paz, Philip Goldberg, consideró que la denuncia no tenía fundamento. (Télam)





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