El mismo tenía razón: "todo debe pagarse"

En 2002 Terán, cuando se presentó ante la sociedad tucumana, advirtía que las instituciones estaban para encarrilar a los hombres. Las preocupaciones de Parache. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

19 Octubre 2006
"Hay muchas calamidades y todo debe pagarse. Pero para eso están las instituciones, que están integradas por hombres y debe producirse un drenaje natural; deben ser fuertes. Por ejemplo, si yo hago mal las cosas sería una tontería que me pidieran la renuncia. Lo que deben hacer es encarrilarme para que vaya por donde corresponde".
Estas palabras, aunque hoy parezcan premonitorias, las dijo el propio Felipe Terán, muy suelto de cuerpo, en marzo de 2002. Era su presentación mediática ante la sociedad tucumana, a la que empezaba a conocer. Había llegado en diciembre de 2001 proveniente de Catamarca -donde había tenido más de un problema como único magistrado federal de primera instancia- para hacerse cargo del juzgado federal número dos, que había quedado vacante por la renuncia de Ricardo Maturana.
Los cacerolazos, que propiciaban el "que se vayan todos", aún repicaban con indignación, porque mucho dinero de particulares había quedado atrapado en el corralito y, para colmo, el Estado nacional acaba de declararse en cesación de pagos (default), previa salida de la convertibilidad y devaluación del peso. La sociedad buscaba un saneamiento institucional, que en el ámbito del Poder Judicial apuntaba a la Corte Suprema, acusada de haber sido genuflexa al poder político durante la década del 90. Precisamente, la cita de Terán estaba dirigido a ese proceso que se había iniciado, por entonces sólo -o principalmente- para desactivar la tan denostada mayoría automática que, en la cúspide judicial argentina, corrió paralela al menemismo.
Entonces, Terán ni se imaginaba que sólo cuatro años más tarde esas mismas instituciones, a las que él les pedía que pusieran en caja los desajustes, para que todo se pagara y para que el drenaje fuera natural, iban a terminar dando cuenta de él en Tucumán. Y, quizás, no sólo de él. Porque puede que Terán sólo sea el emergente, el síntoma, de una forma de ejercer la magistratura en la Justicia Federal.
Durante las audiencias de debate del proceso de destitución que se siguió contra Terán y que ayer concluyó con su caída, el acusador Luis Pereira Duarte arriesgó una cita que puede terminar sintetizando una época. Dijo que, a juzgar por lo que sucedía en el despacho de Terán, Tucumán (la Justicia Federal quiso decir) era una fiesta.
Por eso, el otro juez federal, Jorge Parache, tiene motivos de sobra para estar tremendamente preocupado y asustado. La pregunta obvia es: si destituyeron a Terán, ¿por qué no habrían de decidir lo mismo respecto de él, si su proceder habría sido similar? Dicho sea de paso, con el agravante de que en la causa penal ("Taranto") no le imputan supuesta tentativa de defraudación contra el Estado con títulos públicos -como a Terán en "Borquez"-, sino supuesta participación en una defraudación consumada. Esta es la razón por la que ayer, en Buenos Aires, conjeturaban que Parache terminará renunciando. ¿Será que, cómo, decía Terán, se está produciendo un drenaje?


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