BUENOS AIRES.- El mayor partido político del país y probablemente de su historia, celebra hoy el Día de la Lealtad, jornada que, además, se dedicará al traslado de los restos de su fundador en una larga y ceremoniosa caravana de seis horas. Sin embargo, ese acontecimiento se caracterizará igualmente por las divisiones entre sus líderes contemporáneos, hasta el punto que ningún ex presidente correligionario de los cuatro que sobreviven acompañará al actual, Néstor Kirchner. Nunca en el pasado del PJ se dio una confrontación semejante, ni habrá discurso que pueda resumir en el homenaje de esta tarde esa lealtad tantas veces invocada pero rara vez tan incumplible. El peronismo, además, se encuentra afectado por el ardiente debate del pasado, convertido en memorias fraccionadas de los 70 y los 90, que impiden su normalización institucional después de dos años de intervención sin proyecto restaurador. Apenas hace unos días, el 12 de octubre, los españoles celebraron el Día de la Hispanidad, con una gran parada militar en la que se vieron desfilar a veteranos de los distintos bandos de la guerra española. Esto ha sido posible en más de una ocasión, después del Pacto de Moncloa, una propuesta demasiado ilusoria para nuestra política que la Unión del Centro de Democrático acaba de lanzar por enésima vez.
El nombre olvidado
Al gobierno de Kirchner se le reprocha desde las más veteranas filas del peronismo, la ausencia habitual de Juan Perón en sus mensajes, inclusive los más apasionados, a la vez que sus operadores de confianza le dedican sus esfuerzos de creación estructural al Frente para la Victoria. También llama la atención el escaso interés del Presidente por la normalización partidaria, cuyo tema no toca jamás. La lealtad es así una figura que sólo sirve de hecho para tapar o disimular las frecuentes mudanzas de militancias y que nunca demuestran mayor preocupación cuando se trata de la que hoy ser recuerda. Cuando Eduardo Duhalde, siendo presidente, resolvió promover el panteón de San Vicente, no imaginó su ruptura abismal con Kirchner, ni este pensó que se llevaría a cabo. Menos por la CGT, la única central sindical reconocida y que acaba de manifestar con ello el monopolio ideológico que ejerce sobre el mundo laboral. Los restos de Perón han tenido un historial difícil y agitado, que afectó inclusive a su integridad y a su dignidad posmortem. La forma política de ponerle fin acaso sea un discurso político magno, donde la lealtad invocada convoque a los arrepentimientos y a los acuerdos. Esta tarde se verá si alguien puede hacer ese milagro. (Sucursal Buenos Aires)
