16 Octubre 2006 Seguir en 
La crisis económica que atraviesa una gran parte de los clubes de fútbol no es nueva; pero, sin embargo, sigue produciendo situaciones que generan preocupación. Uno de esos casos lo encontramos en Tucumán: la participación de Ñuñorco en el torneo Argentino B se encuentra al borde del abismo, debido a la dura realidad que le impone la falta de recursos. Lo que viven los monterizos encuentra similitudes en todo el país, fundamentalmente entre aquellas entidades que participan de los torneos nacionales que organiza la AFA. Esto lleva a plantearse una vez más hasta dónde sirve seguir adelante con el actual organigrama y por qué no se toman medidas de fondo de una vez por todas.
Lo de Ñuñorco parece un túnel sin salida. El equipo se mantuvo varios años en el Argentino A y esta temporada descendió al B. Trae de arrastre una delicada situación económica e institucional, lo que llevó a armar una comisión de apoyo para buscar soluciones. Pero la falta de respuestas positivas en la búsqueda de avales para encarar los compromisos contraídos, llevó al grupo a renunciar. Mientras tanto, el plantel no cobra sus sueldos desde hace dos meses y el apoyo del público no alcanza.
Como tampoco es fácil el camino que recorren día a día La Florida y Concepción FC, y otros equipos tucumanos llamados “chicos”, que participan de certámenes nacionales, se impone un análisis a fondo sobre hasta dónde puede la razón sostener lo que el corazón dicta en situaciones como esta.
En un esquema de organización futbolística nacional evidentemente favorable al centralismo de un grupo de clubes metropolitanos, hoy no basta con ser popular en el interior para asegurarse un reparto de fondos de manera equitativa.
Que lo diga San Martín, si no. En un informe publicado por LA GACETA, quedó claramente expuesto el injusto esquema del reparto del dinero que se genera a partir de las recaudaciones, en este caso, en el Nacional B. Este, evidentemente, sigue perjudicando a los clubes no afiliados directamente a la AFA. En el estadio de La Ciudadela, los últimos partidos que jugaron los “santos” se hicieron con tribunas colmadas. Y aunque el local logró quedarse con una buena bolsa, igual fueron los clubes visitantes los que disfrutaron mucho más, beneficiados por el reglamento que les permite quedarse con la misma cantidad de dinero que el local en la venta de entradas populares. Esto, en casos de entidades con pocos simpatizantes, les permite en ocasiones llevarse más dinero que el que ganan jugando de locales.
Lo triste de la situación es que este asunto no se da igual cuando San Martín juega de visitante con uno directamente afiliado. Los montos que puede embolsar son exiguos y reafirman que el reglamento en vigencia está hecho a gusto y placer para los clubes que más cerca están de la sede de la AFA.
¿Qué les queda por hacer a los clubes que sufren esta situación? Apelar a que sus hinchas cambien su actitud de simples fieles seguidores y se asocien, para poder usar el difundido recurso del “socio-fútbol”, que permite el ingreso de un monto que no es pasible de reparto. Esta idea, muy difundida en Buenos Aires, no es más que un artilugio para saltar por sobre la reglamentación, pero es una salida lícita para no seguir siendo “los patos de la boda” en esta situación.
Lógicamente, lo mejor que puede pasar es que quienes rigen los destinos del fútbol abandonen las mezquindades de la pasión irracional y tomen medidas equitativas y de conformidad de todos. Porque como van las cosas, los casos como el de Ñuñorco dejarán en las provincias a la pelota cada vez más sola y a merced sólo de los poderosos.
Lo de Ñuñorco parece un túnel sin salida. El equipo se mantuvo varios años en el Argentino A y esta temporada descendió al B. Trae de arrastre una delicada situación económica e institucional, lo que llevó a armar una comisión de apoyo para buscar soluciones. Pero la falta de respuestas positivas en la búsqueda de avales para encarar los compromisos contraídos, llevó al grupo a renunciar. Mientras tanto, el plantel no cobra sus sueldos desde hace dos meses y el apoyo del público no alcanza.
Como tampoco es fácil el camino que recorren día a día La Florida y Concepción FC, y otros equipos tucumanos llamados “chicos”, que participan de certámenes nacionales, se impone un análisis a fondo sobre hasta dónde puede la razón sostener lo que el corazón dicta en situaciones como esta.
En un esquema de organización futbolística nacional evidentemente favorable al centralismo de un grupo de clubes metropolitanos, hoy no basta con ser popular en el interior para asegurarse un reparto de fondos de manera equitativa.
Que lo diga San Martín, si no. En un informe publicado por LA GACETA, quedó claramente expuesto el injusto esquema del reparto del dinero que se genera a partir de las recaudaciones, en este caso, en el Nacional B. Este, evidentemente, sigue perjudicando a los clubes no afiliados directamente a la AFA. En el estadio de La Ciudadela, los últimos partidos que jugaron los “santos” se hicieron con tribunas colmadas. Y aunque el local logró quedarse con una buena bolsa, igual fueron los clubes visitantes los que disfrutaron mucho más, beneficiados por el reglamento que les permite quedarse con la misma cantidad de dinero que el local en la venta de entradas populares. Esto, en casos de entidades con pocos simpatizantes, les permite en ocasiones llevarse más dinero que el que ganan jugando de locales.
Lo triste de la situación es que este asunto no se da igual cuando San Martín juega de visitante con uno directamente afiliado. Los montos que puede embolsar son exiguos y reafirman que el reglamento en vigencia está hecho a gusto y placer para los clubes que más cerca están de la sede de la AFA.
¿Qué les queda por hacer a los clubes que sufren esta situación? Apelar a que sus hinchas cambien su actitud de simples fieles seguidores y se asocien, para poder usar el difundido recurso del “socio-fútbol”, que permite el ingreso de un monto que no es pasible de reparto. Esta idea, muy difundida en Buenos Aires, no es más que un artilugio para saltar por sobre la reglamentación, pero es una salida lícita para no seguir siendo “los patos de la boda” en esta situación.
Lógicamente, lo mejor que puede pasar es que quienes rigen los destinos del fútbol abandonen las mezquindades de la pasión irracional y tomen medidas equitativas y de conformidad de todos. Porque como van las cosas, los casos como el de Ñuñorco dejarán en las provincias a la pelota cada vez más sola y a merced sólo de los poderosos.







