15 Octubre 2006 Seguir en 
La Iglesia buscará cerrar filas ante un eventual plan del gobierno de “quitarle poder” al cardenal Jorge Bergoglio mediante recorte de subsidios y algún “carpetazo” de Inteligencia destinado a desacreditar al purpurado, que es visto como líder de una oposición solapada.
La idea eclesiástica -pudo saber DyN- es “llamarse a silencio” hasta la Asamblea Plenaria de noviembre, cuando el centenar de obispos decida qué hacer frente al embate del presidente, Néstor Kirchner, y cuando tenga en la mano los resultados de la elección a convencionales constituyentes en Misiones. Esta puja electoral tensó la relación Iglesia-Gobierno pues el obispo emérito Joaquín Piña (Puerto Iguazú) es el más fuerte contrincante del gobernador Carlos Rovira, un incondicional aliado del primer mandatario que aspira a la reelección indefinida en la provincia.
La Casa Rosada pretende -según llegó a oídos de algunos prelados que revelaron a esta agencia los detalles- debilitar a Bergoglio con una “estrategia de tres puntas”. La primera consiste en fogonear la interna eclesiástica mediante el diálogo con un puñado de obispos considerados “amigos” en Balcarce 50 y que dicen no compartir las “formas pastorales” del primado.
La segunda, en recortar subsidios que el Estado entrega a las diócesis por diversos rubros; y en último caso se buscará apelar a hacer públicas carpetas de los servicios de información que perjudican la imagen del purpurado porteño.
En forma paralela, allegados a Kirchner pretenden sumar aliados impensados, como Esteban Caselli, ex embajador argentino ante el Vaticano en la era menemista, para pegarle a Bergoglio en uno de sus frentes más débiles: el presbítero Guillermo Marcó.
El vocero y hasta hace poco hombre de confianza del arzobispo quedó al borde de la renuncia -que presentó y le fue rechazada de momento- tras criticar el discurso que pronunció el papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona y que los musulmanes consideraron ofensivo al islam. Fuentes eclesiásticas sostienen que Caselli filtró, en una agencia de noticias católica internacional, la confirmación del desplazamiento de Marcó; y si bien la curia porteña desmintió en forma categórica la versión, medios oficiosos de la Iglesia la dan como un hecho consumado. “Hace días que Marcó ya no es vocero ni portavoz del cardenal”, aseguran.
No obstante, el temor eclesiástico radica -pudo constatar DyN- en los efectos del “carpetazo” del Gobierno contra Bergoglio, respecto de cuyo contenido fuentes religiosas dicen de antemano tener la certeza de que se sustenta en “viejas calumnias”.
Las mismas fuentes anticipan que el documento de los servicios de información reflota el conflicto de Bergoglio con los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, por el compromiso de estos con la “pastoral villera”. La consecuencia: el secuestro de ambos por un grupo de tareas el 23 de mayo de 1976 y su aparición después de cinco meses de cautiverio.
“Según el propio Yorio, el deseo de Bergoglio de sacárselo de encima lo tentó a hablar varias veces con Emilio Massera para que vinieran a llevarse a los terroristas infiltrados en la actividad evangelizadora”, aseguran que cita el dossier de Inteligencia .
En la Iglesia, en cambio, sostienen que la versión de los hechos es “maliciosa” y que, en realidad, Bergoglio hizo numerosas gestiones ante la Santa Sede para que los sacerdotes fueran trasladados a Roma y pudieran así salvar la vida.
La idea eclesiástica -pudo saber DyN- es “llamarse a silencio” hasta la Asamblea Plenaria de noviembre, cuando el centenar de obispos decida qué hacer frente al embate del presidente, Néstor Kirchner, y cuando tenga en la mano los resultados de la elección a convencionales constituyentes en Misiones. Esta puja electoral tensó la relación Iglesia-Gobierno pues el obispo emérito Joaquín Piña (Puerto Iguazú) es el más fuerte contrincante del gobernador Carlos Rovira, un incondicional aliado del primer mandatario que aspira a la reelección indefinida en la provincia.
La Casa Rosada pretende -según llegó a oídos de algunos prelados que revelaron a esta agencia los detalles- debilitar a Bergoglio con una “estrategia de tres puntas”. La primera consiste en fogonear la interna eclesiástica mediante el diálogo con un puñado de obispos considerados “amigos” en Balcarce 50 y que dicen no compartir las “formas pastorales” del primado.
La segunda, en recortar subsidios que el Estado entrega a las diócesis por diversos rubros; y en último caso se buscará apelar a hacer públicas carpetas de los servicios de información que perjudican la imagen del purpurado porteño.
En forma paralela, allegados a Kirchner pretenden sumar aliados impensados, como Esteban Caselli, ex embajador argentino ante el Vaticano en la era menemista, para pegarle a Bergoglio en uno de sus frentes más débiles: el presbítero Guillermo Marcó.
El vocero y hasta hace poco hombre de confianza del arzobispo quedó al borde de la renuncia -que presentó y le fue rechazada de momento- tras criticar el discurso que pronunció el papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona y que los musulmanes consideraron ofensivo al islam. Fuentes eclesiásticas sostienen que Caselli filtró, en una agencia de noticias católica internacional, la confirmación del desplazamiento de Marcó; y si bien la curia porteña desmintió en forma categórica la versión, medios oficiosos de la Iglesia la dan como un hecho consumado. “Hace días que Marcó ya no es vocero ni portavoz del cardenal”, aseguran.
No obstante, el temor eclesiástico radica -pudo constatar DyN- en los efectos del “carpetazo” del Gobierno contra Bergoglio, respecto de cuyo contenido fuentes religiosas dicen de antemano tener la certeza de que se sustenta en “viejas calumnias”.
Las mismas fuentes anticipan que el documento de los servicios de información reflota el conflicto de Bergoglio con los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, por el compromiso de estos con la “pastoral villera”. La consecuencia: el secuestro de ambos por un grupo de tareas el 23 de mayo de 1976 y su aparición después de cinco meses de cautiverio.
“Según el propio Yorio, el deseo de Bergoglio de sacárselo de encima lo tentó a hablar varias veces con Emilio Massera para que vinieran a llevarse a los terroristas infiltrados en la actividad evangelizadora”, aseguran que cita el dossier de Inteligencia .
En la Iglesia, en cambio, sostienen que la versión de los hechos es “maliciosa” y que, en realidad, Bergoglio hizo numerosas gestiones ante la Santa Sede para que los sacerdotes fueran trasladados a Roma y pudieran así salvar la vida.







