El mercader de Venecia, una polémica con más de cuatro siglos
La obra de Shakespeare se publicó en 1600 y sigue siendo debatida apasaionadamente. El director de "Personalmente Einstein" sostiene que la obra del dramaturgo inglés roza la discriminación. "El arte no es para complacer ni para conciliar y debe promover
Goloboff critica los estereotipos y Maccarini, a los intolerantes
"Los estereotipos como que el gallego es tonto y el judío tacaño, me parecen abominables. La obra de William Shakespeare trasciende lo teatral y lo estético, y roza el tema de la discriminación, que es una cuestión sensible, además muy exacerbada en la actualidad", sostuvo el director Leonardo Goloboff ante una consulta de LA GACETA. "Creo que en la puesta de Manuel Maccarini se insiste en el carácter judío de Shylock, asimilando lo judío a un sentido más amplio que al racial o religioso, para transformarlo en sinónimo de tacañería, vileza y usura. Para mí, tanto la versión como la puesta son un fallido, y la verdad que todos los tenemos alguna vez. Y me pregunto qué propósito tuvieron las autoridades al incluir ?El mercader de Venecia? en su programación", sostuvo Goloboff. Recordó, finalmente, que no se habla del judío Hamlet, ni del negro Otelo, ni de los veroneses Romeo y Julieta, para acentuar de qué modo se destaca esa condición racial en el caso de la obra.
Para Maccarini, a sus críticos "les pasa lo mismo que a Shylock: se están moviendo por pasión y están cegados". El director se mostró sorprendido por la movida antiobra. "Son intolerantes... ¿cómo van a descalificar de ese modo, y van a pretender que el arte sea lo que ellos quieren? Hay muchos prejuicios y preconceptos", afirmó. De todos modos, consignó: "el arte no es para complacer, no es conciliador, y debe promover la discusión".

Una trama compleja e ingeniosa
En la obra de William Shakespeare, Antonio es un rico mercader veneciano; su amigo Basanio, quien carece de fortuna, le pide prestada una suma de dinero para poder cortejar a la bella Porcia. Antonio no dispone puntualmente de ese dinero porque tiene sus bienes invertidos en una flota en el extranjero, por lo que concede su aval para que el prestamista judío Shylock aporte la suma necesaria. Como garantía del préstamo, Antonio ofrece una libra de su propia carne.
Mientras el romance de Porcia y Basanio prospera, llega la noticia del naufragio de la flota de Antonio, quien no puede devolver el préstamo. Shylock, resentido por los vejámenes que los cristianos infringen a los judíos, trama su venganza. Cuando expira el plazo del préstamo y la suma no le es devuelta, pretende cobrarse el aval, y el caso llega a juicio ante el Dux de Venecia.
Todo parece indicar que Shylock logrará salirse con la suya y arrancar su libra de carne y, con ella, la vida de Antonio. La intervención de un enigmático abogado, quien descubre y aprovecha ingeniosamente una brecha en la cláusula de la fatídica garantía, frustrará las intenciones de Shylock. Este no sólo no cobrará su préstamo sino que, además, será obligado a convertirse al cristianismo y a ceder su fortuna.
Al Pacino defendió el filme en Venecia
"El mercader de Venecia" es una palabra prohibida en Hollywood. Luego de varias adaptaciones en la época del cine mudo, nunca una productora importante se había atrevido a realizarla. El año pasado, en el Festival de Venecia se estrenó entre fuertes polémicas el filme basado en esa obra de William Shakespeare, que protagonizó Al Pacino, con la dirección de Michael Radford.
El actor norteamericano de ascendencia italiana consideró a Shylock -quien soporta insultos antisemitas, lo escupen en la calle y no comprende que su hija decida fugarse con un hombre que profesa la fe cristiana- "un transgresor de los valores morales mayor que los pecadores".
Para Radford, que es judío, la obra no es antisemita. "Los personajes son todos humanos, y tienen sus dobleces, sus fallas. Algunos más que otros, pero todos tienen algo bueno y algo malo", opinó el director de "El cartero".
"?El mercader...? tiene sus mensajes. Uno es el de la tolerancia. Y otro, que si hacés algo mal, lo debes pagar", afirmó Pacino. Hubo en esa oportunidad críticas, especialmente de comentaristas de cine y de algunas instituciones judías, pero el filme se proyectó en todo el mundo sin que ello haya perjudicado o ayudado a su magra recaudación.








