Robert Wilson, gurú del teatro, cautiva con su lentitud ritual y con las imágenes

El director de vanguardia ha trabajado en las óperas y en las salas más importantes del mundo. Su primer éxito fue una ópera muda de siete horas.

MINIMALISTA. En “Einstein on the Beach” trabajó con Philip Glass.(REUTER)
MINIMALISTA. En “Einstein on the Beach” trabajó con Philip Glass.(REUTER)
04 Octubre 2006
Nueva York.- Sus seguidores pronuncian su nombre casi con veneración y lo admiran como el creador de mundos maravillosos sobre el escenario. Para ellos, el director estadounidense Robert Wilson, que cumple hoy 65 años, es un maestro del extrañamiento de la naturalidad, un mago y gurú del teatro que cautiva y destruye a su público por igual con una lentitud ritual y el flujo misterioso de imágenes. Incluso sus críticos reconocen a Wilson ("Black Rider", "Einstein on the Beach") el hacer magia en el escenario y ser un diseñador versado. La cámara lenta determina la exploración del espacio de este director de vanguardia obsesionado por los detalles, que ha trabajado en todas las óperas y teatros importantes del mundo.
El teatro de Wilson, en general estrictamente abstracto, minimalista y a la vez muy conmovedor, trabaja con impresionantes efectos de luces y sigue una coreografía hasta en lo más mínimo. Así, los gestos de sus actores recuerdan a veces al lenguaje de los sordomudos y los movimientos se producen de forma ritual a la velocidad de un caracol. Los mundos imaginarios de este texano siguen sus propias reglas y lanzan preguntas sin dar respuestas. Su inclinación por el teatro de imágenes asociativas es vinculado a menudo con los problemas de habla y comportamiento que tuvo Wilson cuando era un niño.
Robert Wilson creció como un marginal tímido y tartamudo en el sur racista de Estados Unidos, en Waco, Texas. Su padre, un abogado ultraconservador y estrictamente religioso, no tuvo la menor comprensión por ese niño dotado para la fantasía y casi autista. A su bella madre, Wilson la experimentó de niño como fría y distante. Fue la terapeuta teatral y profesora de ballet Byrd Hoffman quien enseñó a Wilson a percibir de forma atenta y concentrada todos los estímulos del mundo y a tomarse tiempo para hablar.
En el documental "Absolute Wilson", Katharina Otto lanza una profunda mirada en la niñez de este director fuera de lo común. El filme se acompaña además de un libro de 270 páginas con fotos y una larga entrevista con él. Después de terminar la escuela, Wilson comenzó a estudiar derecho, que cambió luego por arquitectura y arte en Nueva York. Tras hacer pública su homosexualidad y enfrentarse con su padre, pasó por un intento de suicidio. Luego comenzó a trabajar con discapacitados y, en los años 60, creó el grupo experimental "Byrd Hoffman School of Byrds".
Con sus performances hizo furor con la compañía, integrada en su mayoría por actores no profesionales. Su primer gran éxito fuera de Estados Unidos fue en 1971 en París, con "Deafman Glance", una ópera muda de siete horas. Finalmente, Wilson recibió gran reconocimiento en Europa en 1976, con la ópera "Einstein on the Beach", con música de Philip Glass. (DPA)

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