01 Octubre 2006 Seguir en 
"No soy un músico ortodoxo de folclore, que son aquellos que sólo tocan y escuchan nada más que eso. Considero que lo que hago es música criolla; claro que entendiendo que en lo criollo se mixturan las culturas negra, blanca e india. Está claro que no soy un gaucho, sino un tipo de la ciudad, aunque sepa andar a caballo".
Lúcido, pero al mismo tiempo humilde, Raúl Carnota conversó extensamente con LA GACETA, y de esa manera despejó las dudas sobre su posicionamiento en el mundo de la música. "No soy un referente para los jóvenes; lo que pasa es soy viejo, tengo 58 años", respondió ante una pregunta, sonriendo.
A Carnota, que recibió una guitarra a los 14 años de su padre, le gusta la banda de rock Divididos y Luis Alberto Spinetta; se confiesa admirador del jazz y del rock, y cuenta que escucha mucho a los africanos.
En la conversación, recuerda que inició su carrera en 1973, pero que recién en 1983 grabó un disco junto a Suna Rocha. Y como curiosidad, no se olvida algo que le había dicho Leda Valladares: "en el jazz se improvisa con siete notas, pero las copleras de los valles improvisan con tres, lo que es mucho más difícil. Sucede que no se les presta atención a lo que tenemos al lado. Ninguna grabadora se va a tomar el trabajo de venir hasta aquí a escuchar a las copleras; directamente no es negocio", se lamenta.
- No podés ignorar que hay muchos músicos que te siguen, además por tu posición ética.
- Ahh, bueno, eso sí. Siempre hice lo que se me ocurrió, lo que me parecía que estaba bien, y no acepté imposiciones de ningún tipo. Fui aburriéndome de mí mismo y entonces cambiaba, pero no lo hacía por la gente sino por mí, de puro egoísta Es trágico aburrirse arriba del escenario, debe ser una de las peores cosas.
- ¿Cómo observás el panorama que te rodea en la actualidad?
- Se banaliza todo. Se ha llegado a deformar tanto buscando el aplauso que ahora no se diferencia un gato de una chacarera en el tempo. El tempo de la chacarera es como la hacen Los Manseros Santiagueños, pero muchos la aceleran, pensando que entusiasman más a la gente... Está esa moda estúpida de la televisión que ahora pasó a la música, la del levante, la del agite, con la que se pretende que se va a tener más éxito; es una barbaridad lo que está ocurriendo.
- ¿Y dirías que las compañías, la industria, la imponen?
- Pero que también algunos artistas se dejan dominar por el negocio; otros no. Un artista no debería preocuparse por si va a gustar o no con sus propuestas. El arte sin riesgo no existe. Lo principal es que yo esté conforme con lo que haga...y si después me tiran naranjas es otro problema, pero es mi trabajo y me respeto.
-Hace pocos días Sting dijo que el pop estaba en sus finales y que el rock estaba agonizando.
- Mirá, soy fanático de Sting y de Peter Gabriel. Y comparto lo que dijo. Recuerdo que Peter Gabriel fusionó el rock con ritmos africanos, y que cuando Sting integraba The Police, el grupo viajó a Jamaica, donde incorporó esa música a sus temas. Creo que lo único que tiene aire hoy es la música étnica. El rock se vive repitiendo; ya no existen grupos como The Who o Deep Purple. Y además se ha privilegiado la imagen por sobre la música. En Argentina, el único que no se repite se llama Luis Alberto Spinetta; no se parece a nadie, se parece a sí mismo; siempre fue único.
Lúcido, pero al mismo tiempo humilde, Raúl Carnota conversó extensamente con LA GACETA, y de esa manera despejó las dudas sobre su posicionamiento en el mundo de la música. "No soy un referente para los jóvenes; lo que pasa es soy viejo, tengo 58 años", respondió ante una pregunta, sonriendo.
A Carnota, que recibió una guitarra a los 14 años de su padre, le gusta la banda de rock Divididos y Luis Alberto Spinetta; se confiesa admirador del jazz y del rock, y cuenta que escucha mucho a los africanos.
En la conversación, recuerda que inició su carrera en 1973, pero que recién en 1983 grabó un disco junto a Suna Rocha. Y como curiosidad, no se olvida algo que le había dicho Leda Valladares: "en el jazz se improvisa con siete notas, pero las copleras de los valles improvisan con tres, lo que es mucho más difícil. Sucede que no se les presta atención a lo que tenemos al lado. Ninguna grabadora se va a tomar el trabajo de venir hasta aquí a escuchar a las copleras; directamente no es negocio", se lamenta.
- No podés ignorar que hay muchos músicos que te siguen, además por tu posición ética.
- Ahh, bueno, eso sí. Siempre hice lo que se me ocurrió, lo que me parecía que estaba bien, y no acepté imposiciones de ningún tipo. Fui aburriéndome de mí mismo y entonces cambiaba, pero no lo hacía por la gente sino por mí, de puro egoísta Es trágico aburrirse arriba del escenario, debe ser una de las peores cosas.
- ¿Cómo observás el panorama que te rodea en la actualidad?
- Se banaliza todo. Se ha llegado a deformar tanto buscando el aplauso que ahora no se diferencia un gato de una chacarera en el tempo. El tempo de la chacarera es como la hacen Los Manseros Santiagueños, pero muchos la aceleran, pensando que entusiasman más a la gente... Está esa moda estúpida de la televisión que ahora pasó a la música, la del levante, la del agite, con la que se pretende que se va a tener más éxito; es una barbaridad lo que está ocurriendo.
- ¿Y dirías que las compañías, la industria, la imponen?
- Pero que también algunos artistas se dejan dominar por el negocio; otros no. Un artista no debería preocuparse por si va a gustar o no con sus propuestas. El arte sin riesgo no existe. Lo principal es que yo esté conforme con lo que haga...y si después me tiran naranjas es otro problema, pero es mi trabajo y me respeto.
-Hace pocos días Sting dijo que el pop estaba en sus finales y que el rock estaba agonizando.
- Mirá, soy fanático de Sting y de Peter Gabriel. Y comparto lo que dijo. Recuerdo que Peter Gabriel fusionó el rock con ritmos africanos, y que cuando Sting integraba The Police, el grupo viajó a Jamaica, donde incorporó esa música a sus temas. Creo que lo único que tiene aire hoy es la música étnica. El rock se vive repitiendo; ya no existen grupos como The Who o Deep Purple. Y además se ha privilegiado la imagen por sobre la música. En Argentina, el único que no se repite se llama Luis Alberto Spinetta; no se parece a nadie, se parece a sí mismo; siempre fue único.
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