18 Septiembre 2006 Seguir en 
“Siempre me sorprendió de qué modo el punk fue absorbido y convertido en un fenómeno mediático; rápidamente pasó del rugido a un maullido, y cuando llegó a Estados Unidos se transformó en algo diseñado”. De este modo reflexiona Ezequiel Radusky, quien escribió el texto y dirigió la puesta de “La familia Punk”, del grupo Gente No Convencida.
La obra, que puede verse a la medianoche de los viernes en Casa Club (Las Piedras 783), cuenta con las interpretaciones de Cynthia Avellaneda, Soledad Alastuey, Alina Wainziger, Esteban Zelarayán, Bóby Toscano, Daniel Elías y Maximiliano Farber. La dirección de arte es de Lucía Gasconi, y la producción, de Nicolás Mecozzi.
“Escribí el texto, y a partir de él se lo entregué a los actores para que lo reelaboraran; hay muchos diálogos que fueron reformulados, pero siempre a partir del texto previo”, explicó Radusky, al precisar que el trabajo no se trata de una dramaturgia colectiva.
¿Cómo se te ocurrió que la tierra natal del punk podría ser Tucumán?, se le preguntó. “Del punk tomé todo lo que asocio con el desorden, y me parece que para eso no es difícil inspirarse en la provincia, donde no hay reglas ni orden, donde lo que se aprueba hoy, en unas semanas no tiene vigencia”, respondió.
En la obra, finalmente, será la estudiante inglesa de intercambio la que diseñará el punk y lo llevará a Gran Bretaña. “Todo lo que le pasa a esa chica cuando llega a esta familia, que para nada es común, esa experiencia que tiene en Tucumán, le servirá para armar y diseñar la imagen del punk”, contó Radusky. Agregó que los diferentes acentos con los que trabajan los actores “permiten un mayor extrañamiento con las acciones y con la misma trama”.
Una familia que se llama punk, pero que ensaya con pop
Por Jorge Figueroa, redacción LA GACETA
Unos hablan en español; otros, con tonada mexicana; y no falta la estudiante de intercambio inglesa que habla mejor el castellano que el inglés. “La familia Punk” es el último trabajo del grupo Gente No Convencida, y, a diferencia de los anteriores (como “Violenty happy” o “Sólidos”), el espectador no se encontrará con una obra que plantee una experimentación con el espacio o con el lenguaje. Excepto en un punto: porque, antes de ingresar a la sala, se proyecta un video en el que viejas cintas (en una se ve actuando a los Sex Pistols) son intervenidas por el grupo, y aparecen los mismos actores; en este video está gran parte de la trama de la historia, y uno puede preguntarse si no está allí, fuera de la sala, la obra misma. “La familia Punk” no es una familia normal: cuatro hermanos están dispuestos hasta a matarse por una supuesta herencia, y entre ellos se permiten todo tipo de relaciones, que pasan del amor al odio, y de la complicidad hasta la solidaridad. En el pequeño comedor los actores sorprenden con algunas de sus acciones, y arrancan risas con sus actitudes y diálogos ocurrentes. Un buen dato para tener en cuenta es que cuando tres de los Punk intentan dedicarse a la música para triunfar, prueban con canciones de la banda tucumana Los Chicles (un emblema pop).
La obra, que puede verse a la medianoche de los viernes en Casa Club (Las Piedras 783), cuenta con las interpretaciones de Cynthia Avellaneda, Soledad Alastuey, Alina Wainziger, Esteban Zelarayán, Bóby Toscano, Daniel Elías y Maximiliano Farber. La dirección de arte es de Lucía Gasconi, y la producción, de Nicolás Mecozzi.
“Escribí el texto, y a partir de él se lo entregué a los actores para que lo reelaboraran; hay muchos diálogos que fueron reformulados, pero siempre a partir del texto previo”, explicó Radusky, al precisar que el trabajo no se trata de una dramaturgia colectiva.
¿Cómo se te ocurrió que la tierra natal del punk podría ser Tucumán?, se le preguntó. “Del punk tomé todo lo que asocio con el desorden, y me parece que para eso no es difícil inspirarse en la provincia, donde no hay reglas ni orden, donde lo que se aprueba hoy, en unas semanas no tiene vigencia”, respondió.
En la obra, finalmente, será la estudiante inglesa de intercambio la que diseñará el punk y lo llevará a Gran Bretaña. “Todo lo que le pasa a esa chica cuando llega a esta familia, que para nada es común, esa experiencia que tiene en Tucumán, le servirá para armar y diseñar la imagen del punk”, contó Radusky. Agregó que los diferentes acentos con los que trabajan los actores “permiten un mayor extrañamiento con las acciones y con la misma trama”.
Una familia que se llama punk, pero que ensaya con pop
Por Jorge Figueroa, redacción LA GACETAUnos hablan en español; otros, con tonada mexicana; y no falta la estudiante de intercambio inglesa que habla mejor el castellano que el inglés. “La familia Punk” es el último trabajo del grupo Gente No Convencida, y, a diferencia de los anteriores (como “Violenty happy” o “Sólidos”), el espectador no se encontrará con una obra que plantee una experimentación con el espacio o con el lenguaje. Excepto en un punto: porque, antes de ingresar a la sala, se proyecta un video en el que viejas cintas (en una se ve actuando a los Sex Pistols) son intervenidas por el grupo, y aparecen los mismos actores; en este video está gran parte de la trama de la historia, y uno puede preguntarse si no está allí, fuera de la sala, la obra misma. “La familia Punk” no es una familia normal: cuatro hermanos están dispuestos hasta a matarse por una supuesta herencia, y entre ellos se permiten todo tipo de relaciones, que pasan del amor al odio, y de la complicidad hasta la solidaridad. En el pequeño comedor los actores sorprenden con algunas de sus acciones, y arrancan risas con sus actitudes y diálogos ocurrentes. Un buen dato para tener en cuenta es que cuando tres de los Punk intentan dedicarse a la música para triunfar, prueban con canciones de la banda tucumana Los Chicles (un emblema pop).







