05 Septiembre 2006 Seguir en 
“La familia Argañaraz exige respuestas. El país está convulsionado con lo que sucedió en Tucumán. Si no están en condiciones de brindarnos seguridad, de resolver y dar respuestas, que den un paso al costado”. Liliana Argañaraz, la hermana de Betty, está desesperada. La mujer le entregó una dramática carta a LA GACETA, en la que refleja la incertidumbre que está viviendo su familia por la desaparición de la docente.
En la misiva, Liliana dijo que la ausencia de su hermana duele. “Es una herida sangrante y no hay anestesia que pueda con esto. El dolor se extiende y es irresistible. Nos está matando. Exijo respuestas. El dolor, la impotencia y el corazón me empujan. No voy a bajar los brazos porque mi hermana me necesita”, señaló.
“Les pregunto a nuestros representantes qué está pasando en Tucumán. No tengo respuestas; sólo sé que Betty no está y nada me conforma”, agregó en carta. Liliana dijo además: “hace exactamente 35 días que la inseguridad nos golpeó. El dolor, que es profundo y cruel, se apoderó de nosotros. Hoy le pido a Dios que me dé valor para enfrentar lo que me toca. Pedía despertar de una pesadilla, pero no. Esta es la realidad, no un sueño”.
“Hoy pienso y te digo, hermana, que no sos normal. No tenés egoísmos, rencor ni reproches. ¿Por qué te tuvo que pasar? Pero, en realidad, no le tiene que pasar a nadie. Por qué tiene que desaparecer. Tiene que ser por que Dios quiere y no porque una o más personas quieran”, concluyó.
La historia
Betty desapareció el 31 de julio. Como todos los días, ella salió de su casa en El Manantial para dirigirse al colegio Padre Roque Correa, establecimiento en el que iba a asumir la dirección al otro día. Antes de llegar a su lugar de trabajo, según establecieron los investigadores, debía pasar por el departamento de una compañera, Susana Acosta, que vive en calle Catamarca 30 junto a su amiga Nélida Fernández. Hasta el momento, en la causa nadie declaró que efectivamente Argañaraz haya estado en ese lugar. Pero la fiscal VIII de Instrucción, Adriana Giannoni, sostiene que fue atacada en ese departamento. Betty no llegó a su trabajo, y desde ese 31 de julio, nada se sabe de ella. Acosta y Fernández permanecen detenidas por el caso, acusadas de privación ilegítima de la libertad, pero lo que más le importa a la familia es saber qué pasó con la docente. “Se preparó para ser maestra de grado con amor y dedicación. Dio todo por sus ‘chiquis’, sus alumnos, como los llamaba, siempre con dulzura”, dijo Liliana Argañaraz. “Es un ser humano excepcional, buena compañera, buena hermana, buena hija, buena para todos”, aseguró.
Liliana y el resto de sus hermanos salieron a la calle y recorrieron cada rincón de la provincia buscando noticias de Betty. Realizaron rastrillajes paralelos, gastando dinero que no tienen. Liliana visita a diario el palacio de Tribunales esperando que, un día, alguien pueda decirle qué pasó. Que alguien le dé la noticia que están esperando. Que Betty está bien. Que sólo fue un mal momento. “Betty es una docente tucumana, formadora de nuestros hijos, de nuestro futuro. Yo no me puedo quedar callada”, aseguró la mujer en la carta.
“Tucumán tiene cuatro casos resonantes: ‘Marita’, Paulina, Fernanda y Betty, y 80 casos más, cada uno con historia, dolor, injusticia e impunidad. ¿Hasta cuándo?”, se preguntó la mujer en la carta.
Liliana repitió que no bajará los brazos. Seguirá hasta el final hasta saber exactamente qué sucedió con Betty.
En la misiva, Liliana dijo que la ausencia de su hermana duele. “Es una herida sangrante y no hay anestesia que pueda con esto. El dolor se extiende y es irresistible. Nos está matando. Exijo respuestas. El dolor, la impotencia y el corazón me empujan. No voy a bajar los brazos porque mi hermana me necesita”, señaló.
“Les pregunto a nuestros representantes qué está pasando en Tucumán. No tengo respuestas; sólo sé que Betty no está y nada me conforma”, agregó en carta. Liliana dijo además: “hace exactamente 35 días que la inseguridad nos golpeó. El dolor, que es profundo y cruel, se apoderó de nosotros. Hoy le pido a Dios que me dé valor para enfrentar lo que me toca. Pedía despertar de una pesadilla, pero no. Esta es la realidad, no un sueño”.
“Hoy pienso y te digo, hermana, que no sos normal. No tenés egoísmos, rencor ni reproches. ¿Por qué te tuvo que pasar? Pero, en realidad, no le tiene que pasar a nadie. Por qué tiene que desaparecer. Tiene que ser por que Dios quiere y no porque una o más personas quieran”, concluyó.
La historia
Betty desapareció el 31 de julio. Como todos los días, ella salió de su casa en El Manantial para dirigirse al colegio Padre Roque Correa, establecimiento en el que iba a asumir la dirección al otro día. Antes de llegar a su lugar de trabajo, según establecieron los investigadores, debía pasar por el departamento de una compañera, Susana Acosta, que vive en calle Catamarca 30 junto a su amiga Nélida Fernández. Hasta el momento, en la causa nadie declaró que efectivamente Argañaraz haya estado en ese lugar. Pero la fiscal VIII de Instrucción, Adriana Giannoni, sostiene que fue atacada en ese departamento. Betty no llegó a su trabajo, y desde ese 31 de julio, nada se sabe de ella. Acosta y Fernández permanecen detenidas por el caso, acusadas de privación ilegítima de la libertad, pero lo que más le importa a la familia es saber qué pasó con la docente. “Se preparó para ser maestra de grado con amor y dedicación. Dio todo por sus ‘chiquis’, sus alumnos, como los llamaba, siempre con dulzura”, dijo Liliana Argañaraz. “Es un ser humano excepcional, buena compañera, buena hermana, buena hija, buena para todos”, aseguró.
Liliana y el resto de sus hermanos salieron a la calle y recorrieron cada rincón de la provincia buscando noticias de Betty. Realizaron rastrillajes paralelos, gastando dinero que no tienen. Liliana visita a diario el palacio de Tribunales esperando que, un día, alguien pueda decirle qué pasó. Que alguien le dé la noticia que están esperando. Que Betty está bien. Que sólo fue un mal momento. “Betty es una docente tucumana, formadora de nuestros hijos, de nuestro futuro. Yo no me puedo quedar callada”, aseguró la mujer en la carta.
“Tucumán tiene cuatro casos resonantes: ‘Marita’, Paulina, Fernanda y Betty, y 80 casos más, cada uno con historia, dolor, injusticia e impunidad. ¿Hasta cuándo?”, se preguntó la mujer en la carta.
Liliana repitió que no bajará los brazos. Seguirá hasta el final hasta saber exactamente qué sucedió con Betty.









