22 Agosto 2006 Seguir en 
“La mayoría de las sociedades que administraban los ingenios en 1965 se encontraba en cesación de pagos. Les debían a los obreros, a los empleados, a los proveedores, a los cañeros, a los transportistas, etcétera”, resaltó Jose Mario Penna Bores, quien fue, en 1966, y hasta el gobierno de Carlos Menem, asesor letrado de la desaparecida Dirección Nacional de Azúcar. Con motivo de cumplirse los 40 años del cierre de 11 ingenios -dispuesto por el gobierno de Juan Carlos Onganía en 1966-, LA GACETA viene consultando a los distintos sectores protagonistas de este hecho, cada uno de los cuales dio una visión en muchos casos contrapuesta sobre el suceso.
Según Penna Bores, en 1965, el gobierno de Arturo Illia buscó solucionar el estado de cesación de pagos de los ingenios y por medio de la Dirección de Azúcar y de una empresa estatal suscribió acuerdos con la industria y le adelantó pagos de compra de azúcares crudos para exportar el resultante de la zafra 65/66. “También implementó, mediante normas regulatorias de producción, diversas medidas para controlar la actividad azucarera en todas sus etapas”, explicó. Pero, según el abogado, desde fines del 65 y durante los primeros meses del 66, los gremios, en su mayoría, estaban controlados por dirigentes peronistas que jaquearon el gobierno de Illia y, en Tucumán, el de Lázaro Barbieri, también radical. “Los gremios azucareros impidieron el normal funcionamiento de las fábricas azucareras. También los dirigentes políticos peronistas se plegaron a las medidas de fuerza de los gremialistas. Como resultado, la provincia se vio jaqueada en su principal industria por los paros y hasta se llegó a pedir la intervención federal para la provincia”, reseñó.
Contra el descontento
Penna Bores comentó que tras la destitución de Illia y la asunción de Onganía, la Nación montó un operativo para evitar el descontento social de los tucumanos ante la crisis azucarera. Así, se creó la Dirección de Azúcar, con el empresario Virgilio Pinali a la cabeza, y se implementó el pago de las deudas y la intervención de los ingenios. Agregó que en el ingenio San Antonio los obreros estaban molestos y amenazantes, pero que el momento de tensión pasó cuando se enteraron de que estaban por cobrar sus haberes atrasados. “Muchos obreros calificados emigraron a Buenos Aires, donde los esperaban en la estación de Retiro para ofrecerles puestos en las fábricas. Los que no pudieron emigrar, en especial los obreros del surco, tuvieron que acceder a los trabajos que implementó el gobierno con el Operativo Tucumán”, afirmó Penna Bores.
Según Penna Bores, en 1965, el gobierno de Arturo Illia buscó solucionar el estado de cesación de pagos de los ingenios y por medio de la Dirección de Azúcar y de una empresa estatal suscribió acuerdos con la industria y le adelantó pagos de compra de azúcares crudos para exportar el resultante de la zafra 65/66. “También implementó, mediante normas regulatorias de producción, diversas medidas para controlar la actividad azucarera en todas sus etapas”, explicó. Pero, según el abogado, desde fines del 65 y durante los primeros meses del 66, los gremios, en su mayoría, estaban controlados por dirigentes peronistas que jaquearon el gobierno de Illia y, en Tucumán, el de Lázaro Barbieri, también radical. “Los gremios azucareros impidieron el normal funcionamiento de las fábricas azucareras. También los dirigentes políticos peronistas se plegaron a las medidas de fuerza de los gremialistas. Como resultado, la provincia se vio jaqueada en su principal industria por los paros y hasta se llegó a pedir la intervención federal para la provincia”, reseñó.
Contra el descontento
Penna Bores comentó que tras la destitución de Illia y la asunción de Onganía, la Nación montó un operativo para evitar el descontento social de los tucumanos ante la crisis azucarera. Así, se creó la Dirección de Azúcar, con el empresario Virgilio Pinali a la cabeza, y se implementó el pago de las deudas y la intervención de los ingenios. Agregó que en el ingenio San Antonio los obreros estaban molestos y amenazantes, pero que el momento de tensión pasó cuando se enteraron de que estaban por cobrar sus haberes atrasados. “Muchos obreros calificados emigraron a Buenos Aires, donde los esperaban en la estación de Retiro para ofrecerles puestos en las fábricas. Los que no pudieron emigrar, en especial los obreros del surco, tuvieron que acceder a los trabajos que implementó el gobierno con el Operativo Tucumán”, afirmó Penna Bores.








